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El guitarrista Pepe Romero y la Orquesta Filarmónica de Buenos Aires en el Teatro Colón : Impulso seguro
El abono de la destacada orquesta porteña bajo la dirección de Enrique Arturo Diemecke comenzó con obras bien conocidas, aunque tuvo al ilustre guitarrista Pepe Romero como destacado solista. Por Luciano Marra de la Fuente
 

Pepe Romero, Enrique Arturo Diemecke y la Orquesta Filarmónica de Buenos Aires, 2015

ORQUESTA FILARMÓNICA DE BUENOS AIRES. Concierto realizado el viernes 27 de marzo de 2015 en el Teatro Colón. Dirección: Enrique Arturo Diemecke. Solista: Pepe Romero, guitarra; Laura Polverini, soprano. Coros de la Gerencia “Música para la Equidad” del Ministerio de Educación de la Ciudad de Bueno Aires, dirección: Hernán Sánchez Arteaga. Sibelius: Finlandia. Diemecke: Concierto a Celedonio, para guitarra y orquesta (estreno latinoamericano). Rodrigo: Concierto de Aranjuez. Borodin: Obertura, “Marcha”, “Coro y Danza de las Doncellas Polovtsianas” y “Danzas Polovtsianas” de El príncipe Igor.

Los comienzos de temporada siempre envían un mensaje, ya lo mencionamos aquí en un artículo reciente. La Orquesta Filarmónica de Buenos Aires, bajo la dirección de su titular Enrique Arturo Diemecke, empezó este año sus actividades con un ambicioso ciclo fuera de abono, dedicado a la ejecución integral de las nueve sinfonías de Beethoven en cinco días consecutivos. La apertura del ciclo de abono anual —la columna vertebral de toda orquesta— en vez de redoblar esa apuesta inicial, pareciera que se resguardó en lugares comunes y seguros para un organismo que puede ofrecer mucho más de sí.

Las obras para dar ese puntapié tuvieron como denominador común (salvo una excepción) a compositores que adscribieron al “nacionalismo musical” de su propio país: Jean Sibelius, Joaquín Rodrigo y Alexander Borodin son el ejemplo justo para representar a la música académica con raíces propias en Finlandia, España y Rusia, respectivamente. La excepción del programa consistió en una obra concertante del propio Diemecke, que se brindó aquí en primera audición local y que es una pieza que presenta un doble homenaje: para el padre del solista invitado y para la música española. Hace un año por fortuna se dejó de ponerle títulos a los programas de la orquesta (que en algunos casos rozaban lo bizarro), sin embargo esa idea global a la hora de programar aún sigue rigiendo el plan del concierto aunque no sea explicitada, pero sí es explicada al comienzo de la velada por el mismo director que, micrófono en mano, deja fluir su verborragia, a la que ya nos tiene habituados hace años.

La comunicación entre la orquesta y Diemecke, en su noveno año como su responsable artístico, es más que fluida, y esto se nota en cada una de las interpretaciones de las obras de la noche. La entrada de los bronces en el inicio de Finlandia (1900) de Sibelius fue precisa, afinada y con un sonido redondo, que lamentablemente se fue perdiendo cuando el tema era interpretado más forte. El ensamble de las cuerdas sonó ajustado, más allá del nerviosismo que Diemecke impuso a este himno que sonó más a marcha. Al finalizar la pieza se tuvo una sensación contradictoria: la presteza que alcanzó el grupo orquestal para seguir el carácter vigoroso impulsado por el director —que exigió una concentración extrema, mayormente alcanzada— fue admirable, aunque contrastó con la falta de climas de cada una de las secciones, restando emotividad al discurso.

Pepe Romero y Enrique Arturo Diemecke en la cadenza de Concierto a
Celedonio
, junto a la Orquesta Filarmónica de Buenos Aires, 2015

Luego de este impetuoso comienzo, hizo su aparición el solista de la noche, el guitarrista español Pepe Romero para interpretar dos obras de marcados acentos españoles. El eximio intérprete, a sus setenta y un años, logró uno de los momentos más subyugantes de la noche cuando abordó el “Adagio” central del Concierto de Aranjuez (1940) de Joaquín Rodrigo. El sonido cálido de su guitarra se impuso de manera expresiva en el tema lírico, con una precisión en la repetición de notas, adornos bien realizados y llegando al extremo agudo del registro sin perder belleza. El ímpetu de su rasgueo al comienzo de la obra también fue imponente, aunque tal vez su sonido se fue tornando un tanto metálico con el transcurrir apresurado del “Allegro con spirito”, salvo hacia el final donde el carácter galante vislumbraría la belleza del “Adagio”. En ese mismo tono anduvo el “Allegro gentile” final, con una digitación perfecta, logrando escalas pulcras y violentos rasgueos. La orquesta se amalgamó de manera perfecta con el solista, destacándose, por ejemplo, los adornos en dúo con la primera flauta a cargo de Claudio Barile, pero también de todos los instrumentos de madera solistas.

Antes de esta pieza clásica de concierto, había pasado el Concierto a Celedonio (2005) de Diemecke, una obra de inspiración andaluza con algunos momentos de interesante sonoridad, por ejemplo, el diálogo entre la guitarra con todas las cuerdas de la orquesta rasgueando en el comienzo de “Asceledonio I”. Las diferentes combinaciones entre el solista y los instrumentos de viento de madera (oboe, clarinete, fagot, flauta) en el segundo movimiento “Evocación” —quizá el más impactante de la obra— llegan a un clímax en el tutti, para cambiar el carácter con una frase sombría en las cuerdas y pocos rasgueos de la guitarra. En el movimiento final, “Asceledonio II”, se presenta en las cuerdas frotadas (y que luego pasa a otros instrumentos) un tema ascendente y descendente demasiado sencillo y repetido: lo más interesante aquí fue la cadenza del solista que explora todo el registro del instrumento y tiene un breve contrapunto con las palmas a cargo de Diemecke, bastante simpático. El homenaje a Celedonio Romero se completó con el bis que vino luego del Concierto de Aranjuez, con la interpretación de una Fantasía de su autoría: aquí nuevamente se pudo apreciar la precisión de su hijo, generando diferentes matices sobre ese aire de danza con impulsos rapsódicos de la pieza.

La segunda parte del concierto estuvo dedicado a una serie de fragmentos de El príncipe Igor (1890), la única ópera de Borodin que, tras varios años de trabajo y ante su muerte, dejó inconclusa. El sonido profundo de la parte lenta con el cual comienza la “Obertura” encontró el grado emocional justo en todas las secciones de la orquesta, en tanto que en la parte rápida se puede destacar la línea flexible de los violines estupendamente timbrada.

La Orquesta Filarmónica de Buenos Aires y el Coro de la Gerencia "Música para la Equidad",
dirigidos por Enrique Arturo Diemecke, en el Teatro Colón, 2015

En los siguientes fragmentos se les unieron los Coros de la Gerencia “Música para la Equidad” del Ministerio de Educación porteño, que está integrado por el Coro En Voz Alta (de docentes), el Coro Jóvenes en Cantan Buenos Aires (de estudiantes de escuelas secundarias), el Coro de Jóvenes de Barracas y el Coro de Jóvenes de Caballito. Hernán Sánchez Arteaga fue el director para unir esta masa coral numerosa, de diferentes formaciones y edades, logrando momentos de impacto sonoro, sin descuidar la belleza del sonido y homogeneidad.

La “Marcha” del tercer acto y el “Coro y Danza de las Doncellas Polovtsianas” del segundo acto mostraron al sector masculino y femenino por separado. En este número (no anunciado en el programa de mano y tampoco por Diemecke al comienzo del concierto) se destacó como solista la soprano Laura Polverini con cuidadas vocalizaciones y el grupo de maderas en la danza rápida con pandereta. La fuerza de las “Danzas polovtsianas” halló a la masa coral no tan potente, aunque sí con una rítmica precisa, y nuevamente los grupos orquestales de la Filarmónica se escucharon bien ensamblados.

Más allá de los méritos logrados, esta selección de la ópera de Borodin pareció ser más un final rimbombante y efectista que una obra de fondo compleja como para culminar el comienzo del ciclo de abono de la Orquesta Filarmónica de Buenos Aires. Viendo el programa de algunos de los conciertos de los próximos meses no faltará oportunidad, seguramente, para enfrentar indudables desafíos.

Luciano Marra de la Fuente
editor@tiempodemusica.com.ar
Abril 2015


Fotografías gentileza Teatro Colón
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Publicado el 10/04/2015
     
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