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“Lucia di Lammermoor” en el Teatro Avenida : Despojadamente dramática
Juventus Lyrica abordó por primera vez la más célebre ópera donizettiana, que gozó de una buena dirección escénica a cargo de Leonor Manso. Por Ernesto Castagnino
 

Laura Polverini (Lucia) en el primer acto de Lucia di Lammermoor,
Juventus Lyrica, Teatro Avenida, 2011

LUCIA DI LAMMERMOOR, ópera de Gaetano Donizetti. Función del viernes 26 de agosto de 2011 en el Teatro Avenida, organizada por Juventus Lyrica. Dirección musical: Hernán Sánchez Arteaga. Dirección escénica: Leonor Manso. Escenografía e iluminación: Gonzalo Córdova. Vestuario: Mini Zuccheri. Elenco: Laura Polverini (Lucia), Leonardo Pastore (Edgardo), Sebastián Angulegui (Enrico Ashton), Román Modzelewski (Raimondo), Verónica Canaves (Alisa), Iván Maier (Lord Arturo Bucklaw), Santiago Sirur (Normanno). Coro Juventus Lyrica, director: Miguel Pesce. Orquesta.

Que las buenas historias pueden repetirse una y otra vez sin perder su intensidad es un hecho comprobable a través de los siglos. El género operístico —como el teatro hablado— recrea historias escritas hace cientos de años y en cada propuesta el público comprueba si la obra continúa —o no— conmoviéndolo. Cuando los compositores buscaban argumentos para sus nuevas óperas elegían —de acuerdo a su instinto teatral— aquel que consideraban sería un mensaje eficazmente universal con personajes con los que cualquier público pudiera identificarse.

Es así que ninguna tragedia griega, ningún drama shakespeariano, ningún personaje importante —literario, real o ambos— eludieron los pentagramas de a veces varios compositores en diferentes épocas con resultados variables y variados. En relación a la ópera que nos ocupa, ya nadie recuerda Le nozze di Lammermoor (1829) de Michele Carafa ni la danesa Bruden fra Lammermoor de Ivar Frederik Bredal (1832, con libreto nada menos que de Hans Christian Andersen), tampoco La fidanzata di Lammermoor (1834) de Luigi Rieschi y mucho menos la homónima de la anterior con música de Pietro Beltrame, estrenada ese mismo año.

Pero lo que también ocurre con muchas versiones operísticas es que no solo sobrevive una versión (a veces dos, raramente tres) de las tantas escritas, sino que muchas veces sobreviven a la fuente literaria de la cual nacieron. Muchos identifican inmediatamente al jorobado bufón Rigoletto de la ópera verdiana pero no todos reconocen en él a Triboulet de El rey se divierte de Victor Hugo. Con más facilidad se acierta a identificar al astuto Figaro con Las bodas de Figaro de Mozart o con El barbero de Sevilla rossiniano, que con las comedias de Pierre-Augustin de Beaumarchais que le dieron origen. También la ópera Lucia di Lammermoor que Gaetano Donizetti —con libreto de Salvatore Cammarano— estrenó en Nápoles en septiembre de 1835, hizo olvidar no solamente a los cuatro intentos musicales anteriores sino a La novia de Lammermoor (1819), la novela de Walter Scott sobre la que está basada.

Laura Polverini (Lucia) y Leonardo Pastore (Edgardo) en el primer acto
de Lucia di Lammermoor, Juventus Lyrica, Teatro Avenida, 2011

Juventus Lyrica, en su duodécima temporada, decidió afrontar uno de los títulos más emblemáticos para la cuerda de soprano de coloratura, con un rol que fue “reinventado” por Maria Callas en la década del cincuenta, arrebatándolo a las sopranos ligerísimas estilo Lily Pons, e imponiendo un estándar interpretativo con el que se han medido todas las sopranos que se atrevieron al desafío. Luego de Callas, fue la soprano australiana Joan Sutherland quien llevó la interpretación a un nivel de virtuosismo vocal difícilmente superable y, de la mano del régisseur Franco Zeffirelli, impuso las ahora infaltables salpicaduras de sangre en el vestido nupcial durante la escena de la locura.

Luego de la producción del Teatro Argentino de La Plata en 2009, Lucia vuelve a pisar suelo argentino, correspondiendo en esta oportunidad a Leonor Manso la dirección escénica, en su primera incursión en el terreno de la ópera. Como era de esperar, el trabajo sobre el aspecto actoral fue pormenorizado y profundo, apuntando a la sutileza y la sobriedad gestual, algo que pudo ser aprovechado en diferente grado por cada miembro del reparto. Hubo bastante fluidez en las transiciones, si bien por momentos el relato perdía algo de fuerza cayendo en cierto estatismo.

El diseño de escenografía e iluminación fue lo más atractivo de la propuesta visual, ya que Gonzalo Córdova posee un sentido del contraste muy refinado y creó un marco escénico despojado de objetos y centrado en el mundo emocional de los personajes. Dominaba el escenario un gran círculo luminoso que al cambiar de posición iba acompañando la evolución dramática y con su intensidad lumínica creaba un foco visual muy efectivo. El prolijo vestuario diseñado por Mini Zuccheri, situó el drama en tiempo y espacio, un indeterminado siglo XIX, dominando la gama de los grises y el negro con algunos toques de color en los protagonistas.

Sebastián Angulegui (Enrico) y Laura Polverini (Lucia) en el segundo acto
de Lucia di Lammermoor, Juventus Lyrica, Teatro Avenida, 2011

El equipo vocal estuvo liderado por la soprano Laura Polverini, quien en 2010 ganó el Concurso de Ópera de San Juan interpretando el rol de Lucia. Esta joven soprano posee un instrumento de precisa afinación y registro agudo consistente, aunque en la zona central de su voz no desarrolló aún la solidez necesaria haciendo que el sonido no siempre tenga el espesor necesario, con la consiguiente falta de peso dramático en algunos tramos de la interpretación. La soprano afrontó con valentía el desafío y el resultado fue digno.

Entusiasmó Leonardo Pastore en el rol de Edgardo, desplegando un sonido redondeado y brillante de tenor lírico, ideal para este repertorio. Pastore —que el año pasado demostró su afinidad con el estilo belcantista cantando un muy buen Nemorino en L’elisir d’amore— ofreció una versión del aria “Fra poco a me ricovero” de admirable línea y empuje.

El barítono Sebastián Angulegui, como Enrico Ashton, acentuó eficazmente la crueldad del hermano que sacrifica a su hermana por sus intereses mezquinos pero su buena interpretación se acompañó de una emisión no siempre pulcra. El Raimondo del bajo Roman Modzelewski tuvo un desempeño correcto a pesar de algunas dificultades con la tesitura. Completaban el elenco Iván Maier como Arturo, Santiago Sirur como Normando y Verónica Canaves como Alisa.

Leonardo Pastore (Edgardo), Sebastián Angulegui (Enrico), Laura Polverini (Lucia), solistas y el Coro de Juventus Lyrica en la escena final del segundo acto de Lucia di Lammermoor, Juventus Lyrica, Teatro Avenida, 2011

Hernán Sánchez Arteaga dirigió desde el foso a quien es su compañera fuera de la escena, Laura Polverini, logrando una versión orquestal sin tropiezos pero que no llegó a entusiasmar. El joven director, por ser además tenor, conoce muy bien los secretos de acompañar a los cantantes y la importancia de la respiración, algo que sin duda ayudó a lograr una buena coordinación entre la orquesta y el escenario. El Coro de Juventus Lyrica tuvo un desempeño muy bueno, logrando momentos de gran intensidad dramática como la escena previa al aria de la locura.

Asistimos a una correcta versión de la ópera donizettiana, con un comprometido trabajo de la soprano Laura Polverini, que sin duda irá mejorando con el tiempo, y que tuvo en la dirección escénica de Leonor Manso y el planteo visual de Gonzalo Córdova los aspectos más estimulantes de la propuesta.

Ernesto Castagnino
ecastagnino@tiempodemusica.com.ar
Septiembre 2011


Imágenes gentileza Juventus Lyrica / Fotografías de Liliana Morsia
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Publicado el 03/09/2011
     
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