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Y siga el musical…
Cada año Buenos Aires se está ganando el título de la capital latinoamericana de los “musicales” por la cantidad y variedad de obras de ese género que se presentan en su cartelera. Un repaso en este artículo por las propuestas de 2010. Por Luciano Marra de la Fuente
 

Melania Lenoir comanda al grupo de bailarines en "All that Jazz"
de Chicago, Teatro Lola Membrives, 2010

En la ciudad de Buenos Aires, el género de los “musicales” está generando un fenómeno que cada año va en aumento. Este tipo de obra teatral-musical-comercial es presentada en variadas propuestas de creadores locales, extranjeros y de diferentes generaciones, mientras que paralelamente va ganando cada vez más adeptos entre el público. 2010 fue un digno ejemplo de este creciente interés.

Es significativo también que este año se haya creado y realizado la primera entrega de los Premios Hugo, una iniciativa del director y coreógrafo Ricky Pashkus y del periodista e investigador Pablo Gorlero, quienes crearon una Asociación Civil sin fines de lucro para tal fin. Un jurado integrado por periodistas y actores, más representantes de escuelas e instituciones del quehacer teatral-musical, fue el encargado de premiar la actividad de septiembre de 2009 a septiembre de 2010.

Asimismo, en diciembre pasado, tal como informa Gorlero en La Nación, se anunció para abril de este año la realización del Primer Festival Latinoamericano de Teatro Musical Joven, organizado por el novel Colectivo de Teatro Musical, “un grupo de trabajo en cooperación integrado por jóvenes autores, directores y músicos, que incentiva y estimula la actividad del teatro musical, para compartir sus procesos creativos”.

Analizar desde Tiempo de Música las diferentes propuestas presentadas el año pasado en la cartelera porteña significa darle un espacio a este género, muchas veces subestimado, que conjuga todas las artes y que genera una relación directa con el público masivo, como en épocas pretéritas la tuvo la ópera.

1. La repetición de los “mega”

En estos dos últimos años se ha reactivado la costumbre —que desde finales de los noventas se empezó a imponer— de traer producciones tal cual fueran estrenadas en sus países de origen, las llamadas “mega-producciones”. Este sistema permite ver cómo actualmente se están realizando las obras más exitosas en Londres y Broadway, pero que llegan a todo el mundo de la misma manera, en un proceso cerrado que no incluye a las particularidades del elenco local elegido. Lamentablemente, este año no llegaron novedades sino reposiciones de La bella y la bestia al renovado Teatro Opera Citi y Chicago al Teatro Lola Membrives, ambas ya consagradas por el público porteño en 1998 y 2001 respectivamente.

"Nuestro huésped" de La bella y la bestia, Teatro Ópera Citi, 2010 /
Fotografía de Matías Galán/T4F

De la factoría Disney, La bella y la bestia reproduce las diferentes instancias de la película en una estructura clásica de canciones y escenas dialogadas. La puesta, original de 1994 y la primera que Disney realiza para Broadway, posee una escenografía “a la italiana” de bellos telones pintados, una estructura corpórea para el castillo de la Bestia y algunos complementos más que funcionan como un mecanismo de reloj y que se ve un tanto aparatosa y resentida por el paso del tiempo. Los largos diálogos en español neutro —hubiera sido interesante realizar una versión al habla local— hacen que la obra llegue a casi tres horas de duración.

Hay números vistosos desde lo coreográfico, como “Gastón” y sobre todo “Nuestro huésped”, el punto más alto de esta producción, más allá de la estética kitsch de ver bailar cuchillos, tenedores y demás utensilios a la Disney… En el plano vocal de esta versión 2010 —que fue estrenada en marzo y tuvo funciones hasta agosto—, la verdadera estrella fue la Sra. Potts de Marisol Otero —la anterior Bella de 1998— que se lució en la sencilla y hermosa canción principal. A su lado, la pareja protagónica conformada por los jóvenes Magalí Sánchez Aleno y Martín Ruiz tendieron a la sobreactuación y a un canto desparejo.

Chicago, el exitoso musical de 1975 creado por John Kander (música) y Fred Ebb (textos) con el director y coreógrafo Bob Fosse, se presentó en noviembre pasado —y aún sigue en cartel en el Lola Membrives—, en la nueva producción de Broadway concebida en 1996 por Walter Bobbie. La escenografía minimalista, con la banda omnipresente, y una iluminación contrastante remarca el artificio del show —con un consecuente distanciamiento de los personajes—, focalizándose en el canto y en la coreografía milimétrica de Ann Reinking al estilo de Fosse.

Melania Lenoir (Velma) y Natalia Cociuffo (Roxie) interpretando "Hoy por hoy", último escena de Chicago, Teatro Lola Membrives, 2010

Dos jóvenes artistas que vienen trabajando hace varios años en nuestro medio se ganaron los difíciles personajes protagónicos de Roxie Hart y Velma Kelly. Natalia Cociuffo, con una voz imponente, interpreta con el desparpajo que le sienta bien a Roxie. Melania Lenoir brilla como Velma, en especial en el tour de force cantado y bailado que es “Sola no lo puedo hacer”. Junto a ellas se destacan Martín Ruiz, con una presencia vocal y escénica impactante como Billy Flynn—en un registro totalmente diferente al de La bella y la bestia—, la grave y expresiva voz de Alejandra Perluzky como Mama Morton, el afinadísimo Martín Rivero en el muy difícil papel cantado en falsete de Mary Sunshine y la expresividad justa de Horacio Vay como Amos.

El resto del elenco está brillante, acompañado por la orquesta dirigida por Gerardo Gardelín que va adquiriendo mayor swing al avanzar la función. Es de destacarse la creativa y desopilante versión de los textos en español rioplatense a cargo de Gonzalo Demaría. Es, pues, una bienvenida reposición a cargo de un excelente elenco —desde los protagonistas hasta el último bailarín— que está al servicio del mensaje y el humor ácido de la obra que aún siguen presentes.

2. Apropiaciones de lo lejano
3. De lo nuestro…
4. A la búsqueda de un estilo propio

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Publicado el 30/01/2011
     
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