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Musicales en el West-End londinense : Vértigo musical
Un recorrido por algunas obras de la cartelera inglesa permite encontrarse con diferentes estéticas y excepcionales intérpretes, entre los que se destaca el argentino Gerónimo Rauch. Por Luciano Marra de la Fuente (desde Londres)
 

La avenida Shaftesbury con sus varios teatros atraviesa el West-End de Londres

Estar de visita en Londres ofrece, entre otras posibilidades, ponerse en contacto con el teatro musical característico del West-End de la ciudad. En su diversa cartelera conviven obras que están hace más de dos décadas en cartel con otras que recién empiezan a andar, producciones originales pensadas para estos teatros junto a puestas exportadas de otros lugares del mundo, básicamente de Broadway aunque también puede verse a los argentinos de Fuerza Bruta que ofrecieron una temporada corta desde fines de diciembre de 2013.

La semana teatral abarca ocho funciones en los seis días hábiles: hay matinés los miércoles y sábados —generalmente a las 14.30— y los domingos —a diferencia nuestra que son los lunes— casi todos los teatros tienen su día de descanso. Se pueden encontrar entradas sobre la marcha en los mismos teatros o en puntos de venta autorizados, que muchas veces poseen un descuento importante, pero también para quienes quieren tener asegurado una función determinada hay venta on-line de tickets.

Durante la primera semana de diciembre del año pasado, Tiempo de Música estuvo en el West-End y aquí van algunas de las impresiones que surgieron a partir de las obras elegidas (y que aún siguen en cartel) sobre una enorme oferta teatral, similar a la de Buenos Aires, aunque con mayor énfasis en el teatro musical.

Los megamusicales son eternos

Una de las obras más duraderas en el West-End es The Phantom of the Opera, el clásico musical de Andrew Lloyd Webber basado en la novela de Gaston Leroux. Estrenado en 1986, continúa sus funciones en Her Majesty’s Theatre con la preciosista puesta en escena de Harold Prince —uno de los directores con mayor trayectoria en el género— que recrea las prácticas teatrales y estéticas operísticas del siglo XIX, y que fue vista en varios países del mundo (incluso en la Argentina en 2009). La parafernalia escénica, ideada por Prince con la escenógrafa y vestuarista (ya fallecida) Maria Björnson, verdaderamente gana en las dimensiones de este mediano escenario inaugurado en 1897 (en el mismo sitio se erigía el teatro donde se estrenó Rinaldo de Handel en 1711).

Gerónimo Rauch (El Fantasma) y Sofía Escobar (Christine) en una escena de
The Phantom of the Opera, Her Majesty’s Theatre, 2013 / Fotografía de  Johan Persson

A lo largo de sus veintisiete temporadas ininterrumpidas, la producción va cambiando los protagonistas cada año. Lo sobresaliente del nuevo elenco convocado desde septiembre pasado es la actuación del argentino Gerónimo Rauch en el protagónico, tras haber interpretado al de Les Misérables —tanto en Londres (2012/13) como en Madrid (2010/12). Si bien The Phantom… es un obra de conjunto en comparación a otras —las canciones son más bien escasas y predominan los dúos, tríos y ensambles— y el argumento se centra en la historia de Christine Daaé, Rauch logra una interpretación electrificante, desde la aparición de su voz en off en las primeras escenas hasta en el trío y escena final, donde logra una actuación conmovedora frente a la desesperación por el rechazo definitivo de Christine.

A lo largo de la obra, Rauch se despacha con una versión de “Music of the Night” estupendamente cantada y coronada al final con un seguro y bello pianissimo, pero también le da un punch rockero, por ejemplo en la canción principal o en algunas escenas de confrontación, que no le queda para nada mal al personaje. A su lado, Harriet Jones se enfrenta al personaje de Christine, difícil en lo actoral pero sobre todo en lo vocal, logrando que su interpretación vaya creciendo en el transcurso de la obra; en tanto que Sean Palmer compone a un Raoul de línea vocal elegante.

Quien supera en tiempo en cartel a The Phantom of the Opera, aunque sea por un año, es Les Misérables de los franceses Alain Boublil y Claude-Michel Schönberg, basado en la enorme novela de Victor Hugo, un desafío “menor” para estos autores que ya habían llevado a escena La revolución francesa (1973) en formato de “ópera-rock”. La producción londinense de Les Mis —tal como se la conoce habitualmente— se estrenó en 1985 en el teatro del Barbican Centre, luego a los meses pasó al enorme Palace Theatre y desde abril de 2004 se representa en el Queen’s Theatre (y es la misma producción que llegó a la Argentina en 2000).

Una escena del segundo acto de Les Misérables, Queen’s Theatre, 2013 / Fotografía de Alastair Muir

Aunque conocía la música por diversas grabaciones, en mis visitas anteriores a Londres y también en la Argentina no tuve la inquietud, tal vez por prejuicio, de acercarme a ver esta obra. En esta oportunidad, sin embargo, le di una chance y, más allá de su duración de tres horas, quedé fascinado. Si uno escucha la grabación de la versión francesa, que se representó en el Palacio de los Deportes de París en 1980, y se la compara con la versión estrenada en Londres, se nota la estupenda labor de adaptación que realizaron los directores ingleses Trevor Nunn y John Card, reelaborando el esquema dramático y algunas canciones. El resultado es una puesta dinámica que combina, sobre un disco giratorio, elementos mínimos (mesas, detalles de un jardín, una cama) con una estructura impresionante cuando se construye la barricada.
 
En la función a la que asistí, la primera de la semana (un lunes ¡a sala llena!), se destacaron Tam Mutu en una perfecta interpretación de Javert, con una voz y actitud escénica impactante; la coreana Na-Young Jeon que compuso una Fantine vocalmente estupenda y que brindó una versión emocionada (y emocionante) de “I dreamed a dream” (esta canción más allá de lo súper escuchada aún sigue conmoviendo desde los primeros acordes); y la joven Carrie Hope Fletcher, vivenciando y cantando muy bien el personaje reo de Eponine. El personaje principal de Jean Valjean estuvo a cargo de Chris Holland, uno de los tres suplentes para ese papel con los que cuenta el elenco, mostrando un registro desparejo entre la zona media y la aguda, aunque le puso pura emoción a “Bring him home”, esa hermosa canción del segundo acto en la que resuena una melodía de Giacomo Puccini. El resto del elenco se mostró más que correcto y el ensamble hizo vibrar a todo el auditorio en las escenas concertantes emblemáticas de la obra como “One day more” o “Do you hear the people sing?”.

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Publicado el 21/02/2014
     
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