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“Cuando callan los patos” en el Teatro La Mueca : Esperando a los patos
Con un elenco destacable y una sonoridad particular, el multifacético Lautaro Metral crea un audaz “absurdo”, dando por resultado una obra de teatro musical bien diferente. Por Luciano Marra de la Fuente
 

Leandro Bassano (Fish), Renzo Morelli (Sixto), Lionel Arostegui (Erico), Mariano Fabricante (Egbert) en una escena de Cuando callan los patos, Teatro La Mueca, 2011

CUANDO CALLAN LOS PATOS, absurdo musical con libro, música y dirección escénica de Lautaro Metral. Función del viernes 3 de junio de 2011 en el Teatro La Mueca, Av. Córdoba 5300, Ciudad de Buenos Aires. Coreografía: Seku Faillace, repuesta por Juan Gentile. Escenografía y vestuario: Eugenia Brandulo. Iluminación: Yamil Chapa. Elenco: Mariano Fabricante (Egbert), Renzo Morelli (Sixto), Lionel Arostegui (Erico), Leandro Bassano (Fish), Marta Mediavilla (Fina). Músicos: Pablo Camaño, guitarra; Jerónimo Descole, violín; Pablo Da Silva, trompeta; Gonzalo García, cajón peruano.

El vaivén entre lo establecido y lo experimental es una constante en todas las disciplinas artísticas. Lo que es novedoso y rompe con las expectativas del público, con el paso del tiempo se vuelve repetido y conocido. Así se generan fórmulas seguras que es necesario corroer para generar nuevas propuestas. Esta oscilación se puede ver a lo largo de toda la historia del teatro musical, desde Claudio Monteverdi hasta nuestros días. En el teatro musical comercial actual es común encontrarse con fórmulas que se repiten por sólo el hecho de cumplir su razón de ser, complacer al público y ser un éxito comercial.

Sorprende que Cuando callan los patos del cordobés Lautaro Metral rompa con esa expectativa y proponga una experimentación en cuanto a contenido, sobre un formato tradicional de musical caracterizado por una alternancia de partes dialogadas con canciones. El riesgo de Metral es máximo al asumir toda la responsabilidad creativa de la obra, escribiendo un libreto original, una música ecléctica y una puesta en escena bien pensada, acompañada por una creativa coreografía de Seku Faillace y un marco escénico acorde.

La audacia de Cuando callan los patos parte ya desde lo argumental. Cuatro varones, con características bien diferenciadas desde lo corporal y lo vocal, están en un basural esperando ver al día siguiente a los patos, aunque saben que “los patos están callados”. Esta espera —tal vez haciendo referencia a la obra de teatro absurdo por excelencia, Esperando a Godot de Beckett— es interrumpida con la llegada de una mujer, que siempre anduvo rondando el centro de la acción, y que le da mayor dinamismo al grupo. Las situaciones que se generan a lo largo de la obra no tienen a simple vista una relación entre sí: una consulta médica, una conversación por teléfono, un parto, la lectura de libros, la recreación de El pensador de Rodin, tomar el mate en casa de amigos y un romance, entre tantas otras.

Marta Mediavilla (Fina) y los músicos en una de las canciones
de Cuando callan los patos, Teatro La Mueca, 2011

Sin perder ritmo escénico, el texto de Metral está lleno de repeticiones y juegos de palabras, alusiones a la cultura popular, definiciones de diccionario y citas a textos bien diversos —desde una receta de cocina o libros como Harry Potter, a películas y series de televisión. En su música se encuentran giros de ritmos populares tales como el vals, la balada, el blues, el rock pesado y el canto de murga. La sonoridad de las ocho canciones que conforman la obra es bien curiosa ya que su acompañamiento instrumental está integrado por un violín, una trompeta, una guitarra eléctrica y un cajón peruano, todos ellos muy bien interpretados y aprovechados en sus más variadas posibilidades.

Se buscó la suciedad en el diseño de sonido al intervenir —al menos en la función que se reseña— con ruidos blancos e interferencias cuando los intérpretes utilizan el micrófono de mano en las canciones. Este efecto le quitó claridad a las letras, provocando una gran diferencia con el texto hablado —que se escuchaba muy preciso—, y dio una sensación de dos elementos separados, no integrados en la continuidad discursiva.

La puesta en escena, como el texto, también apeló a la repetición de acciones mecánicas y a los juegos escénicos, utilizando objetos cotidianos con otro sentido teatral y generando un vínculo intenso entre los cinco intérpretes. Al comienzo quizá hubo un desborde de energía interpretativa, que durante la obra se fue atenuando hasta adquirir su punto justo. Es cierto que la primera parte tiende más al desparpajo y la sorpresa escénica, mientras que con la llegada de la mujer la obra se pone más intimista y reflexiva. Cumplen con este cometido el elenco integrado por Mariano Fabricante, Renzo Morelli, Lionel Arostegui, Leandro Bassano y Marta Mediavilla, quienes realizan un trabajo vocal e interpretativo estupendo.

Leandro Bassano (Fish), Marta Mediavilla (Fina), Renzo Morelli (Sixto),
Lionel Arostegui (Erico) y Mariano Fabricante (Egbert) en una escena
de Cuando callan los patos, Teatro La Mueca, 2011

De esta manera, la propuesta de Cuando callan los patos —autodenominada “absurdo musical”— empieza a corroer los formatos ya conocidos en los musicales locales, con su argumento no lineal, un texto divertido, una música efectiva y una puesta en escena creativa con intérpretes entregados a su lógica. El resultado es sumamente positivo, demostrando que el género está vivo y en una bienvenida renovación.

Luciano Marra de la Fuente
editor@tiempodemusica.com.ar
Junio 2011


Fotografías gentileza Ayni Comunicación
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Publicado el 07/06/2011
     
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