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La Britten Sinfonia en el Teatro Colón : Impresiones melancólicas
La orquesta de cuerdas inglesa interpretó un magnífico programa con obras inglesas y norteamericanas, dirigido por Pekka Kuusisto y con el tenor Allan Clayton como solista. Por Luciano Marra de la Fuente
 

Britten Sinfonia

BRITTEN SINFONIA. Concierto del lunes 8 de agosto de 2011 en el Teatro Colón, organizado por el Mozarteum Argentino. Director y solista: Pekka Kuusisto, violín. Solistas: Allan Clayton, tenor; Alexandra Wood, segundo violín. Henry Purcell: Fantasía N° 7 a 4 partes, en Do menor, Z.738 / Let the night Perish, Z.191 (arreglo de Nico Muhly) / Fantasía N° 13 a 5 partes, en Fa mayor, Z.745, “Sobre una nota”. Michael Tippett: “A lament” del Divertimento sobre “Sellinger’s Round”, para orquesta de cámara. Britten: Les Illuminations, para tenor y orquesta de cuerdas, Op. 18. Steve Reich: Duet, para dos violines y orquesta de cuerdas. John Adams: Shaker Loops, para orquesta de cuerdas.

La Britten Sinfonia presentó, como quinto concierto del abono del Mozarteum Argentino, un programa sumamente interesante, dedicado a autores ingleses y norteamericanos con un tono similar, entre lo hedonista y lo melancólico, aunque con estéticas bien diferenciadas. Con la personalidad avasallante —en sus gestos y en su ímpetu de toque— del violinista finlandés Pekka Kuusisto como director invitado, se pudieron distinguir tres bloques bien característicos: el primero agrupó las obras barrocas de Henry Purcell con un lamento de Michael Tippet, compositor inglés del siglo XX, aunque en esta obra deudor del autor de Dido y Eneas; el segundo bloque estuvo dedicado exclusivamente al ciclo de canciones en francés Les Illuminations de Benjamin Britten; y, finalmente, la estética minimalista se hizo presente con dos obras de Steve Reich y John Adams.

Interesante propuesta fue la de interpretar como una unidad en cuatro movimientos las obras de Purcell y Tippet, remarcando los contrastes en las dinámicas —especialmente en las Fantasías— y la acentuación de las disonancias en el arreglo de Nico Muhly de la canción sacra Let the night Perish de Purcell —bien cantada por Allan Clayton— y en “A lament” del Divertimento sobre “Sellinger’s Round” de Tippet. En este último, el contrapunto de los violines y violas con el ground característico del lamento “When I am laid in Earth” de Dido y Eneas por las cuerdas graves, generó una inquietante atmósfera de sosiego y tristeza profunda.

Allan Clayton / Fotografía de Jack Liebeck

El punto máximo de la noche estuvo en Les Illuminations de Britten, con la estupenda interpretación del tenor inglés Allan Clayton y el más que eficaz acompañamiento de la Britten Sinfonia. El bello timbre del cantante y la sonoridad —a veces sinfónica, otras veces extremadamente camarística— de la pequeña orquesta de cuerdas lograron traducir las sutilezas y contrastes del personal mundo sonoro del compositor inglés, que en este ciclo de canciones, con poemas en francés de Arthur Rimbaud, alcanza una de las cumbres vocales del siglo XX.

Tanto en el Duet de Steve Reich como en Shaker Loops de John Adams —ambos compositores emblemas de la estética minimalista— no hubo fisuras en la interpretación técnica, con una excelente afinación —este aspecto verdaderamente difícil de mantener en largos fragmentos repetitivos y en pasajes repetidos de notas en armónicos—, una perfecta sincronización de entradas y movimiento de patrones rítmicos y un ejemplar solo de cello en el tercer movimiento de la obra de Adams. Lo que faltó en la interpretación de la Britten Sinfonia fue el swing y la energía en esos momentos característicos del minimalismo donde, al decir del especialista Kyle Gann, “la música se transforma en ritual”, con un frenesí rítmico y melódico que debería haber impactado fuertemente en el cuerpo.

Como obra fuera de programa, la Britten Sinfonia ofreció del finlandés Jean Sibelius “Rakastetun tie”, el segundo movimiento de la suite Rakastava (El amante). El breve movimiento, con figuras repetidas en pianissimo —similar a los minimalistas antes escuchados pero con una impronta muy diferente— y una breve intervención del triángulo interpretado por el cantante Clayton, sirvió de epílogo de este programa bien pensado y muy disfrutable.

Luciano Marra de la Fuente
editor@tiempodemusica.com.ar
Agosto 2011


Fotografías gentileza Mozarteum Argentino
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Publicado el 22/08/2011
     
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