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“Apátrida” en el Teatro El Extranjero : Duelo pasado presente
La genial obra de teatro musical, creada e interpretada por Rafael Spregelburd y Zypce, rescata el duelo ocurrido en 1891 entre el pintor Eduardo Schiaffino y un crítico español, presentando una problemática que nos sigue interpelando. Por Luciano Marra de la Fuente
 

Zypce y Rafael Spregelburd en Apátrida, Teatro El Extranjero, 2011

APÁTRIDA, DOSCIENTOS AÑOS Y UNOS MESES, ópera hablada de Rafael Spregelburd y Zypce (2011), basada en las cartas entre Eduardo Schiaffino y Eugenio Auzón (1891). Función del viernes 14 de octubre de 2011 en el Teatro El Extranjero. Dramaturgia, dirección y actuación: Rafael Spregelburd. Música, diseño de instrumentos y dirección musical: Zypce. Voces: Mónica Raiola (Sofía Posadas), Zypce (Saénz Peña), Rafael Spregelburd (Un periodista), Pablo Osuna, Félix Estaire, Zaida Rico y Ruth Palleja (Audioguía). Espacio y luces: Santiago Badillo. Vestuario: Julieta Álvarez. Investigación: Viviana Usubiaga. Fotografía: Isol, Gabriel Guz.

El punto de partida de Apátrida de Rafael Spregelburd y (Federico) Zypce es el duelo verbal y físico entre el pintor y crítico argentino Eduardo Schiaffino —fundador del Museo Nacional de Bellas Artes— y el crítico español Eugenio Auzón, ocurrido a fines de 1891 en nuestra ciudad. Auzón publica un comentario lapidario en un periódico sobre la Exposición Artística que reunía a pintores argentinos becados a Europa por el gobierno nacional y que fuera organizada por las damas de la Sociedad de Beneficencia de Nuestra Señora del Carmen en una casa de remates de la calle Florida. Con el seudónimo “A. Zul de Prusia” allí sentenció: “Habrá arte argentino dentro de doscientos años y algunos meses”, lo cual provocaría una larga disputa con Schiaffino, primero en la prensa y finalmente en un duelo que ocasionaría la rotura del tendón del pintor por un disparo del crítico.

Estructurada en cinco cuadros y un intermezzo instrumental, la obra es un claro ejemplo de “teatro musical” —tal vez enraizada en las experiencias de Mauricio Kagel en Alemania y que Spregelburd define como Sprechoper (ópera hablada)—, en donde el texto es potenciado por una partitura que deja de ser un mero acompañamiento e interactúa con cada palabra o situación planteada, dándole un contexto significativo. Si el texto de Spregelburd se vale de los originales publicados en los periódicos de la época para el debate entre Auzón y Schiaffino —el núcleo dramático de la obra—, la música de Zypce recurre a una variedad de elementos que van desde sencillos ruidos generados por objetos cotidianos o instrumentos a músicas pregrabadas y procesadas en el momento, para crear un marco sonoro que le da aún más teatralidad al discurso.

Zypce en una escena de Apátrida, Teatro El Extranjero, 2011

Conviven de esta manera metrónomos, piedras sobre placas de metales, resortes, cuerdas, baquetas, arcos, un teléfono celular con un altoparlante antiguo, el rasgueo de una guitarra criolla, el golpe de bombo y el scratching de discos de vinilo con fragmentos del Himno Nacional Argentino, la “Marcha triunfal” de la ópera Aida, la cortina de Almozando con Mirtha Legrand y el tema principal de Indiana Jones, entre otros. El contraste de estas obras seleccionadas, muchas de ellas contemporáneas y bien conocidas, genera un efecto paródico al texto anclado en el pasado. Ocurre algo similar en la segunda escena al recurrir al sistema de Audioguía, característico de los museos, para mostrar lo que se veía en la Exposición Artística de 1891, en una vertiginosa performance de los intérpretes que manipulan en vivo dos pasacassettes sincronizados a mano.

Esta convivencia entre lo actual y lo antiguo es una constante en la partitura, el texto y la propuesta escénica que cuenta con un diseño de espacio y luces sumamente interesantes. De un lado, Spregelburg, con micrófono en mano, se desdobla en los dos personajes, con tonos precisos y diferenciados en el debate, ayudado por dos bases sonoras diferenciadas, quizá un tanto repetitivas. El momento culminante es la escena en que, como Auzón, relata las diferentes instancias del duelo y su huída, al ritmo de los latidos de su corazón amplificado. Zypce habita el lado contrario del escenario con toda su parafernalia instrumental, generando un foco de atención por las diferentes acciones que realiza magníficamente. El contraste mayor se da en la última escena, un baile de los dos intérpretes, sumamente despreocupado y descompresor de la creciente tensión, al son de la popular “We no speak americano” de Yolanda Be Cool, basada en samples de “Tu vuò fa’l’americano” (original de Renato Carosone), otra manera más de hacer evidente el pasado en un presente intervenido.

Rafael Spregelburd en una escena de Apátrida, Teatro El Extranjero, 2011

Más allá de estar anclada en un punto histórico determinado, Apátrida avanza sobre temas que no pierden actualidad: la autonomía/dependencia de la actividad artística de nuestro país en relación con la tradición europea, los mecanismos de selección de ciertas obras por parte del Estado para conformar una historia, la búsqueda de la identidad propia en el terreno artístico, y, sobre todo, la relación entre la producción artística y la crítica. El resultado es una inquietante obra de teatro musical, creada e interpretada a la perfección por Rafael Spregelburd y Zypce, que plantea una problemática que nos sigue interpelando.

Luciano Marra de la Fuente
editor@tiempodemusica.com.ar
Noviembre 2011 

Para agendar
Apátrida continúa presentándose (hasta el 16 de diciembre de 2011) todos los viernes a las 20.30 en el Teatro El Extranjero, Valentín Gómez 3380. Reservas al 4862-7400. Entrada $60. Jubilados y estudiantes $40.
Más info: www.elextranjeroteatro.com

Fotografías gentileza Duche&Zárate
Para ver más fotos ingresá a
www.facebook.com/tiempodemusica.argentina
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Publicado el 22/11/2011
     
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