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“La Pasión según San Mateo” en el Teatro Colón : Una pasión para recordar
Como cierre de la temporada, Festivales Musicales ofreció una destacable versión del oratorio de Bach con un elevado desempeño del Coro Orfeón de Buenos Aires y de algunos solistas. Por Ernesto Castagnino
 

Mario Videla, dirigiendo a la Camerata Bariloche
y al Orfeón de Buenos Aires en el Teatro Colón

LA PASIÓN SEGÚN SAN MATEO, BWV 244, oratorio en dos partes de Johann Sebastian Bach. Concierto del viernes 12 de noviembre de 2010 en el Teatro Colón, organizado por Festivales Musicales de Buenos Aires. Camerana Bariloche. Coro Orfeón de Buenos Aires y Coro de Niños. Director de orquesta: Mario Videla. Directores de coro: Néstor Andrenacci y Pablo Piccinni. Solistas: Christophe Einhorn, tenor (Evangelista); Sergio Carlevaris, barítono (Jesús); Soledad de la Rosa, soprano; Virginia Correa Dupuy, mezzosoprano; Martín Oro, contratenor; Sebastian Brouwer, tenor; Alejandro Meerapfel, barítono (Judas, Pedro); Víctor Torres, barítono (Pilatos), Silvia Cambiaos y Jorge Carradori (Testigos); Marcos Devoto (Pontífice); Estelle Solem y Camila Albores (Criadas); Damián Báez y Pablo Piccinni (Sacerdotes); Alejandra Murri Ganchev (Esposa de Pilatos).

La ejecución del oratorio La Pasión según San Mateo es un acontecimiento musical en sí mismo ya que es una de esas obras fundamentales y referenciales que señalan uno de los puntos más altos del genio creativo de Johann Sebastian Bach. Se trata de la música más dramática compuesta por este compositor alemán que abominaba de la ópera y la música teatral procedente de Italia y Francia. El género oratorio-pasión, de larga tradición en Alemania, consiste en una descripción musical a gran escala de los últimos días de la vida de Cristo, y el hilo narrativo se sostiene en la figura del Evangelista (tenor) que, a través de recitativos, va relatando los hechos. Cristo (barítono) aparece como personaje y, aunque no posee arias, tiene intervenciones muy efectivas desde el punto de vista dramático. También hay breves apariciones de otros personajes como Pedro, Pilatos y Judas. Intercalados entre los recitativos del Evangelista hay números corales y arias para las cuatro voces solistas sobre textos del poeta Picander —seudónimo de Christian Friedrich Henrici. Desde el punto de vista musical, estamos frente a una obra monumental para solistas, coro doble y orquesta también doble en la que ambas partes dialogan, desarrollando una compleja polifonía de gigantescas proporciones.

Mario Videla, especialista en la obra de Bach y director musical de esta versión, estuvo al frente del orgánico instrumental y vocal, logrando un muy buen resultado global. La concertación, prolija y cuidadosa del tempo, no careció de dramatismo y efectivos contrastes. Los músicos de la Camerata Bariloche, divididos en dos orquestas a un lado y otro del escenario, alcanzaron momentos brillantes en los tutti y algunos solos de gran belleza, como el de violín a cargo de Pablo Saraví en el aria para contralto “Erbarme dich” (Ten piedad de mí) o el de viola da gamba de Juan Manuel Quintana en las arias “Geduld, geduld” (¡Paciencia, paciencia!) y “Komm, süßes Kreuz” (Ven, dulce cruz).

El coro en las Pasiones y oratorios es un personaje central, el del pueblo o turba, y alcanza en esta obra proporciones operísticas en sus intervenciones. El Orfeón de Buenos Aires luego de un endeble comienzo en “Kommt, ihr Töchter” (Venid, hijas) adquirió un sonido empastado y homogéneo con el que fue creciendo hasta alcanzar un momento de conmovedora belleza en “Wenn ich einmal soll scheiden” (Cuando yo deba partir). Categórico e incisivo en las intervenciones episódicas con que se subrayan los momentos más dramáticos, el coro preparado por Néstor Andrenacci y Pablo Piccinni se impuso con autoridad y se llevó una gran ovación del público. No tan convincente resultó la participación del coro de niños formado por el Coro de Niños del Orfeón de Buenos Aires y el Coro de Niños de la Escuela de Música Nº 9 D. E. 15, que formó el ripieno en los corales que abren y cierran la primera parte del oratorio.

Mario Videla

Entre los solistas, merece destacarse al formidable Evangelista del tenor Christophe Einhorn quien, con impecable articulación y deliciosos matices, mantuvo una interesante tensión a lo largo de toda la obra. Fueron sobresalientes los aportes de la soprano Soledad de la Rosa y del barítono Víctor Torres. La primera tuvo en sus dos arias un desempeño excelente y, con delicada línea vocal y timbre cristalino, protagonizó los momentos más conmovedores y bellos de la velada. El segundo posee un conocimiento profundo del estilo de canto barroco y así lo demostró en sus dos arias “Komm, süßes Kreuz” (Ven, dulce cruz) y “Mache dich, mein Herze” (Purifícate, corazón mío).

Profundos y bien proyectados acentos tuvo Sergio Carlevaris en su rol de Jesús y buen trabajo realizó Alejandro Meerapfel como Pedro y Judas. Menos interesantes resultaron los desempeños del contratenor Martín Oro —falta de homogeneidad en el registro y agudos tirantes—, del tenor Sebastian Brouwer —serias desafinaciones— y de la mezzosoprano Virginia Correa Dupuy —fuera de estilo y con escaso control del vibrato.

La firme dirección de Mario Videla, con una lectura clara y visión de conjunto, la contundencia del Orfeón de Buenos Aires y un equipo de solistas en el que hubo más aciertos que desaciertos, harán que esta Pasión sea recordada largo tiempo.

Ernesto Castagnino
ecastagnino@tiempodemusica.com.ar
Noviembre 2010


Fotografías gentileza Festivales Musicales de Buenos Aires
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Publicado el 20/11/2010
     
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