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Linda Watson, Iris Vermillion y Manuela Uhl : Tres mujeres en el laberinto straussiano
A punto de comenzar los ensayos de “Elektra”, sus protagonistas femeninas compartieron en esta entrevista sus impresiones acerca de una de las obras más emblemáticas del repertorio lírico del siglo XX. Por Ernesto Castagnino
 

Iris Vermillion, Linda Watson y Manuela Uhl en un ensayo de
Elektra, Teatro Colón, 2014 / Fotografía de Arnaldo Colombaroli

Es difícil olvidar el primer contacto con Elektra. Dejarse arrastrar en la espiral de emociones que proponen la complejidad armónica de la música de Richard Strauss y la ferocidad poética de la dramaturgia de Hugo von Hofmannsthal transforma, desde ese momento, nuestro modo de escuchar. Nada será igual. El propio compositor consideraba que con Salome y Elektra —a diferencia del resto de su obra— había “penetrado el límite último de la armonía, la polifonía psíquica (El sueño de Clitemnestra) y la receptividad del oído moderno”.

La ópera retoma la historia de la hija del rey Agamenón decidida a vengar el asesinato de su padre, ejecutado al volver de Troya por su esposa Clitemnestra y Egisto, el amante. Su fuente primordial, la tragedia de Sófocles, fue el material elegido por Hugo von Hofmannsthal en 1901 cuando comenzó a escribir una pieza teatral que sería estrenada dos años más tarde y en la que Richard Strauss vería una potencial ópera. Así comenzó una de las colaboraciones más notables y fructíferas en la historia del teatro musical, cuyo hito fundacional es el año 1909 cuando Elektra fue estrenada en Dresde. Como en Salome, también aquí el compositor se propuso crear una obra en un solo acto, donde un flujo continuo de música envolviera al oyente sin darle pausa para tomar distancia, conformando así una experiencia sensorial de gran impacto.

Si para el espectador es una experiencia abrumadora, ¿lo es también para quienes están arriba del escenario?: “¿Agotador? No, para mí cada escena lleva a la siguiente —cuenta Linda Watson cuyo personaje, el protagónico, no abandona en ningún momento el escenario— pero es cierto que son algunas de las escenas más intensas y emocionales ¡que se hayan escrito jamás! ¡Realmente increíbles!”.

Para acompañar a Watson —soprano norteamericana que nos visitó en 2012 para cantar Brunilda en el ColonRing—, el Teatro Colón convocó a las alemanas Iris Vermillion y Manuela Uhl —ambas debutaron en esta sala en la producción de La mujer sin sombra de 2013— que asumirán los roles de la madre, Clitemnestra, y la hermana de Electra, Crisótemis, respectivamente.
 
¿Han compartido el escenario las tres alguna vez?

Manuela Uhl.— Yo soy la única que canté con ambas, pero por separado. Linda y yo hicimos juntas las ‘hermanas Elektra’ en 2010 y después compartimos escenario varias veces como las hermanastras Brunilda y Siglinda. Junto a Iris canté La mujer sin sombra aquí, las dos debutamos en nuestros papeles y un maravilloso periodo de ensayos común creó un fuerte lazo.

¿Cómo es el proceso de abordar un rol?

Linda Watson.— Me acerco al rol a partir del texto y el ritmo del texto. Una vez que entiendo la estructura de la armonía, puedo abordar la obra técnicamente. Mi personaje comienza a tomar forma por sí mismo tan pronto como empiezo a frasearlo, ¡qué glorioso trabajo tenemos!

Iris Vermillion.— Empiezo por el aprendizaje de la música, nota por nota y con absoluta precisión. Una vez que está incorporada, empiezo a añadir los colores y los elementos emocionales. Imagínelo como la elaboración de un fino tapiz: hay que crear una delicada pero fuerte red sobre la que luego añadir el hilo, el diseño y los colores. La música escrita sería la red que mantiene todo unido.

MU.— Por mi parte encaro el trabajo en dos partes: en la primera tengo que entender y para eso leo el libreto minuciosamente. Me interesa lo que dice el personaje, lo que otros dicen sobre él, cómo actúa, cómo reacciona, cómo otros reaccionan con él, lo que sale a la luz sobre su pasado. Luego, hago lo mismo con la música: cómo ‘se mueve’ musicalmente y qué hace la orquesta con él, cuáles son sus colores. A cada paso me pregunto “¿por qué de esa manera y no de otra?”. También leo todos los libros que puedo conseguir acerca del contexto histórico. La segunda parte es el momento de crear la personalidad con mi propia voz y mi propio cuerpo. Mi objetivo es manejar los desafíos técnicos para dar vida al papel de forma convincente en los ensayos y en el escenario.

Linda Watson y Manuela Uhl en un ensayo de Elektra, Teatro Colón, 2014 / Fotografía de Arnaldo Colombaroli

¿Cuáles consideran que son los mayores desafíos de sus roles en esta ópera?

LW.— El reto para mí es dejar crecer vocalmente a Electra regulando su energía, para poder llegar al final con un hermoso pianissimo en el encuentro con Orestes, pero también con la resistencia suficiente para la última gran escena, de inmenso dramatismo.

IV.— Se necesita bastante coraje para interpretar los extremos de la mente y el corazón humanos. Y en el caso de Clitemnestra, sus pesadillas interminables, alucinaciones y arrebatos histéricos muestran a una mujer que se enfrenta al abismo de su vida, deseando que llegue el final, pero no siendo capaz de aceptarlo al mismo tiempo. Como cantante-actriz tengo que tener cuidado con la delgada línea que divide una interpretación sentida e intensa, de ‘ahogarme’ en ese horrible estado mental del que ella no puede escapar. Clitemnestra presenta ante el público las ruinas de su vida, completamente desnuda (no literalmente, por supuesto) y expuesta.

MU.— Es importante para mí que Crisótemis no se reduzca a una niña ingenua, por lo que el gran reto es mostrar toda la complejidad del personaje sin que el público advierta lo difícil que es cantar esta parte. A pesar de su exaltación, la abundante orquestación y el dramatismo, a los pocos momentos líricos hay que darles un color pastel. Lo ideal sería que el público se olvide que estoy cantando y quede abrumado por la música y la trama.

Las escenas entre Clitemnestra y Electra o entre Crisótemis y Electra se encuentran entre las más impresionantes confrontaciones entre dos cantantes en la historia de la ópera. ¿Están de acuerdo? ¿Qué aspectos vocales tienen en cuenta al interpretar estas escenas tan intensas y agotadoras?

IV.— Totalmente de acuerdo. En cuanto a los aspectos vocales, como he dicho antes, hay que permanecer fiel a la música primero y luego añadir el drama y sus sombras. Y hay bastante de eso en la vida de Clitemnestra, por lo que es importante no forzar vocalmente sólo para lograr una interpretación más expresionista. Ellas siempre tienen que ir de la mano, complementándose más que oponiéndose.

MU.— En la confrontación de las hermanas (ambas traumatizadas pero bien diferentes entre sí) es importante que se distancien pero sigan siendo hermanas. Vocalmente, Crisótemis no debería dejarse arrastrar por el intenso dramatismo de Electra, debe ser emocional pero sin forzar sus posibilidades.

LW.— Es cierto, la energía de Electra en el escenario debe ser muy diferente a la de la madre o la hermana. Las tres somos arrastradas pero por carriles emocionales completamente diferentes: la venganza, la salvación, y la necesidad de ser amado; pero nunca hay que dejar que cualquiera de estas emociones intensamente actuadas ‘vayan a la voz’, que debe permanecer libre y flexible.

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Publicado el 29/10/2014
     
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