Jueves 30 de Marzo de 2017
Una agenda
con toda la música



Viernes 31
Sábado 1

Conferencias, cursos,
seminarios y talleres

Convocatorias y concursos
para hacer música

Buscador


FacebookTwitterBlogspot
 

1913/Britten/2013 : Escucho esas voces que no serán ahogadas
El 22 de noviembre se cumplen cien años del nacimiento del compositor inglés Benjamin Britten. Su voz personal en la creación y postura de vida lo convierte en una de las personalidades fundamentales del siglo XX, que aquí TIEMPO DE MÚSICA rinde homenaje. Por Luciano Marra de la Fuente
 

Benjamin Britten

Pareciera que Santa Cecilia, patrona de la música, signó el destino de Benjamin Britten: fue en su día de celebración, el 22 de noviembre, hace cien años cuando este músico inglés nació en Lowestoft, una pequeña ciudad portuaria sobre el Mar del Norte, en el Este de Gran Bretaña. A lo largo de sus 63 años, Britten no pasaría desapercibido para su época y posteridad, ya sea por su producción como por su postura ética de vida: fue abriendo un camino muy personal, honesto y contundente, convirtiéndolo en una de las personalidades más interesantes e importantes del siglo pasado.

Aunque sus primeras composiciones datan de temprana edad — impulsado por su madre que era una cantante amateur y bajo la guía primero del compositor Frank Bridge y luego en el Royal College of Music con Harold Samuel y Arthur Benjamin—, el grueso de su producción que abarca más de la mitad de su vida tiene como eje la producción operística. En treinta y cinco años escribió nueve óperas, tres “parábolas para Iglesias” —un subgénero operístico creado por él mismo—, dos óperas para niños y una opereta, muchas de estas obras aún vigentes en los repertorios de los teatros del mundo.

El hecho de escribir ópera durante el siglo XX y en Inglaterra implicó una postura verdaderamente personal: por un lado, fue en contra de las vanguardias imperantes que detestaban el género y lo consideraban caduco por ser expresión de la burguesía de fin del siglo XIX, pero también asentó una tradición operística propia de su tierra, que hasta ese momento no existía como tal. Muy a groso modo se podría considerar al barroco Henry Purcell como el último inglés que escribió ópera antes de la aparición de Benjamin Britten.

Marginales operísticos

Hay pocos compositores que ya desde su primera producción muestran un estilo que orientará su ideal estético. La primera ópera de Britten, Peter Grimes (1945), es una verdadera obra maestra, no sólo dentro de su producción sino para todo el repertorio del siglo XX. Su protagonista es un anti-héroe, víctima de una sociedad opresora que lo lleva a su suicidio en el mar. Con un ritmo teatral ágil, el compositor describe estupendamente a esa comunidad en concertantes intrigantes y escenas corales de una fuerza dramática impresionante, a la vez que elabora el perfil psicológico de Grimes de una manera exhaustiva y a través de una expresiva línea de canto. Su clímax llega en la escena final, la de la locura de Grimes por la culpabilidad de la muerte de sus aprendices, escrita a capella y con intervenciones acuciantes del coro interno.

 

Una escena de Billy Budd, puesta en escena de Marcelo Lombardero, Teatro Municipal, Santiago de Chile, 2013

Esta idea de planos superpuestos que retratan a un individuo frente a un colectivo será una constante en las creaciones de Britten: la tiranía social machista sobre la princesa violada en The Rape of Lucretia (1946); la burla despiadada (pese a ser una comedia) sobre un joven tímido en Albert Herring (1947); el abuso del poder sobre el marino tartamudo, protagonista de Billy Budd (1951); o el peso de la tradición familiar sobre el joven rebelde que no quiere enlistarse en el ejército en Owen Wingrave (1970).

Tanto en éstas como en la fantasmagórica The Turn of the Screw (1954) —basada en el relato corto de Henry James— y la desgarradora Death in Venice (1973) —sobre la novela de Thomas Mann—, el desarrollo psicológico de los personajes es impecable, gracias a que su lenguaje musical se adapta ineludiblemente a la prosodia del inglés, generando un estilo cantabile con una cuidadosa orquestación, ya sea sinfónica o de cámara. Toques exóticos en esa instrumentación —derivados del gamelán balinés conocido por Britten en su viaje a oriente en 1955— son reservados para determinadas situaciones como, por ejemplo, la presencias de Quint o Tadzio en The Turn of the Screw y Death in Venice, respectivamente.

Es interesante cómo Britten pudo desarrollar su producción operística, dándose cuenta que tenía que comprometerse con tender raíces para crear un terreno fértil en su país. Luego del éxito de Peter Grimes, compuso una ópera de cámara, The Rape of Lucretia, pensando que, en tiempos de post-guerra, un formato pequeño (ocho cantantes y doce instrumentistas) podía ser más sustentable financieramente que una ópera con orquesta sinfónica y coro. Con esa ópera, formó el English Opera Group, una compañía de músicos y cantantes encabezados por el tenor Peter Pears, para la cual pensó Albert Herring o The Turn of the Screw.

En ese formato de cámara escribió también The Little Sweep (1949) y Noye’s Fludde (1958), dos óperas pensadas para atraer al público infantil. La primera fue presentada dentro de un espectáculo, Let’s Make an Opera, donde había una pieza teatral que mostraba cómo se escribía y ensayaba una ópera que finalmente se interpretaba, en tanto que la segunda fue encargada por los programas educativos de la televisión comercial londinense para ser representada en iglesias, involucrando a músicos amateurs con profesionales. En ese sentido didáctico es importante mencionar aquí la Guía orquestal para la juventud – Variaciones y fuga sobre un tema de Purcell (1946).

 

Pamela Coburn (Tytania) y Gustavo Gibert (Bottom) en el segundo acto de A Midsummer Night's Dream,
puesta en escena de Paul-Émile Fourny, Teatro Colón 2006

El público asistente a las iglesias y a la larga tradición coral inglesa que allí se profesa es tenido en cuenta cuando Britten crea las tres parábolas sacras Curlew River (1964), The Burning Fiery Furnace (1966) y The Prodigal Son (1968) para ser representadas a la manera de un misterio medieval en el altar. Finalmente, el Festival de Aldeburgh, fundado en 1948, cimentaría un nuevo público para escuchar su música y la de sus contemporáneos, pero también la de sus antepasados.

El interés de Britten por los compositores ingleses del pasado hicieron que en 1948 orqueste y armonice nuevamente la ópera balada The Beggar's Opera (1728) de John Gay —obra que también tomaron como base los alemanes Kurt Weill y Bertold Brecht para La ópera de tres centavos (1928)— o realice una edición, junto a Imogen Host, de Dido & Aeneas (1689) de Purcell. Ecos de John Dowland y la música renacentista inglesa se pueden escuchar en Gloriana (1953), ópera de grandes dimensiones encargada para las celebraciones de la coronación de la Reina Isabel II. Su amor por Shakespeare tendrá lugar al componer A Midsummer Night's Dream (1960) para ser estrenada en el remozado Jubilee Hall, una de las sedes del Festival de Aldeburgh.

Uno podría conjeturar que la elección de Britten por el género vocal —vale la pena recordar aquí su importante catálogo de canciones o el War Requiem (1962) de impronta pacifista— tuvo mucho que ver con el encuentro con Peter Pears, a quien conoció en 1937 y que sería desde entonces su pareja. Claire Seymour, en su libro Las óperas de Benjamin Britten: Expresión y evasión (2004), señala que Britten descubrió su lenguaje musical —interpretado y comunicado principalmente por Pears— sólo en la medida en que buscó integridad personal y realización artística en su vida. Fue en la ópera, siguiendo el razonamiento de Seymour, donde el compositor encontró el medio natural a través del cual pudo explorar y expresar sus inquietudes privadas. La opresión social, el miedo a la muerte, el pacifismo o la incomprensión personal son constantes en la producción de Benjamin Britten, ese artista que en el siglo XX fue el portador de esas voces que nunca serán ahogadas.

Luciano Marra de la Fuente
editor@tiempodemusica.com.ar
Noviembre 2013

 

The Scallop (2003), escultura de Maggi Hambling en homenaje a Britten en la playa de Aldeburgh.
En el borde, están talladas las palabras "Escucho esas voces que no serán ahogadas"
de la ópera Peter Grimes / Foto de Andrew Dunn

Britten argentino
En nuestro país son sólo ocho óperas de Benjamin Britten las que se conocen. Peter Grimes tuvo su estreno tardío en 1979 en el Teatro Colón y se representó por última vez en 1986. En ese mismo teatro se presentaron The Rape of Lucretia (1954), Albert Herring (1972), los estrenos sudamericanos de A Midsummer Night's Dream (1962) y Death in Venice (2004). El CETC estrenó para nuestro país, aunque en español, Let's Make an Opera (1991, Centro Cultural Recoleta) y A Turn of the Screw (1999), mientras que el Teatro Argentino de La Plata presentó en la Sala Astor Piazzolla Noye's Fludde (2000). El Colón volvió a presentar en 2006 A Midsummer…, en tanto que Juventus Lyrica en el Teatro Avenida hizo lo propio con The Rape of Lucretia (2003) y A Turn of the Screw (2012). En una programación tan amante por los aniversarios, es raro que este año no se haya presentado ninguna ópera de este compositor inglés centenario.

__________
 
Espacio de Opinión y Debate
¿Qué te pareció este artículo? Dejanos tu punto de vista en nuestro facebook o en nuestro blog. Hagamos de
Tiempo de Música un espacio para debatir.

Publicado originalmente el 22/11/2013

 
Publicado el 23/11/2013
     
WebMind, Soluciones Web Contacto © Copyright 2006/2014 | Todos los derechos reservados