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“Idomeneo, re di Creta” : Cuando Mozart se pone serio
El Teatro Colón presenta esta ópera a partir del martes 8 de julio, dirigida por Ira Levin y concepción escénica de Jorge Lavelli. Aquí una mirada al género serio en Mozart y en especial a esta obra que corona una etapa de su producción. Por Luciano Marra de la Fuente
 

John Mark Ainsley (Idomeneo) y el coro en la escena final del segundo acto
de Idomeneo, producción de Dieter Dorn, Teatro Cuvillés, Munich, 2008

Los apenas treinta y cinco años que vivió Wolfgang Amadeus Mozart no fueron impedimento para que su obra, desarrollada desde los cinco años, sea considerada trascendental para la historia de la música occidental. Versátil en todos los géneros musicales, su carrera operística está mayormente asociada a la producción cómica, con las bufas Le nozze di Figaro (1786), Don Giovanni (1787) y Così fan tutte (1790) y los singspiel El rapto en el serrallo (1782) y La flauta mágica (1791), que aún hoy continúan incluyéndose en los repertorios de los teatros. Otro aspecto que también cultivó del género operístico —no tan popular, pero sí, de sumo interés— es el de la creación de “óperas serias”.

Este tipo de obras se establecieron a comienzos del siglo XVIII en el Barroco Tardío, teniendo a Handel, Scarlatti o Vivaldi como sus máximos exponentes. Al decir del pianista y musicólogo Charles Rosen, la “ópera seria” no es una forma en sí: es un método de estructuración donde la acción dramática se da a través de una sucesión de arias y recitativos, con un eventual dúo o coro al comienzo o al final de cada acto. Para argumentos inspirados en la Antigüedad o el Medioevo, la motivación dramática se encontraba en las arias que expresan las emociones más intensas, de manera convencional, en una forma esquemática (aria da capo).

Mozart compuso “óperas serias” para satisfacer encargos destinados a ocasiones específicas. Entre estas obras, tal como indica el especialista Julian Rushton, se pueden clasificar diferentes subgéneros que eran elegidos por el compositor de acuerdo a las circunstancias del encargo. Para el teatro ducal de Milán compuso dos “óperas serias” tradicionales —Mitridate, re di Ponto (1770) y Lucio Silla (1772)— con una estructura calcada a las obras de Handel y arias de verdadero virtuosísimo para el lucimiento de los cantantes-divos. La temática trata de reflejar a la aristocracia ilustrada y sus virtudes, aunque eran representadas en teatros a los que accedía el público no cortesano. En esta línea, aunque con una impronta teatral-musical personal, va a estar la última ópera de Mozart, La clemenza di Tito (1791), escrita para la celebración de la coronación de Leopoldo II en Praga.

Richard Croft (Idomeneo) y Julien Behr (Arbace) en el primer acto de Idomeneo, producción
de Damiano Michieletto, Theater an der Wien, 2013 / Fotografía de Werner Kmetitsch

Tanto Ascanio in Alba (1771), Il sogno di Scipione (1772) o Il re pastore (1775) —que fueron escritas para diversos eventos sociales de la familia Habsburgo— pueden considerárselas dentro del género cortesano de la “festa teatrale” o “serenata” al poseer una cantidad menor de arias y recitativos, una temática no tan heroica y un montaje más acotado. También, dentro de las “serenatas”, habría que mencionar la primera ópera de Mozart, a sus once años, Apollo et Hyacinthus (1767), para ser interpretada por los estudiantes de la Universidad de Salzburgo.

El encargo del Teatro de la Corte de Munich para escribir una ópera para la temporada de Carnaval de 1781 da como resultado Idomeneo, re di Creta, una obra que es punto de llegada y partida en la carrera de Mozart: es producto de lo aprendido hasta el momento, pero lo es también de las expectativas y los recursos particulares que Munich le ofrecía. Luego de esta obra se internaría en su producción cómica y sólo volvería al género serio con La clemenza de Tito.

Hacia una tragedia mozartiana

El tema impuesto en Munich fue una historia de la Grecia antigua, usada en un libreto de una tragédie lyrique con música de André Campra (1712). El trabajo del libretista de Mozart, Giambattista Varesco, no fue tan sólo traducir ese drama francés al italiano, sino más bien fue adaptarlo al formato de la “ópera seria”, eliminando todas las tramas secundarias y concentrando la acción del mito.

Escena final del segundo acto de Idomeneo, producción de Olivier Py,
Festival d’Aix-en-Provence, 2009 / Fotografía de Elisabeth Carecchio

Tras la guerra troyana, el rey Idomeneo, en su vuelta a Creta y para llegar bien a destino, le promete a Neptuno sacrificar a la primera persona que aparezca en la costa. Quien lo recibe es su propio hijo Idamante, con lo cual se niega a cumplir con lo pactado, generando la furia de Neptuno sobre los habitantes de la isla. En vez de dar lugar al sacrificio, el libretista opta por un final feliz, adoptando una convención presente en óperas de Christoph Willibald Gluck como Alceste (1767) o Ifigenia en Aulide (1774): un oráculo da por finalizado el conflicto e Idomeneo renuncia a su reinado para que su hijo sea el nuevo soberano. En el medio hay una trama amorosa en la que dos griegas exiliadas en Creta, Ilia y Electra —la hija de Agamenón—, se disputan el amor de Idamante, una por pasión verdadera, la otra por ambición al trono.

Mozart compuso una partitura que, como en el libreto, combina elementos musicales de la “ópera seria” italiana, la tragédie lyrique francesa y algunos avances desarrollados por Gluck que eliminan superficialidades en pos de un drama musical contundente. La caracterización de los personajes está bien delimitada a través de las arias por las cuales expresan las diferentes situaciones dramáticas que atraviesan. Cada una de ellas fue moldeada por el compositor a partir de los cantantes con los que contaba para el estreno muniqués, con sus debilidades y fortalezas.

Influido por Gluck, hay una intencionalidad de Mozart por lograr una continuidad teatral al hacer uso extensivo de los recitativos accompagnatos (con orquesta en lugar de continuo) y fundir algunos números cerrados con otros, generando secuencias dramáticas de impactante musicalidad. La furia inicial de Electra del aria “Tutte nel cor vi sento”, por ejemplo, se enlaza con la tormenta que trae el barco de Idomeneo, con la intervención del coro. Es interesante también cómo Mozart, usando arias como medio de expresiones individuales enlazadas por ese tipo de recitativos, puede generar situaciones dramáticas teatralmente lógicas. Cuando Idomeneo se queda solo en el segundo acto, en el recitativo accompagnato aparecen motivos del aria precedente de Ilia “Se il padre perdei”, como si el personaje estuviera meditando sobre lo que ella le dijo, para luego desembocar en la virtuosa aria “Fuor del mar ho un mar in seno”.

Erika Roos (Electra) y Rainer Trost (Idomeneo) en el segundo acto de Idomeneo, producción
de Benedikt von Peter, Komische Oper Berlin / Fotografía de Wolfgang Silveri

Uno de los momentos dramáticos mejores logrados de Idomeneo es el comienzo del tercer acto, que enlaza el aria de Ilia “Zefferitti lusinghieri” —un tipo de aria bastante convencional de ópera seria—, el dúo amoroso con Idamante “S’io non moro” que es interrumpido por la entrada de Idomeneo y Electra, generando el cuarteto “Andrò ramingo e solo”. Este número, donde estos personajes tan diferentes entre sí pueden expresar sus sentimientos al mismo tiempo, contiene quizá una de las mejores músicas compuestas por Mozart.

Si el coro —un elemento propio de la ópera francesa— tiene una presencia mucho más importante que en las otras “óperas serias” de Mozart, el rol de la orquesta en Idomeneo será crucial para construir estructuralmente el drama. Es que el teatro de Munich poseía una orquesta que antes era residente de Mannheim, considerada la mejor de toda Europa de su tiempo. Mozart aprovechó sus habilidades para el desarrollo de las acciones con más recitativos accompagnatos, para generar un contrapunto virtuoso a las voces y para construir situaciones de impactante sonoridad, desde la furia de la tormenta del primer acto a las enigmáticas sonoridades que acompañan a la voz de Neptuno hacia el final. Todos estos medios que tuvo a su disposición en Munich para crear Idomeneo hacen que esta ópera sea única en la producción de Wolfgang Amadeus Mozart y, en especial, cuando se puso serio.

Luciano Marra de la Fuente
editor@tiempodemusica.com.ar
Julio 2014

Este artículo se publicó originalmente en la revista Cantabile, N° 74, julio-agosto 2014. 

Para agendar
El Teatro Colón presentará cinco funciones de Idomeneo, re di Creta a partir del martes 8 de julio a las 20.30. Con dirección musical de Ira Levin, esta nueva producción escénica marca el retorno a nuestro país del prestigioso director argentino Jorge Lavelli. El martes 8, viernes 11, domingo 13 y martes 15 el elenco estará encabezado por Richard Croft (Idomeneo), Verónica Cangemi (Ilia), Jurgita Adamonyté (Idamante) y Emma Bell (Electra), en tanto que el sábado 12 habrá un elenco alternativo integrado por Gustavo López Manzitti (Idomeneo), Marisú Pavón (Ilia), Florencia Machado (Idamante) y Macarena Valenzuela (Electra). El dispositivo escenográfico es responsabilidad de Ricardo Sánchez Cuerda, el vestuario de Francesco Zito e iluminación de Roberto Traferri y el mismo Lavelli. Las localidades ya están a la venta en la boletería del teatro (Tucumán 1171) o a través de www.teatrocolon.org.ar Entradas desde $40.

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Publicado el 04/07/2014
     
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