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“Lucia di Lammermoor” en Turín : El triunfo del bel canto
La soprano Maria Grazia Schiavo protagonizó en el Teatro Regio una muy buena versión de la ópera de Donizetti, bajo la dirección musical de Bruno Campanella y puesta en escena de Graham Vick. Por Massimo Viazzo (corresponsal en Italia)
 

Maria Grazia Schiavo (Lucia) y Simone del Savio (Lord Enrico Ashton) en
el segundo acto de Lucia di Lammermoor, Teatro Regio de Turín, 2011

LUCIA DI LAMMERMOOR, ópera en tres actos de Gaetano Donizetti. Función del miércoles 22 de junio del 2011 en el Teatro Regio de Turín, Italia. Dirección musical: Bruno Campanella. Director de escena: Graham Vick. Escenografía y vestuario: Paul Brown, repuesto por Elena Cicorella. Iluminación: Nick Chelton. Elenco: Maria Grazia Schiavo (Lucia),  Piero Pretti (Edgardo di Ravenswood), Simone del Savio (Lord Enrico Ashton), Alessandro Guerzoni (Raimondo Bidebent), Saverio Fiore (Lord Arturo Busklaw), Federica Giansanti (Alisa). Cristiano Olivieri (Normanno). Orquesta y Coro del Teatro Regio de Turín. Director de coro: Claudio Fenoglio.

Un telón con cuadros escoceses de sobria tonalidad en verde y azul —en cuya parte inferior estaba escrito en rojo “Lucia di Lammermoor”— permaneció bajo durante la obertura, que desde la primera nota presagiaba que la tragedia se acercaba. El maestro Bruno Campanella, director de amplia experiencia, demostró en su regreso al Teatro Regio —del que fue durante varios años su director estable— su amplio conocimiento adquirido con la continua frecuentación de óperas de repertorio, especialmente aquellas del “bel canto”. Las melodías surgieron del foso con intensidad, exaltando la escritura y manteniendo las voces como una pintura de fuerte tinte sanguíneo.

La escena, mientras está en movimiento, dio la sensación de ser un cuadro fijo: los mismos elementos fueron los que se unieron para crear efectos de esencia poética, resaltada por las luces y las sombras —diseñadas por Nick Chelton—, que se sobreponían sobre un cielo tempestuoso, que se convirtió en el leitmotiv de la ambientación. Los pocos elementos estáticos fueron algunas rocas y arbustos de brezos en el primer acto, y luego rosas rojas, mientras que un árbol seco a un lado del escenario se erigía de manera simbólica. Sin embargo, la misma esencialidad de la eficaz escenografía de Paul Brown —y también de su clásico vestuario, repuesto por Elena Cicorella— contribuyó a amplificar diversos momentos, dejando que sea la obra musical la que prevalezca.

La dirección escénica de Graham Vick fue respetuosa de los cantantes: no tuvo por objetivo sorprender o tranquilizar al público repitiendo y proponiendo situaciones ya conocidas, pero logró captar lo útil y lo necesario. No renunció al duelo didáctico: en el dúo inicial con Alisa — bien interpretada por Federica Giasanti— no mostró la fuente, sino que la hizo intuir por el gesto de la mano de Lucia que simulaba salpicar de agua a la damisela. El símbolo de unión y fidelidad, el anillo, aquí fue sustituido por un collar, que sirvió eficazmente en escena cuando Edgardo, al descubrir la traición, lo desgarra de su cuello.

Maria Grazia Schiavo (Lucia) en el tercer acto de
Lucia di Lammermoor, Teatro Regio de Turín, 2011

Piero Pretti fue el tenor que cantó la parte de Sir Edgardo con un timbre particular e interesante, particularmente en los dúos. El barítono Simone del Savio encarnó a Lord Enrico Ashton con desenvoltura, ofreciendo una emisión segura y agradable, sobretodo en el segundo acto. El pequeño papel de Lord Arturo fue confiado al tenor Saverio Forte, quien lo interpretó bien, incluso desde el punto de vista actoral, mientras que Cristiano Olivieri interpretó a Normanno con voz firme y clara.

El personaje de Raimondo fue encomendado a Alessandro Guerzoni quien, con técnica vocal sólida y presencia física espontánea, estuvo muy inquieto mientras anunciaba, con voz profunda y bien modulada, la tragedia ocurrida y la inminente locura de Lucia. El siempre óptimo coro, dirigido por el maestro Claudio Fenoglio, fue parte integral y protagonista de diversas situaciones de la ópera, en las que los cantantes se convirtieron en un alegre grupo que bailaba o en espectadores asustados de la sangre que cubría el blanco vestido de Lucia… “Ardon gli incensi”. Maria Grazia Schiavo, una indiscutida y óptima intérprete, apreciada durante toda la ópera, llevó al epílogo de la historia: delira, anhela y recuerda “Verranno a te sull’aure”. Con voz luminosa, dio precisos toques de colores a las variaciones, con la sola intención de pintar un fresco que no debería impresionar o sorprender sino que debe permanecer, como lo hizo, en los ojos y en los oídos por la sobria y armónica elegancia. La música vence siempre.

Massimo Viazzo
Italia, junio 2011


Imágenes gentileza Fundación Teatro Regio de Turín / Fotografías de Ramella & Giannese
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Publicado el 12/07/2011
     
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