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Quinto Festival de Música Antigua en Buenos Aires : Barroco colonial y mestizaje musical
En el marco de este Festival se presentaron, en la Iglesia de San Ignacio de Loyola, tres prestigiosos ensambles dedicados a la música barroca latinoamericana. Por Ernesto Castagnino
 

Parroquia San Ignacio de Loyola, Buenos Aires

VÍSPERAS SOLEMNES DE SAN IGNACIO de Domenico Zipoli y Roque Ceruti. Concierto del martes 2 de noviembre de 2010 en la Parroquia San Ignacio de Loyola, organizado por 5º Festival de Música Antigua. Capilla Panamericana (Francia y Argentina). Coro de Niños Zipoli. Director de orquesta: Gabriel Garrido. Solistas: Selene Lara Iervasi, Marcela López Sánchez, Paola Ariadna Cuellar Rendón y Laura Delogu, sopranos; Maximiliano Baños, Damián Ramírez y Pablo Travaglino, contratenores; Chia-i Hsiao y Pablo Pollitzer, tenores; Fabián Neira, barítono.
ENSAMBLE BARROCO CHIQUITANO (BOLIVIA). CORO DE SANTIAGO DE CHIQUITOS (BOLIVIA). Anónimo: San Francisco Xavier, ópera (ed. Piotr Nawrot). Concierto del martes 9 de noviembre de 2010 en la Parroquia San Ignacio de Loyola, organizado por 5º Festival de Música Antigua. Director de orquesta: Rubén Darío Suárez Arana Mercado. Directora del Coro: Karla Raquel Santiago. Solistas: Carolina Zabala (San Ignacio); Mercedes Papu (San Francisco Xavier); Arnaldo Urzagaste (Demonio); Macario Yarita, Ascencio Yambami (Mensajeros); Santiago Rojas, Eddy Galarza (Sombras del Demonio).
CORO Y ORQUESTA SAN IGNACIO DE MOXOS (Bolivia) y CORO NACIONAL DE NIÑOS (Argentina). Concierto del martes 16 de noviembre de 2010 en la Parroquia San Ignacio de Loyola, organizado por 5º Festival de Música Antigua. Directora: Raquel Maldonado. Directora del Coro: María Isabel Sanz. Obras: Misa San Ignacio de Domenico Zipoli; Sonata III (Anónimo); Sonata X de Pietro Locatelli; Versos Tradicionales y Velorio (Anónimo).

¿Es posible dar una definición clara y unívoca de en qué consisten “nuestras raíces” en términos musicales? Tal vez un primer paso debería ser analizar qué incluye ese “nosotros”. En estas épocas de revisionismo histórico y recuperación de la unidad y la hermandad latinoamericanas, tenemos mejor perspectiva para analizar ese complejo universo que se conforma a partir del choque entre las culturas nativas y los españoles primero, y más tarde las sucesivas inmigraciones que llegan desde Europa y son recibidas en América. Sabemos que el concepto de “lo colonial” no se refiere solamente al período histórico comprendido entre los siglos XVI y XVIII sino que describe procesos políticos, económicos y culturales que se extendieron más allá de ese período.

La recuperación de un archivo musical olvidado durante siglos —a la que contribuyó en gran medida el trabajo del musicólogo Piotr Nawrot (1)— permitió comenzar a conocer desde la última década del siglo XX el patrimonio musical de las misiones jesuíticas en Bolivia y Paraguay. Ese archivo, en el que aparecen composiciones europeas y nativas, creadas con el objetivo de evangelizar a los pueblos conquistados, es testimonio privilegiado del encuentro y mestizaje de lo europeo con lo indígena. Los jesuitas tenían una actitud de paternal tolerancia hacia las costumbres y ritos de las culturas que querían evangelizar, sabiendo que de esa manera les era posible introducir la fe católica, y por eso convivían y se combinaban la música académica europea con la música de los pueblos conquistados. Esta combinación singular, en la que las composiciones litúrgicas eran escritas en las lenguas nativas y se utilizaban junto a los instrumentos europeos los propios de cada cultura, se llama "barroco misional" para diferenciarlo del "barroco catedralicio" americano, propio de los centros urbanos, en donde predominaba el español y el latín.

Gabriel Garrido dirigiendo a la Capilla Panamericana

Muestra cabal de ese barroco catedralicio son las Vísperas solemnes de San Ignacio, estrenada en La Plata (Sucre) cerca de 1740. En ella Gabriel Garrido realizó un trabajo de reconstrucción de fragmentos pertenecientes a Roque Ceruti (Milán 1686-Lima 1760), Domenico Zipoli (Prato 1688-Córdoba 1726), Eustaquio Franco, Juan de Araujo y otros que permanecen anónimos, con el fin de mostrar lo que podría haber sido un oficio religioso en una ciudad colonial durante el siglo XVIII.

El ensamble Capilla Panamericana nació en 2008 y está conformado por jóvenes músicos de diferentes países de América Latina en torno a un proyecto artístico común cuyo marco es el Centro Internacional de los Caminos del Barroco y cuyo propósito es el estudio y la formación en el repertorio barroco americano. En esta ocasión, frente al imponente altar de la Iglesia San Ignacio de Loyola, un magnífico ensamble orquestal se puso a las órdenes de Gabriel Garrido para brindar una interpretación de estas Vísperas constituidas por Salmos y Motetes separados por antífonas y culminados con el espectacular Magnificat de Ceruti y el Salve Regina. El Coro de Niños Domenico Zipoli de Córdoba tuvo un destacado desempeño, mostrándose como un conjunto muy disciplinado y de sonido homogéneo.

Garrido logró recrear la grandilocuencia y la pompa que indudablemente debían tener estos oficios religiosos destinados a impresionar a los indígenas recientemente evangelizados, disponiendo a los solistas en la apertura y el cierre en las naves laterales superiores con lo que se creaba una reverberancia de gran efecto. Entre los solistas se destacaron las voces de soprano por proyección, expresividad y afinación.

El Ensamble Barroco Chiqutano, dirigido por Rubén Darío Suárez
Arana Mercado, junto al Coro de Santiago de Chiquitos

La ópera San Francisco Xavier, en lengua chiquitana, es un exponente de ese mestizaje cultural, y la única ópera que se conserva en esa lengua. En edición de Piotr Nawrot, Gabriel Garrido la grabó en 2000 para el sello K617 y fue interpretada por él con el Ensamble Elyma ese mismo año en la Catedral de San Isidro y el Museo Isaac Fernández Blanco. Se trata de un diálogo entre San Francisco Javier (mezzosoprano) y San Ignacio de Loyola (soprano) que se encuentran en el cielo y comienzan a ver desde allí al mundo. Con una puesta escénica que consistió en algunas gigantografías de paisajes de la región de la Chiquitania y la caracterización de los dos santos, se conformó un cuadro de estilo naïve, de gran frescura y sencillez.

Escuchar al Coro de Santiago de Chiquitos conformado por 20 niños entre los cuales se encontraban las dos niñas que cantaban las partes solistas, cantando y declamando en una de sus lenguas originarias, resultó una experiencia emocionante e inolvidable. El Ensamble Barroco Chiquitano, conformado por jóvenes músicos y dirigido por Rubén Darío Suárez Arana Mercado, ejecutó con virtuosismo y claridad esta partitura de autor anónimo.

El tercer concierto estuvo a cargo del Coro y Orquesta de San Ignacio de Moxos. Para la obra más extensa del programa, la Misa San Ignacio de Zipoli, el ensamble instrumental y los solistas contaron con la solvencia del Coro Nacional de Niños. Las partes solistas para soprano a cargo de Celsa Callaú resultaron, junto a las profundas resonancias de los "bajones" (2) ejecutados por Frank Vaca y Wilber Peña, los momentos musicalmente más destacables del concierto. Parte del patrimonio del barroco misional son los velorios de santos que se celebraban la noche previa a la festividad, alternando rezos, danzas y fiesta, que expresan claramente ese sincretismo religioso al que se aludía al comienzo. El conjunto dio una muy bella interpretación, con máscaras y trajes, de lo que podría haber sido una de estas celebraciones, destacándose por la espectacularidad de los tocados de plumas de guacamayo, la "Marcha de macheteros".

Coro de San Ignacio de Moxos

Con dirección musical de Raquel Maldonado, los músicos van intercalando instrumentos —por lo general tocan dos y hasta tres instrumentos diferentes— según se requiera. El ensamble instrumental y vocal, formado por un grupo de jóvenes entusiastas, logra transmitir el amor por lo que hace y el compromiso con que emprende la difusión de un patrimonio cultural de enorme riqueza y del que conocemos realmente bastante poco.

En el marco de la recientemente restaurada Iglesia de San Ignacio, que este año cumple 300 años, estos tres conciertos del Quinto Festival de Música Antigua permitieron al público argentino conocer parte de un legado musical que afortunadamente está siendo recuperado. En tiempos de reivindicación y revalorización de la memoria, gracias a la toma de conciencia sobre una parte de nuestra historia mucho tiempo negada, y a la formación de jóvenes en la interpretación y conservación de un repertorio musical que da cuenta de esa historia, es posible dar respuesta a la pregunta planteada al comienzo acerca de quienes somos.

Ernesto Castagnino
ecastagnino@tiempodemusica.com.ar
Noviembre 2010


Notas
(1) Organista y musicólogo nacido en Polonia en 1955. Luego de su ordenación como sacerdote se estableció en el Paraguay, donde trabajó como misionero en Santa María y Encarnación, emplazamiento de las antiguas Reducciones Jesuíticas. A partir de 1994 trabajó en Bolivia donde publicó sus recopilaciones del Archivo Musical de Moxos y otras reducciones jesuíticas.
(2) Instrumento de origen precolombino para ser tocado en pareja. Cada parte está compuesta de varios tubos largos a manera de trompeta, tejidos con hojas de palmera y ordenados de mayor a menor, como una flauta de pan, que se complementan en la alternancia de las notas de su escala.
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Publicado el 29/11/2010
     
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