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“Lucia di Lammermoor” en Rosario : Mucho más que virtuosismo
Con la deslumbrante presencia de la soprano Paula Almerares, el Teatro El Círculo ofreció una memorable versión de la ópera de Donizetti. Por Ernesto Castagnino (enviado especial a Rosario)
 

Marcela Novero (Alisa) y Paula Almerares (Lucia) en el primer acto
de Lucia di Lammermoor, Teatro El Círculo, Rosario, 2011

LUCIA DI LAMMERMOOR, ópera de Gaetano Donizetti. Función del sábado 8 de octubre de 2011 en el Teatro El Círculo, Rosario. Dirección musical: Hadrian Ávila Arzuza. Dirección escénica: Rubén Martínez. Escenografía: Nicolás Boni, producción Teatro Solís de Montevideo. Vestuario: Mariano Toffi. Iluminación: Esteban Ivanec. Elenco: Paula Almerares (Lucia), Juan Carlos Valls (Edgardo), Leonardo López Linares (Enrico Ashton), Lucas Debevec Mayer (Raimondo), Andrés Novero (Lord Arturo Bucklaw), Marcela Novero (Alisa), Germán Polón (Normanno). Coro de la Ópera de Rosario, director: Horacio Castillo. Orquesta Sinfónica Provincial de Rosario.

La popular ópera de Gaetano Donizetti, basada en la novela de Walter Scott, relata las desdichas de un amor desgraciado entre Lucy Ashton y el enemigo de su familia, Edgar Ravenswood, en la Escocia del siglo XVIII. El recurso dramático-vocal de sumir a la protagonista femenina en la locura a causa de un amor contrariado, se transforma en un pretexto para el lucimiento vocal de las sopranos a quienes los compositores escribían pentagrama tras pentagrama de coloraturas, escalas, trinos y gorgheggi. Desde la más clásica y recatada escena de Nina, ossia la pazza per amore (1789) de Giovanni Paisiello, atravesando el universo belcantista del primer romanticismo con las escenas de Anna Bolena (Donizetti), de Imogene en Il Pirata (Bellini) o de Ofelia en Hamlet (Ambroise Thomas), se desemboca en las estremecedoras alucinaciones de Lady Macbeth en la ópera de Giuseppe Verdi o de Anita en La Navarraise de Jules Massenet.

Con la elegante y preciosista escenografía de Nicolás Boni ideada para la puesta del Teatro Solís en 2010, la propuesta de Rubén Martínez al frente de la dirección escénica, transitó por el sendero de la rigurosidad histórica apuntando a la expresividad gestual y corporal. Si el resultado no resultó siempre convincente en los roles masculinos, fue impecable en la protagonista que redondeó una interpretación antológica. Martínez logró un mayor dramatismo a partir de la acentuación de la faceta negativa, despiadada e injusta del resto de los personajes, incluida Alisa —habitualmente considerada una aliada de Lucia— que aparece ahora en el bando de “los malos”.

El régisseur incluyó además una mímica, durante el preludio, en la que se ve a Lucia esperando a Edgardo presso la fonte, y al ser descubierta por la ahora malvada Alisa es separada de su amado. Con esta escena, Martínez repuso algunos datos de la novela de Scott omitidos en el libreto de Salvatore Cammarano —como las referencias a lo mágico y prodigioso— y aportó imágenes que más tarde se resignificarían en las alucinaciones de la escena de la locura, cuando Lucia ve aparecer un fantasma que la separa de Edgardo mientras están sentados junto a la fuente. Otro recurso original en esa escena fue hacer salir al coro y dejar sólo a los cuatro responsables de la tragedia frente a Lucia en el final del aria, imagen de notable fuerza dramática. A partir de estos detalles, sumados a la lóbrega escenografía de Boni y la sombría iluminación de Esteban Ivanec, Rubén Martínez recuperó el aspecto gótico y fantasmal muy presente en la novela que da origen a la trama.

Lucas Debevec Mayer (Raimondo) y Paula Almerares (Lucia) en la escena de la locura del tercer acto de Lucia di Lammermoor, Teatro El Círculo, Rosario, 2011

La soprano Paula Almerares —que debutó el rol en agosto de 2009 en el Teatro Argentino de La Plata y lo ha cantado en varias oportunidades desde entonces— ha madurado su interpretación y se encuentra perfectamente cómoda en el personaje de Lucia. Con un dominio ideal de la difícil ornamentación belcantista, Almerares puso todo el virtuosismo vocal al servicio del dramatismo, acompañando su canto de una entrega actoral extraordinaria en la que cada gesto y cada movimiento resultaba tan natural como justificado. La magnética presencia de Almerares dominó cada instante que permaneció en escena, redondeando una interpretación que podría calificarse sin lugar a dudas como antológica. En la escena de la locura, el clímax dramático y musical de la ópera, la soprano platense desplegó enorme variedad de matices buscando, más que impactar con el virtuosismo, transmitir la esencia de la locura y la desesperación del personaje.

El rol de Edgardo estuvo a cargo del tenor Juan Carlos Valls quien, al igual que en 2009 en La Plata, luego de un comienzo algo incierto fue mejorando su actuación con el correr de la noche, encontrándose mucho más cómodo en el tercer acto con una voz rica en colores vocales y de timbre atractivo. Vocalmente sólido, el barítono Leonardo López Linares llevó sobre sus espaldas el rol de Enrico Ashton con interesante resultado. López Linares acentuó la ferocidad del cruel hermano de Lucia logrando su mejor actuación en el duetto con la soprano, el tenso diálogo entre los hermanos, en el que el barítono desplegó más variados y sugestivos matices.

El rol de Raimondo, el capellán del palacio, estuvo a cargo de Lucas Debevec Mayer quien produjo impacto por el volumen y la proyección de su voz de bajo, aunque una gestualidad algo exagerada y una tendencia a cantar sólo forte y fortissimo lesionaron su interpretación. Correcta actuación de Andrés Novero como Arturo mientras que algo por debajo del nivel general se encontraron Marcela Novero y Germán Polón como Alisa y Normanno respectivamente.

Paula Almerares (Lucia) en la escena de la locura del tercer
acto de Lucia di Lammermoor, Teatro El Círculo, Rosario, 2011

Hadrian Ávila Arzuza fue el encargado de coordinar las fuerzas musicales en esta oportunidad. Buen concertador, el director colombiano le dio pulso dramático y efectivos crescendi al drama, logrando una sólida actuación de la Orquesta Sinfónica Provincial de Rosario, cuyos solos de arpa y flauta en ambas arias de la soprano merecen destacarse. Lo que podría reprochársele a la batuta de Ávila Arzuza fue la ausencia de un mayor refinamiento vocal a través de un trabajo más profundo en el fraseo y los matices dinámicos. La tendencia a lo heroico y lo enfático, sobre todo en los tres roles protagónicos masculinos, desbordaba por momentos el estilo belcantista y algunas notas agudas —sostenidas y alargadas con vanidad— tuvieron el carácter de un efectismo algo superfluo. El Coro de la Ópera de Rosario, bien amalgamado vocalmente, realizó un buen trabajo en la escena que introduce el aria de la locura.

En resumen, una actuación memorable de la soprano Paula Almerares cuya personificación del rol de Lucia va madurando y perfeccionándose en cada interpretación, con una puesta escénica donde pudo desplegar vocal y actoralmente todo lo que es capaz de hacer con estas páginas de Donizetti que, como ella misma lo demuestra, son mucho más que una pieza de virtuosismo.

Ernesto Castagnino
ecastagnino@tiempodemusica.com.ar
Octubre 2011


Imágenes gentileza Rubén Martínez / Fotografías de JSL Ediciones
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Publicado el 15/10/2011
     
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