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“Don Carlos” en La Plata : La más italiana de las músicas, cantada en francés
La temporada del Teatro Argentino finalizó con el estreno sudamericano de la versión original en cinco actos cantada en francés de la ópera de Verdi, en una magnífica versión. Por Ernesto Castagnino
 

Krum Galabov (Rodrigo), Luca Lombardo (Don Carlos), Rubén Amoretti (Felipe II) y Carla Filipcic Holm (Isabel de Valois), junto al Coro Estable, en el "Auto de fe" del tercer acto de Don Carlos, Teatro Argentino, La Plata, 2011

DON CARLOS, ópera de Giuseppe Verdi. Estreno sudamericano de la versión en cinco actos en francés. Funciones del domingo 13 y jueves 24* de noviembre de 2011 en la Sala Alberto Ginastera del Teatro Argentino de La Plata. Dirección musical: Alejo Pérez. Dirección escénica y vestuario: Francesco Esposito. Escenografía e iluminación: Enrique Bordolini. Coreografía: Noelia Negrete. Elenco: Carla Filipcic Holm / Florencia Fabris* (Isabel de Valois), Elena Sommer / Eugenia Fuente* (La Princesa de Éboli), Fabiola Massino / Ximena Ibarrolaza* (Thibault), Rubén Amoretti / Savio Sperandio* (Felipe II), Luca Lombardo / Enrique Folger* (Don Carlos), Krum Galabov / Omar Carrión* (Rodrigo, Marqués de Posa), José Antonio García / Emiliano Bulacios* (El Gran Inquisidor), Mario De Salvo / Roy David Pullen Llermanos* (Un monje), Victoria Gaeta / Marina Silva* (Una voz del cielo), Darío Leoncini / Maximiliano Agatiello* (El Conde de Lerma), Sergio Spina / Arnaldo Quiroga* (Un heraldo real), Oreste Chlopecki / Claudio Rotella* (Corifeo). Orquesta y Coro Estables del Teatro Argentino. Director de coro: Miguel Fabián Martínez.

El desafío y el gusto de brindar al público argentino el repertorio operístico y sinfónico menos frecuentado y de mayor dificultad —Lady Macbeth en Mtsensk, Francesca da Rimini, Giulio Cesare in Egitto, Tristán e Isolda, además de las sinfonías de Gustav Mahler, las Cuatro últimas canciones de Richard Strauss o la Missa Solemnis de Ludwig van Beethoven, por citar algunos ejemplos de la temporada anterior y la actual— es un sello distintivo de la actual gestión del teatro, empeñada en demostrar que nada es imposible mientras haya determinación y buen criterio. En esta misma línea, la temporada 2011 ofreció una ópera en calidad de estreno sudamericano —Il viaggio a Reims de Gioacchino Rossini— mientras que en la próxima se podrá asistir al estreno mundial de la ópera Pepita Jiménez de Isaac Albéniz. Gracias a este afán renovador pudimos en esta oportunidad apreciar la versión original en francés de la ópera Don Carlos de Giuseppe Verdi nunca ejecutada hasta ahora en Sudamérica.

Verdi compuso la ópera por encargo para la Exposición Universal de 1867, en el formato de “Grand Opéra”, es decir con todos los ingredientes que le dieron un estilo propio a la ópera francesa: argumentos históricos con muchos personajes, grandes coros, ballet obligado y espectacular despliegue escénico. Un estilo en realidad bastante alejado de la exploración verdiana que iba en otra dirección: representar el drama humano en su mayor profundidad y alcance. El compositor italiano no quería impresionar sino conmover y por eso prefería manejarse con menos personajes para poder trazar más hondamente su psicología, no obstante lo cual había encontrado en los dramas históricos un vehículo ideal para expresar sus propias ideas políticas en el contexto de la unificación italiana y la invasión austríaca —Attila, I Lombardi alla prima crociata, I Vespri Siciliani o Simon Boccanegra—.

El drama de Friedrich Schiller sobre la vida del hijo de Felipe II de España se aleja bastante del personaje histórico y lo convierte en una especie de héroe libertario más cercano a Jean-Paul Marat que al hijo de un Rey absolutista del siglo XVI. Este anacronismo que crea Schiller resulta sin embargo interesante desde el punto de vista dramático: a quién podría no resultarle atractivo el ejercicio de imaginar que en el seno mismo de la familia real alguien se atreviera a cuestionar a uno de los reyes más rigurosos y déspotas su propio poder. Como sea, el grito libertario del infante Don Carlos y su amigo el Marqués de Posa, que pretenden emancipar a los Países Bajos del yugo español, resuena en los oídos de Verdi como una exclamación universal que puede dirigir camufladamente al invasor austríaco.

Enrique Folger (Don Carlos) y Omar Carrión (Rodrigo) en el
segundo acto de Don Carlos, Teatro Argentino, La Plata, 2011

La versión estrenada más tarde en Milán no es otra cosa que una adaptación al gusto italiano, traduciendo el libreto, eliminando algunas escenas y reduciendo así la duración total de la obra. ¿Qué gana la obra en su versión original francesa? Personalmente creo que poco, fundamentalmente debido a que la contundencia del idioma italiano en ciertos diálogos se diluye un poco en la más dulce fonética francesa. De todos modos siempre es interesante el acceso a las distintas versiones de una ópera y en este caso saldar una deuda de 144 años con el público argentino que por primera vez puede acceder a la versión original francesa.

La puesta en escena de Francesco Esposito tuvo como eje un interesante juego entre el adentro y el afuera de la escena. Estructuras con balcones que rodeaban la escena permitían al coro y los figurantes observar como espectadores lo que se desarrollaba en el centro, lo que producía un efecto de desdoblamiento con el espectador de la platea, haciéndolo tomar conciencia de su lugar de voyeur. También los mismos protagonistas podían convertirse en espectadores, como sucedió en la escena de Felipe II (“Elle ne m'aime pas”) en la que Esposito ubicó a la princesa Eboli en la cama del rey y la reina Isabel a un costado observando la escena.

El recurso fue eficaz y bien interpretado escenográficamente por Enrique Bordolini quien ideó unas estructuras desplazables de gran impacto visual en las que aparecían y desaparecían estos inquietantes observadores iluminados a veces y otras en penumbras al modo de espías cortesanos. La iluminación, también a cargo de Bordolini, fue otro elemento clave en la puesta ya que recreó ese clima opresivo de la corte española del siglo XVI a través de claroscuros y texturas. Menos interesante resultó la escena del “Auto de fe”, el gran momento concertante de la obra, que resultó muy empastada visualmente debido al reducido espacio en que se movían los personajes.

Reunir dos elencos que cuenten con una soprano, una mezzosoprano, un tenor, un barítono y dos bajos capaces de abordar esta partitura es una tarea titánica para cualquier teatro lírico, y comprobar que un teatro argentino es capaz de lograrlo es algo que personalmente me enorgullece. Ambos elencos estuvieron a la altura de las circunstancias y sirvieron a la música de Verdi con gran entrega.

Luca Lombardo (Don Carlos) y Carla Filipcic Holm (Isabel de Valois)
en el primer acto de Don Carlos, Teatro Argentino, La Plata, 2011

En el primer elenco brillaron la Isabel de Valois de Carla Filipcic Holm —precisa, con una voz gigantesca y conmovedora— y el Felipe II de Rubén Amoretti, con una voz de basso profondo ricamente timbrada y un fraseo impecable. Contundente resultó la intervención de José Antonio García como el Gran Inquisidor, sacándose chispas con Amoretti en el impresionante dueto que reúne a dos bajos en escena. Cumplieron Luca Lombardo como Don Carlos, la mezzosoprano Elena Sommer como Eboli y menos interesante resultó el Posa de Krum Galabov, escaso de empuje y de volumen.

El otro elenco fue más homogéneo y eso le otorgó una fuerza extraordinaria a la función, ya que no había momento alguno en que el nivel decayera. Enrique Folger y Florencia Fabris crearon un pareja de enamorados apasionada e impetuosa y renovaron sus credenciales para los grandes roles del repertorio italiano. Omar Carrión aportó su refinado fraseo al Marqués de Posa y Eugenia Fuente con su voz vibrante de mezzosoprano transmitió la sensualidad y el despecho de la princesa Eboli. Acompañaron muy bien los bajos Savio Sperandio como Felipe II y Emiliano Bulacios como el Gran Inquisidor.

Completaban sin fisuras ambos elencos los bajos Mario De Salvo y Roy David Pullen Llemanos como el Monje, Victoria Gaeta y Marina Silva como la Voz del Cielo, Fabiola Masino y Ximena Ibarrolaza como el paje Thibault, Darío Leoncini y Maximiliano Agatiello como el Conde de Lerma, Sergio Spina y Arnaldo Quiroga como el Heraldo y Oreste Chlopecki y Claudio Rotella como Corifeo.

Enrique Folger (Don Carlos) y Florencia Fabris (Isabel de Valois) en
el segundo acto de Don Carlos, Teatro Argentino, La Plata, 2011

Alejo Pérez fue el director musical y una de las figuras más aplaudidas en ambas funciones, debido al excelente resultado llevando adelante una obra de proporciones gigantescas con escenas concertantes de enorme complejidad. Pérez parece disfrutar del desafío de dirigir obras monumentales como lo demostró con sus incursiones en las sinfonías de Mahler y recientemente en Tristán e Isolda, y en aquellas como en esta ocasión su dirección es siempre equilibrada y nunca cede a la tentación del efectismo.

La Orquesta Estable ha tenido un crecimiento extraordinario que le permite abordar en la actualidad un repertorio inimaginable hace algunos años, que abarca del barroco al siglo XX. Todas sus secciones pudieron lucirse en esta obra especialmente las cuerdas bajas que estuvieron magníficas en la introducción del aria de Felipe “Elle ne m'aime pas”. El Coro Estable, preparado por Miguel Fabián Martínez, tuvo también un rol protagónico y resultaron excelentes cada una de sus intervenciones dentro y fuera de escena.

Un espectacular cierre de la temporada lírica que conllevó varias satisfacciones: disfrutar de esta impresionante ópera verdiana siempre relegada por la dificultad de su producción, conocer en vivo su versión original (aun más relegada) y comprobar que un teatro argentino es capaz de afrontar esas dificultades y superarlas con un excelente resultado.

Ernesto Castagnino
ecastagnino@tiempodemusica.com.ar
Noviembre de 2011


Imágenes gentileza Teatro Argentino de La Plata / Fotografías de Guillermo Genitti y Daniel Fornieri
Para ver más fotos ingresá a
www.facebook.com/tiempodemusica.argentina

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Espacio de Opinión y Debate
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Publicado el 30/11/2011
     
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