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"La novicia rebelde" en el Teatro Ópera : No me toquen, soy un clásico…
La producción del célebre musical de Rodgers y Hammerstein, demasiado respetuosa al libro original, contó con un destacado elenco encabezado por Laura Conforte. Por Luciano Marra de la Fuente
 

Laura Conforte (María) y los niños en la canción "Do re mi"
del primer acto de La novicia rebelde, Teatro Ópera, 2011

LA NOVICIA REBELDE (The Sound of Music), musical en dos actos con libro de Howard Lindsay y Russel Crouse inspirado en The Story of the Trapp Family Singers de Maria von Trapp, letras de Oscar Hammerstein II y música de Richard Rodgers. Traducción al español por María Inés Falconi, excepto las canciones “Las cosas que me hacen feliz” y “Cada montaña busca escalar”, traducidas y adaptadas por China Zorrilla. Función del jueves 4 de agosto de 2011 en el Teatro Opera Citi. Dirección musical: Gerardo Gardelín. Dirección escénica: Jonathan Butterell. Escenografía: Andrew Jackness. Vestuario: Candice Donnelly. Iluminación: Rick Fisher. Diseño de sonido: Gastón Briski. Reparto: Laura Conforte (María Rainer), Rodrigo Pedreira (Capitán Georg von Trapp), Rodolfo Valss (Max Detweiler), Patricia González (Madre Superiora), Coni Marino (Baronesa Elsa Schraeder), Mirta Wons (Frau Schmidt), Fernando Dente (Rolf), Julieta Nair Calvo (Liesl), Walter Bruno (Friedrich), Eleonora de Souza Tomé (Louisa), Tomás Wicz (Kurt) y elenco. Orquesta.

The Sound of Music —aquí siempre conocida como La novicia rebelde— pertenece a ese grupo de obras que se consideran “clásicos”, porque han traspasado las fronteras de las diferentes generaciones y que aún siguen fascinando a nuevos públicos, como lo hace —viendo la reacción entusiasta del público más joven con las canciones— la versión que desde marzo pasado se presenta en el Teatro Ópera. Lo cierto es que esta obra adquirió esa categoría a través del film de 1965 producido por la Twentieth Century-Fox, con la imaginativa dirección de Robert Wise, un elenco fascinante encabezado Julie Andrews y Christopher Plummer, y un ingenioso guión construido por Ernest Lehman, basado en la obra de teatro musical, estrenada el 16 de noviembre de 1959 en Nueva York y que fue éxito de taquilla.

Pensada para el lucimiento de la actriz Mary Martin, una de las estrellas de Broadway de fines de los años '40, la obra se enriquece con las magníficas canciones creadas por Richard Rodgers y Oscar Hammerstein II, su último trabajo conjunto antes de la muerte del último en 1960. Esta dupla impuso desde Oklahoma! (1943) una estructura de musical típicamente norteamericana que influenció a los creadores de su generación y posteriores, que otorga a las canciones una función dramática al integrarse a la continuidad de los diálogos, tal vez heredera del singspiel alemán y la opereta vienesa del siglo XIX más que del music-hall de Cole Porter o Irving Berlin de las primeras décadas del siglo XX.

Lo particular del caso de The Sound of Music es que el libreto, basado en la historia real de Maria von Trapp, no fue producto de la creatividad de Hammerstein, como era habitual en sus producciones, sino que recayó en la pluma de Howard Lindsay y Russel Crouse, quienes no lograron imprimirle verosimilitud a las situaciones y al desarrollo de los personajes un tanto estereotipados. No es casual que directores de la talla de Stanley Donen, William Wyler, Gene Kelly o Billy Wilder rechazaran la propuesta de pasar al formato fílmico esa historia de la novicia que se casa con un capitán austríaco, se escapa con su nueva familia del nazismo y termina en los Estados Unidos formando con sus hijos los “Trapp Family Singers” (1).

Laura Conforte (María) y los niños en la canción "Do re mi"
del primer acto de La novicia rebelde, Teatro Ópera, 2011

El que verdaderamente le dio profundidad a los personajes y a las situaciones del libro teatral en su traspaso a la pantalla grande fue Ernest Lehman, quien fuera guionista de otras películas exitosas como Sabrina (1954, Billy Wilder), North by Northwest (1959, Alfred Hitchcock) y los musicales West Side Story (1961, Robert Wise y Jerome Robbins) y Hello Dolly! (1969, Gene Kelly). También es responsabilidad de Lehman, junto al productor ejecutivo Saul Chaplin, la idea de incorporar dos nuevas canciones pedidas a Rodgers, quien también creó las letras: el dúo de amor “Something good” (Algo bueno) reemplazó “An ordinary couple”, y se creó el efectivo soliloquio “I have confidence” (Yo confío en mí), que funciona de pasacalle in crescendo para el viaje de María desde la Abadía a la mansión de los Trapp (2).

La versión de La novicia rebelde, presentada en esta temporada porteña con dirección de Jonathan Butterell, se atiene fielmente al original de Lindsay y Crouse, respetando su estructura primitiva —el primer acto de una hora y media culmina con la canción de la Madre Superiora, “Cada montaña busca escalar”—, los estereotipos de los personajes e inclusive los chistes originales —el último “do” de la célebre “Do re mi” en un registro bien grave, o el camisón de encaje que una de las monjas encuentra buscando un espejo en la valija de María antes de la ceremonia nupcial.

En ciertas partes dialogadas faltó ritmo y el manejo del espacio, en un marco escenográfico tradicional y funcional, fue esquemático. La traducción al español de las canciones siempre es un enorme desafío, más con canciones escuchadas mil veces. En esta oportunidad, la labor de María Inés Falconi en algunas canciones hizo inentendible ciertos textos, que más se evidenciaron al lado de la musicalidad lograda por China Zorrilla en su adaptación de “Las cosas que me hacen feliz” y “Cada montaña busca escalar”.

Lo más destacable de esta producción fueron los números musicales, gracias a un elenco bien seleccionado, estupendamente dirigidos desde el foso por Gerardo Gardelín al frente de una ajustada orquesta, y mínimamente coreografíados por Butterell —también una exigencia del libreto original. La María de Laura Conforte tiene un magnetismo escénico, desde que aparece en el escenario en ese verde prado cantando “El sonido de la música” hasta la escena final coral con “Cada montaña”, aunque tal vez en las partes dialogadas se pase de energía. Rodrigo Pedreira —en reemplazo de Diego Ramos— compuso ese seco y hosco Capitán von Trapp, propio del original y que le falta la gracia impresa por Lehman y Plummer, llegando a emocionar en el dúo de amor y en “Edelweiss”.

Laura Conforte (María) y Diego Ramos (Capitán von Trapp) en una
escena del segundo acto de La novicia rebelde, Teatro Ópera, 2011

El grupo de niños que personificaban a los hijos del Capitán estuvo parejo, con una mención especial para Tomás Wicz como un muy afinado Kurt. Fernando DenteJulieta Nair Calvo fueron muy expresivos en el dúo de iniciación de Rolf y Liesl “Dieciséis para diecisiete”. Un lujo fue contar con la soprano Patricia González como la Madre Superiora, tanto en su famosa canción como en las partes dialogadas, mientras que Rodolfo Valss y Conie Marino como Max y Elsa cantaron muy bien el dúo “Durará el amor” y el trío con el Capitán “No podrás detenerlo”, tal vez las canciones más antipáticas de la obra, suprimidas en el film. El coro de monjas estuvo más cómodo en las partes lentas y suaves de sus himnos, no así en las partes más rápidas y agudas que tendían a la estridencia.

Lo interesante de esta producción —que pareciera decir “¡No me toquen, soy un clásico!”— es que fue concebida para el Teatro Ópera y pensada para este elenco, y no una exportación de Londres o Nueva York. En ese afán por respetar el original y al no tomar la adaptación cinematográfica o realizar una adaptación propia, quizá se perdió la oportunidad de darle nuevos aires a esta obra estrenada en 1959. Afortunadamente, el elenco hizo la diferencia, bendiciéndonos con el sonido de la música.

Luciano Marra de la Fuente
editor@tiempodemusica.com.ar
Agosto 2011


Notas
(1) Tal la popularidad de su historia y el grupo que la Familia von Trapp llegó en gira a la Argentina en 1950 para realizar tres conciertos en el Teatro Colón de Buenos Aires.
(2) Para conocer los pormenores de la creación y su transposición fílmica, es sumamente recomendable el libro The Making of The Sound of Music de Max Wilk, editado por Routledge en 2007.

Fotografías gentileza LaNoviciaRebelde.com
N. del E.- Las fotografías no pertenecen a la función reseñada.

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Publicado el 10/08/2011
     
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