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La Misa de Réquiem de Verdi en La Plata : El réquiem ateo o cuando Verdi fue acusado de wagneriano
Con la sólida concertación de Carlos Vieu y un homogéneo cuarteto solista, el Teatro Argentino ofreció una sobresaliente versión de la misa que Verdi dedicó al escritor Alessandro Manzoni. Por Ernesto Castagnino
 

La Misa de Réquiem de Giuseppe Verdi, Teatro Argentino de La Plata, 2014

MISA DE RÉQUIEM, para solistas, coro y orquesta, de Giuseppe Verdi. Concierto del sábado 9 de agosto de 2014 en la Sala Alberto Ginastera del Teatro Argentino de La Plata. Dirección musical: Carlos Vieu. Director de coro: Hernán Sánchez Arteaga. Solistas: Eiko Senda, soprano; María Luisa Merino Ronda, mezzosoprano; Carlos Duarte, tenor; Hernán Iturralde, bajo-barítono. Coro y Orquesta Estables del Teatro Argentino.

“Verdi no es de los que componen fríamente una misa por la Pascua o por la Trinidad. No es el gran poema del Credo lo que le inspira, sino el Dies irae con todas sus trompetas, todas sus esperanzas y todos sus espantos; no es la glorificación única de Dios, sino la desesperación por la muerte de un gran poeta, el duelo público, las lágrimas y los sollozos. Verdi llorando a Manzoni; Verdi, el melodista del Miserere de El Trovador, encontrará en estas circunstancias excepcionales y sobrexcitantes, nuevas y apasionadas notas para hacernos estremecer y llorar con él”. De esta manera el crítico musical Paul Bernard describía sus impresiones en la Revue et Gazette Musicale luego de escuchar, en junio de 1874, la primera audición francesa de la Misa de Réquiem verdiana en el Teatro Nacional de la Opéra-Comique de Paris, con la dirección del propio compositor.

Imbuido de una mirada germanófila, Bernard afirmaba —indudablemente como un gran elogio— que Verdi se habría “wagnerizado”, augurándole un viaje creativo “hacia las regiones del Norte”: “Partió Verdi una bella mañana del país que baña el sol de la melodía. Verdi, el italiano de pura sangre, ha dejado lanzar su pensamiento hacia las regiones del Norte. Acaso se admire en la terminación de su carrera artística de encontrarse en Alemania; no en la Alemania de Beethoven, Weber y Mendelssohn, sino en la de Wagner.”

La misa de difuntos, creada por Giuseppe Verdi en homenaje al escritor Alessandro Manzoni, fue desde el inicio tildada de ‘poco religiosa’ o directamente ‘atea’, en tanto la crítica musical la consideró con frecuencia excesivamente ‘teatral’ y ‘operística’, en contraste con la austeridad que se supone debería tener una composición musical para un rito religioso como es la misa. Lo que para algunos podría ser un demérito —cuando no es simplemente una definición que se reproduce acríticamente— permite en mi opinión otra lectura, tal vez más interesante. En lugar de pensar que el compositor llevó el texto litúrgico a su propio terreno —es decir, la ópera—, podría pensarse que tal vez lo que precisamente comprendió Verdi sea el carácter dramático y teatral que poseen los rituales religiosos —sin que esto encierre un juicio de valor sobre ellos— por su carácter de ceremonia en la que se despliegan —como en una puesta en escena— acciones y objetos cargados de fuerte significación simbólica.

Carlos Vieu dirigiendo la Misa de Réquiem de Giuseppe Verdi, Teatro Argentino de La Plata, 2014

En este sentido, han quedado interpretaciones de todo tipo de acuerdo al carácter que cada director le imprimió a una partitura plena de contrastes y climas que transitan desde el más sutil pianissimo a enérgicos e impactantes tutti. Desde las enfáticas lecturas de Arturo Toscanini o Georg Solti hasta las más contenidas de Claudio Abbado o Carlo Maria Giulini, todos los directores han dejado su versión del Réquiem verdiano, que en esta oportunidad dirigió Carlos Vieu, demostrando como siempre su profundo y honesto compromiso con la partitura que encara. Como en su aproximación de 2008 al frente de la Orquesta y Coro Estables del Teatro Colón, Vieu abordó una vez más la obra con intensidad y gran capacidad concertante, en esta oportunidad al frente de los cuerpos estables platenses que respondieron con altísimo nivel. La Orquesta Estable del Teatro Argentino de La Plata respondió a la enérgica batuta de Vieu con una amplia gama de dinámicas, un sonido robusto y vibrante, mientras que el Coro Estable —preparado por Hernán Sánchez Arteaga— mostró un sonido homogéneo y etéreo que alcanzó sobrecogedores acentos en el “Dies irae”.

En el cuarteto de solistas encontramos en primer lugar la presencia de la soprano Eiko Senda quien brindó una magnífica interpretación de una parte no exenta de complejidad. Su voz de timbre cálido se proyectó segura dominando todas las dificultades que presenta la partitura, con bellísimas medias voces y mayor comodidad en la zona aguda que en la grave del registro. Sus agónicos ruegos finales en el “Libera me” fueron tan conmovedores que cortaban la respiración. La joven mezzosoprano María Luisa Merino Ronda con una voz de buen volumen, cuerpo e interesante textura aportó intensidad y buen decir, haciendo que deseemos verla en roles de importancia.

Al tenor Carlos Duarte se lo notó algo esforzado y con dificultades en la respiración, tal vez producto de una indisposición, no obstante lo cual cantó un apasionado y eficaz “Ingemisco”. El bajo-barítono Hernán Iturralde fue otro de los pilares de este Réquiem, con una voz de profunda expresividad, un legato magistral y estilo irreprochable. Su capacidad para colorear cada frase y encontrar los acentos de cada palabra es siempre admirable.

La Misa de Réquiem de Giuseppe Verdi, Teatro Argentino de La Plata, 2014

En medio de la incertidumbre que genera la escasísima actividad del teatro platense, su visible deterioro edilicio y la ausencia de una gestión —en lo que va del año, luego del fallido anuncio de Gabriel Senanes al frente del teatro, asumió finalmente como directora artística Valeria Ambrosio—, el futuro del Teatro Argentino no se visualiza con claridad. Hasta ahora, la programación se viene comunicando en etapas y sin que se vislumbre un verdadero criterio artístico: además de la reposición de El holandés errante y la producción de L'italiana in Algeri, se anuncian en su página web La traviata y Tosca para septiembre y noviembre de este año. En el primer caso se trataría de una nueva producción —otra diferente a la concebida por el régisseur Gustavo Tambascio ensayada el año pasado, aunque no estrenada debido a conflictos gremiales— y del segundo título no figuran datos. Frente a esta incertidumbre, decíamos, el Teatro Argentino, que fundamentalmente lo conforman sus cuerpos estables, escenotécnicos y artesanos, fue capaz de ofrecer una impresionante versión del ‘operístico’, humano, intenso y ateo Réquiem verdiano.

Ernesto Castagnino
ecastagnino@tiempodemusica.com.ar
Agosto 2014


Imágenes gentileza Teatro Argentino de La Plata / Fotografías de Paula Pérez de Eulate
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Publicado el 13/08/2014
     
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