Jueves 22 de Junio de 2017
Una agenda
con toda la música


Jueves 22
Viernes 23


Conferencias, cursos,
seminarios y talleres

Convocatorias y concursos
para hacer música

Buscador


FacebookTwitterBlogspot
 

Beatriz Pedrini : La música, vocación y vida
En la antesala de su concierto en la Usina del Arte, la notable pianista conversó con TIEMPO DE MÚSICA recorriendo conceptos que tienen que ver con su propia historia de vida, su mirada sobre lo pianístico, el lugar de los afectos y su entrañable actividad en la docencia. Por Javier Villa
 

Algunas ideas han atravesado a los pensadores, públicos y amantes del arte en general; una de ellas ha sido la idea de "artista". El histórico devenir trajo aparejado cambios sobre los elementos que constituyen al artista y a su propio posicionamiento. Podemos citar aquí dos ejemplos acotados pero bien contrapuestos: desde un lugar teocéntrico al artista como instrumento divino o en el romanticismo como el virtuoso pletórico de pasiones. De todos modos esta discusión no parece ser caduca en la actualidad ya que parte del interés que nos despierta está fundado en la vigencia del arte. Tal vez la posmodernidad en la que nos encontramos ubique un sentido mucho más plural que habilite la existencia de ideas antagónicas, diversas, o bien complementarias.  

La renombrada pianista Beatriz Pedrini recorre en su discurso, y desde su hacer en particular, estas ideas donde lo personal adquiere un relieve importante. Los diferentes recorridos atravesados en su formación, en su actividad ya sea en el repertorio solista o de música de cámara, como así también en su extensa trayectoria en la docencia, se insertan en parte viva del quehacer musical de nuestro país y nos ayuda a comprender y desentrañar los porqués del profundo deseo de motorizar una vocación.

1. Inicios

Durante un buen tiempo el estudiar música, formaba parte de la tradición cultural argentina particularmente en ciertos sectores sociales. Estaba contemplado dentro de una formación más amplia. De cualquier modo, no cualquiera podía verse sumido en algo que en muchos casos era impuesto, o tener que sostener cierta disciplina para desenvolverse dentro de parámetros deseables. La familia Pedrini bien podría decirse que era una familia musical. Con integrantes que habían emigrado de Italia, la joven Beatriz creció en un ambiente de músicos, ese legado le fue transmitido con suma claridad.

¿Había antecedentes musicales en tu familia?
Sí, a mi mamá siempre le gustó mucho la ópera y desde que nací escuché ópera en mi casa. A ella le hubiera gustado ser cantante pero, como había fallecido su papá, su mamá se puso muy mal, se enfermó y demás: ella intentó sostener desde muy jovencita la casa y no pudo estudiar. Yo me acuerdo de chica que la escuchaba cantar y tenía una voz preciosa, así una impostación natural que no la pudo desarrollar por las cosas que pasan en la vida. Mis abuelos maternos eran músicos. Siempre se escuchó música en casa, las primeras cosas me las enseñó mi mamá. Contaba los argumentos de las óperas como si fuese un cuento.

A los 7 años Beatriz comenzó a estudiar con un profesor del barrio y luego de 4 años inició sus estudios formales en el Conservatorio Superior de Música “Manuel de Falla”. Para la época en la que era alumna, grandes músicos formaban parte del cuerpo docente de dicha institución: Juan Francisco Giacobbe, Carlos Guastavino, Fermina Casanova, Ángel Lasala, Raquel Arana, Pola Suárez Urtubey. En piano estaban Rodolfo Caracciolo, Lydia Negri, Ana Grunwald, Perla Brúgola, Antonio De Racco. Su maestra en piano fue Dora Castro. Todos maestros con larga trayectoria y prestigio en sus respectivas ramas. A la par que estudiaba en el conservatorio comienza a presentarse en varios concursos, de los cuales resulta ganadora. En año 1977 egresa con medalla de Oro.

Aquí conviene hacer un alto, un calderón y ubicarnos un poco ante la figura de Ana Tosi, o Anita Gelber como era conocida, la mamá de Bruno. Al igual que su hijo ella había estudiado durante trece años con el maestro italiano Vicente Scaramuzza, habiendo incorporado de manera completa los saberes y la técnica de ejecución. A través de un afinador de piano que por ese entonces conocía, Beatriz se contactó con Anita para tomar clases particulares. Con ella, comenzó una etapa de formación mucho más acabada, en donde empezó a adquirir los fundamentos de una buena ejecución pianística, trabajo que se ampliaría y enriquecería con Bruno Gelber.

“Cuando llegó la fecha del concurso que se lo voy a agradecer (lo sabe porque se lo he dicho muchas veces)”, recuerda Beatriz, “él tuvo una actitud maravillosa porque durante quince días se sentó a mi lado no para darme un color sobre las obras o decirme ‘tocá piano, tocá forte’. Lo que aprendí en ese momento con él fue a estudiar con un enfoque, si bien Anita tenía todo muy claro mecánicamente y lo puro de la escuela, Bruno tenía ese otro enfoque que tenía que ver con la actividad pianística, con el que se sube a un escenario, toca, tiene ese entrenamiento y tiene desarrollada esa carrera. Entonces tiene otro tipo de enfoque que es más amplio y más rico. La manera de despedir el sonido y cómo elaborarlo para que el sonido corra. Trabajé con él, además del programa que ya venía estudiando, el Carnaval, Op. 9 de Schumann”.

Beatriz resultó ganadora de la beca, cuyo premio consistía en estudiar durante un año en Italia. Ingresó en el Santa Cecilia de Roma para estudiar con Carlo Bruno y en Nápoles para estudiar con Vincenzo Vitale: “Era adorable, una persona fantástica. Sabía muchísimo sobre la historia de Nápoles, era una lección. Después nos íbamos a comer todos juntos, una cosa muy grupal, de contener, de formación general”.

¿Qué lograste con él?
Un perfeccionamiento mayor con otro enfoque tratando de lograr el mismo objetivo desde lo mecánico y una mayor conciencia en la elaboración del sonido: de acuerdo a lo que se quería lograr había una forma de hacerlo. Él era muy riguroso porque no se permitía (y no permitía) ninguna licencia de nada. Todavía fue más profundo de lo que yo había trabajado esos dos años con los Gelber.

Él es muy famoso por revalorizar la figura de Carl Czerny, compositor ineludible para cualquier estudiante de piano…
Sí, siempre. Es inevitable Czerny. Además ahí se agregaba Clementi porque él daba a sus alumnos por la formación clásica, la articulación, la limpieza del toque; cómo se frasea un clásico, cómo se frasea un romántico, con qué tipo de sonido. Además cómo aplicarlo para que lo mecánico fuera perfecto, la articulación que fuera perfecta. Entonces con él hacía un trabajo más mecánico y con Carlo Bruno hacia repertorio. Fue el año que más estudié en mi vida… (ríe) porque me permitía un solo día para ir a pasear. El domingo sí descansaba, me iba a conocer y pasear. Después volvía a estudiar nueve o diez horas por día.

1 | 2 | 3 | 4 >                                                                                                                                Continúa

Publicado originalmente el 04/10/14

 
Publicado el 10/10/2014
     
WebMind, Soluciones Web Contacto © Copyright 2006/2014 | Todos los derechos reservados