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“Il Trittico” en el Teatro Colón : Entre tinieblas
Con una propuesta visual uniforme y una dirección musical poco inspirada, la nueva producción de la ópera pucciniana no logró despertar demasiado entusiasmo. Por Ernesto Castagnino
 

Escena inicial de Il tabarro, Teatro Colón, 2011

IL TRITTICO de Giacomo Puccini. Función del viernes 10 de junio de 2011 en el Teatro Colón. Nueva producción escénica. Dirección musical: Richard Buckley. Director de escena e iluminación: Stefano Poda. Escenografía: Daniel Feijoo. Vestuario: Cristina Pineda. Elenco: Il tabarro: Juan Pons (Michele), Amarilli Nizza (Giorgetta), Carl Tanner (Luigi), Mario De Salvo (Talpa), Agnes Zwierko (Frugola), Gabriel Renaud (Tinca), Duilio Smiriglia (Vendedor de canciones), Marina Silva y Santiago Bürgi (Amantes) / Gianni Schicchi: Juan Pons (Gianni Schicchi), Beatriz Díaz (Lauretta), Darío Schmunck (Rinuccio), Agnes Zwierko (Zita), Osvaldo Peroni (Gherardo), Irene Burt (Nella), Mario De Salvo (Simone), Alicia Cecotti (La Ciesca), Leonardo Estévez (Betto), Norberto Marcos (Marco), Sebastiano De Filippi (Mtro. Spinellocio), Fernando Grassi (Ser Amantio), Christian Peregrino (Pinellino), Alejandro Di Nardo (Guccio), Guido Sanz (Gherardino), Ramiro Cony (Amigo de Gherardino) / Suor Angelica: Amarilli Nizza (Suor Angelica), Agnes Zwierko (La Tía Princesa), Lucila Ramos Mañé (Abadesa), María Luján Mirabelli (Celadora), Alicia Cecotti (Maestra de novicias), Eliana Bayón (Suor Genovieffa), Victoria Gaeta (Suor Osmina), Oriana Favaro (Suor Dolcina), Fabiola Masino (Novicia), Gabriela Ceaglio y Montserrat Maldonado (Conversas), Laura Polverini y Vanesa Mautner (Mendicantes), Mateo Zuker y Valentín Gobet (Niños). Orquesta y Coro Estables del Teatro Colón. Coro de Niños del Teatro Colón. Director de coro: Peter Burian. Director del coro de niños: César Bustamante.

En los últimos días se ha presentado en notas y gacetillas periodísticas a Il Trittico de Giacomo Puccini como una ópera en la que cada una de sus partes se corresponde con la división entre Infierno, Purgatorio y Paraíso que Dante hizo en la Divina Comedia. La idea, que se instaló como una verdad incuestionable, corrió como reguero de pólvora en los pasillos durante los intervalos de la función de estreno, donde se podían escuchar acaloradas y sesudas discusiones acerca de qué parte de la obra de Dante se acababa de ver y cuál vendría a continuación.

La hipótesis de que Puccini ideó cada parte de Il Trittico teniendo en cuenta las tres secciones de la obra de Dante se debe a Mosco Carner, biógrafo del compositor, quien hace referencia en su libro a un proyecto inicial en el que la ópera se sostendría en esa tripartición, plan que finalmente no se concretó. A tal punto no se concretó que las tres partes del Tríptico se fueron armando a medida que surgieron los argumentos y ni siquiera son obra de un único libretista.

Que, como se dice, Il tabarro corresponda al Infierno se admite por el sólo expediente de equiparar el mundo proletario y sus sufrimientos a los abismos infernales, lo cual revela más de aquel que sostiene la idea que de la obra pucciniana. Que una monja que se suicida (Suor Angelica) —sabiendo lo que para el dogma religioso significa el suicidio— suponga el paso por el Purgatorio, es, como mínimo, cuestionable. Pero asimilar el último episodio con el Paraíso —el único tema extraído del poema de Dante pero no del Paraíso sino del Infierno— solamente porque es cómico y finaliza con el dueto entre los jóvenes enamorados, es simplemente difícil de justificar. En Gianni Schicchi se cuenta la historia de un ladrón, simpático sin duda, pero dudo que exista una distinción teológica entre los pecados según los cometa alguien simpático o no.

Una de las escenas iniciales de Gianni Schicchi, Teatro Colón, 2011

La penúltima ópera de Puccini y la última que se estrenó en vida del compositor —Turandot fue estrenada post mortem— es una interesante incursión del compositor en el terreno de las óperas breves, al estilo de Cavalleria rusticana, I Pagliacci o Violanta, pero conformando un tríptico, o sea otorgándole una unidad. Ese hilo conductor va más allá de la disparidad de sus argumentos o de las ideas peregrinas de un biógrafo, y lo encontramos en la música, en las maravillosas ideas musicales que el compositor, ya en su período de madurez, pudo enhebrar a través de estas tres historias.

El director de escena Stefano Poda decidió modificar el orden pensado por Puccini (Il tabarro-Suor Angelica-Gianni Schicchi) intercalando la ópera cómica Gianni Schicchi entre las dos tragedias. El motivo parece un poco rebuscado y se fundamenta en el efecto catártico que producía, para los griegos, el contraste entre tragedia y comedia. La idea parece algo antojadiza si pensamos que el contraste buscado no se produce sólo por el orden de las historias y por otro lado se parte del supuesto discutible de que la katarsis en el público actual se produciría en el mismo punto o bajo las mismas condiciones que en el siglo V antes de Cristo.

No obstante, la puesta escénica de Poda tuvo sus aciertos como los movimientos ralentados que seguían los personajes secundarios y los figurantes, lo que generaba un foco dramático sobre el drama de los protagonistas. Ese recurso tuvo muy buen efecto y creó bellas imágenes en Il tabarro y Suor Angelica, aunque no alcanzó para mantener el interés. El diseño de escenografía de Daniel Feijoo y el vestuario de Cristina Pineda se mantuvieron en un monocromatismo tan extremo que por momentos resultaba imposible diferenciar a los personajes o entender sus movimientos. No deja de resultar curioso que un director que se pone como meta acentuar los contrastes realice una puesta visual donde los borra prácticamente a todos, excepto los efectos logrados con la iluminación —también debida a Stefano Poda—, algunos muy interesantes.

Escena de Suor Angelica, Teatro Colón, 2011

El director norteamericano Richard Buckley no parece haber encontrado en esta partitura la inspiración suficiente y su concertación no se elevó por encima de la corrección. La fusión entre el discurso orquestal y los cantantes no siempre se logró, y algunos desencuentros bastante notorios como en el aria “Senza mamma” de Suor Angelica, hicieron pensar en un trabajo de ensayo tal vez insuficiente. Bajo su batuta, la Orquesta Estable tuvo un muy buen rendimiento aunque la tendencia al forte y mezzoforte ahogó un poco las voces.

El barítono Juan Pons tuvo a su cargo los roles de Michele (Il tabarro) y Gianni Schicchi, con los cuales demostró que puede moverse con igual eficacia en las facetas dramática y cómica, aunque su personificación del hosco capitán de barco en la primera ópera fue sin duda superior. La autoridad y presencia escénica del barítono español compensó algunas limitaciones debidas al desgaste natural de una voz que ya no transita su momento de plenitud. La soprano Amarilli Nizza también emprendió el doble compromiso de encarnar a Giorgetta en Il tabarro y luego a Suor Angelica, con buenos resultados en general, aunque no parecen ser estos los roles en los que vaya a dejar un recuerdo imborrable. La emisión no fue siempre pareja, con un registro grave que tendía a lo gutural, mientras que interpretativamente la vehemencia e ímpetu que imprimió a dos personajes en los que la resignación a sufrir en silencio es un rasgo distintivo, fue tan novedosa como desconcertante.

Amarilli Nizza (Giorgetta) y Juan Pons (Michele) en Il tabarro, Teatro Colón, 2011

Otra cantante que cumplió un cometido múltiple fue la mezzosoprano Agnes Zwierko quien se impuso como eficaz intérprete, si bien vocalmente se fue afirmando desde su primera aparición como Frugola (Il tabarro) y Zita (Gianni Schicchi) hasta alcanzar momentos sobrecogedores como la Zia Principesca en el dueto con la soprano en Suor Angelica, una de las escenas más perturbadoras escritas para la ópera. El tenor Carl Tanner completó el triángulo amoroso de Il tabarro con un estentóreo Luigi, en tanto Mario De Salvo y Agnes Zwierko lograron transmitir esa mezcla de tristeza y ternura que Puccini confirió a los viejos Talpa y Frugola en su breve dueto.

En Gianni Schicchi, la pareja de enamorados estuvo a cargo de Beatriz Díaz y Dario Schmunck quienes cantaron con sentimiento sus arias respectivas “O mio babbino caro” y “Firenze è come un albero fiorito”, mientras que Osvaldo Peroni, Irene Burt, Mario De Salvo, Alicia Cecotti, Leonardo Estévez y Norberto Marcos completaban la familia de Buoso Donati. En Suor Angelica completaban el elenco, entre otras, Lucila Ramos Mañé, María Luján Mirabelli, Alicia Cecotti, Eliana Bayón y Victoria Gaeta.

En esta oportunidad, a pesar de la interesante atmósfera creada por la densa luz de las tinieblas en que se desarrollaron las tres obras, el resultado general tendió a la monotonía, echándose en falta los matices y contrastes propios de esta trilogía, y demostrando que la búsqueda de unidad no se logra borrando las diferencias.

Ernesto Castagnino
ecastagnino@tiempodemusica.com.ar
Junio 2011


Fotografías gentileza Teatro Colón
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Publicado el 15/06/2011
     
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