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“Simon Boccanegra” en el Teatro Colón : Música para la unidad de los pueblos
Una intensa y efectiva dirección musical resultó lo más destacable de esta nueva producción de la ópera verdiana, que seguirá sin embargo a la espera de una más inspirada puesta escénica. Por Ernesto Castagnino
 

Roberto Frontali (Simon Boccanegra), junto al Coro Estable del Teatro Colón, en la última escena del prólogo de Simon Boccanegra, Teatro Colón, 2011

SIMON BOCCANEGRA, ópera en un prólogo y tres actos de Giuseppe Verdi. Función del martes 19 de julio de 2011 en el Teatro Colón. Dirección musical: Stefano Ranzani. Dirección escénica: José María Condemi. Escenografía: Cameron Anderson. Vestuario: Producción Teatro Colón, repuesto por Eduardo Caldirola. Iluminación: Roberto Traferri. Elenco: Roberto Frontali (Simon Boccanegra), Ángela Marambio (Amelia Grimaldi), Konstantin Gorny (Jacopo Fiesco), Gustavo López Manzitti (Gabriele Adorno), Fabián Veloz (Paolo Albani), Mario De Salvo (Pietro), Fernando Chalabe (Capitán), Cintia Velázquez (Doncella). Orquesta y Coro Estables del Teatro Colón. Director de coro: Peter Burian.

El estreno de Simon Boccanegra en 1857 resultó un fracaso de público pero no así de la crítica que alabó la orquestación verdiana. Era la segunda oportunidad que Verdi acudía a un drama del hiperromántico dramaturgo español Antonio García Gutiérrez, cinco años antes había puesto música a la pieza El trovador del mismo autor y los resultados en cuanto al libreto no habían sido mucho mejores. Veinticuatro años después, Verdi volvió a revisar Simon Boccanegra junto a Arrigo Boito y esta versión definitiva se estrenó en Milán haciendo renacer una ópera que de otro modo hubiera quedado olvidada en el arcón junto a I lombardi alla prima Crociata y La battaglia di Legnano.

La historia de Boccanegra, un caudillo que en el siglo XIV gobernó la República Marítima de Génova, sirvió de marco a García Gutiérrez —y al libretista Francesco Maria Piave— para el despliegue de una historia con todos los ingredientes folletinescos de gusto popular —presentes también en Il trovatore— como envenenamientos, identidades cambiadas, batallas u otros actos violentos. Pero en tiempos del Risorgimento, la posibilidad de disimular en medio del texto mensajes de hermandad y unidad italiana, era lo que indudablemente más atraía a Verdi, y con un pequeño esfuerzo podemos imaginar cómo estallaba el teatro en aplausos y gritos al responder Simon a los gritos del pueblo exigiendo la guerra contra Venecia: “E con quest'urlo atroce / Fra due liti d'Italia erge Caino / La sua clava cruenta!, Adria e Liguria / Hanno patria comune” (¡Y con este grito atroz / Caín da su golpe cruento / entre las dos costas de Italia! / Adria y Liguria tienen una patria común).

Fabián Veloz (Paolo) y Roberto Frontali (Simon Boccanegra), junto al Coro Estable, en la última escena del primer acto de Simon Boccanegra, Teatro Colón, 2011

El compromiso de Verdi con la unificación de Italia era algo serio y la ópera se transformaba así en un instrumento político. El pueblo podía identificarse y hasta canturrear al día siguiente del estreno las melodías verdianas en la cara de las incautas fuerzas de ocupación que no alcanzaban a descifrar el mensaje oculto tras los versos de Francesco Maria Piave mejorados sin duda por la más filosa pluma de Arrigo Boito: “Sì, pace splenda ai Liguri, / Si plachi l'odio antico; / Sia d'amistanze italiche / Il mio sepolcro altar” (¡Sí, que la paz brille en Liguria, / que se aplaque el antiguo odio! / Que mi sepulcro sea el altar / de la unificación italiana).

La dirección escénica de José María Condemi se centró en el drama humano, el desencuentro y reencuentro entre padre e hija, antes que en la enrevesada trama política que le sirve de marco. No es justo imputar al régisseur por las falencias del libreto, pero son justamente las óperas con debilidades dramáticas las que permiten apreciar el talento y la capacidad del director para transformar esa carencia en fortaleza. En esta oportunidad la endeble dirección de Condemi funcionó como una lente de aumento sobre los aspectos más frágiles de la historia.

La escenografía de Cameron Anderson buscó el gigantismo visual con una enorme estructura fija que insinuaba el esqueleto de un barco con su gran mástil quebrado atravesando el escenario, el efecto era interesante ya que acentuaba visualmente la soledad del poderoso Simon y el desencuentro de los personajes a pesar de la proximidad, pero la falta de dinamismo condujo al tedio. El rubro de iluminación a cargo de Roberto Traferri acertó en la matización y la acentuación de diferentes momentos y estados anímicos (melancolía, dolor, furia, etc.).

El rol protagónico, para barítono, exige una flexibilidad y matización que va de los momentos más heroicos, que lo pintan como líder y caudillo, a los más tiernos, cuando se nos presenta como padre, por no mencionar el aprieto que implica diferenciar y caracterizar vocalmente al Simon del Prólogo, veinticinco años más joven que el del resto de la obra, detalle al que no muchos barítonos prestan la suficiente atención. La actuación vocal de Roberto Frontali en el rol protagónico fue de menor a mayor, aunque la matización y la variedad de colores vocales no es una de sus principales virtudes. Frontali posee un instrumento bien timbrado y de auténticos acentos verdianos, pero la atmósfera de monotonía parece haberlo alcanzado.

Roberto Frontali (Simon Boccanegra) y Ángela Marambio (Amelia Grimaldi)
en el primer acto de Simon Boccanegra, Teatro Colón, 2011

Como su hija Amelia, la soprano Ángela Marambio resultó más convincente en los duetos y conjuntos que en sus intervenciones solistas. La soprano chilena de indiscutible timbre verdiano, ofreció una muestra de volumen y peso vocal más propios de personajes heroicos como Aida o Leonora (La forza del destino) aunque también en ellos hace falta un rango dinámico más amplio que el forte y el mezzoforte con los que Marambio azotó sin pausa a la tierna y doliente Amelia.

El bajo Konstantin Gorny tuvo a su cargo el lucido rol de Jacopo Fiesco mostrando recursos interpretativos y un fraseo muy pulido. Para otro momento queda la discusión acerca del entubamiento de las voces eslavas, que no deja de ser también una cuestión de gusto personal. Gustavo López Manzitti —que asumió el rol de Gabriele Adorno en todas las funciones por indisposición de Andrew Richards— también se inclinó hacia una vocalidad heroica y efusiva aunque afortunadamente el dueto de amor con la soprano lo encontró aplomado y dispuesto a colores más cálidos.

Una mención especial merece el barítono Fabián Veloz quien, con voz homogénea y bien proyectada, fraseo sutil y notable expresividad, ha sumado con este malvado Paolo Albiani otra brillante interpretación vocal a su ascendente carrera. Completaron el elenco las correctas intervenciones de Mario De Salvo, Fernando Chalabe y Cintia Velázquez.

La dirección de Stefano Ranzani ahondó en todos los vaivenes emocionales que la partitura transita, realizando un trabajo de concertación impecable como quedó plasmado en la gran escena del Consejo que cierra el primer acto con los escalofriantes y susurrados “Sia maledetto!”. El director no escatimó en potencia y energía siendo de alguna manera responsable de cierta tendencia a lo estentóreo en los cantantes que se vieron obligados a elevar la apuesta desde el escenario acudiendo al forte para hacerse oír. La vitalidad de la batuta de Ranzani se derramó sobre la Orquesta Estable, que redondeó una versión musical de gran jerarquía en la mejor tradición verdiana. Asimismo el Coro Estable fue responsable de grandes momentos musicales con un sonido homogéneo e interesante rango dinámico.

Roberto Frontali (Simon Boccanegra), junto a Ángela Marambio (Amelia Grimaldi) y Gustavo López Manzitti (Gabriele Adorno) en la escena final de Simon Boccanegra, Teatro Colón, 2011

Una versión musical intensa y matizada contó con un equipo vocal en el que lucieron más los conjuntos que las individualidades. La dirección escénica no logró articular un relato interesante que además permitiera al espectador orientarse en la enmarañada historia de Boccanegra, su hija perdida, los enemigos políticos con sus intrigas, los arrepentimientos tardíos, un rapto, un envenenamiento y el sacrificio de un padre por amor.

Ernesto Castagnino
ecastagnino@tiempodemusica.com.ar
Julio 2011


Fotografías gentileza Teatro Colón
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Publicado el 29/07/2011
     
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