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“Misa en Si menor” de Bach en el Teatro Colón : El poder humanizante de la música
Como cierre de la temporada 2010 del Mozarteum, el Coro de Niños de Santo Tomás de Leipzig interpretó con autoridad y equilibrio la monumental Misa de Johann Sebastian Bach. Por Ernesto Castagnino
 

Coro de Niños de Santo Tomás de Leipzig

ORQUESTA BACH DE LA GEWANDHAUS DE LEIPZIG y CORO DE NIÑOS DE SANTO TOMÁS, LEIPZIG. Dirección: Georg Christoph Biller. Solistas: Gabriele Hierdeis, soprano; Britta Schwarz, contralto; Hans Jörg Mammel, tenor; Markus Flaig, barítono. Concierto del lunes 1º de noviembre de 2010 en el Teatro Colón, organizado por Mozarteum Argentino. Bach: Misa en Si menor, BWV 232.

La Misa en Si menor, BWV 232 de Johann Sebastian Bach fue compuesta en un período bastante extenso que comienza en 1724 y finaliza en 1748 aproximadamente, es decir, desde los 39 a los 63 años de edad del compositor. De proporciones monumentales, es uno de los exponentes más importantes —junto a la Missa Solemnis, Op. 123 de Ludwig van Beethoven— del género y ha dado lugar a encendidas polémicas teológicas acerca de su pertenencia a la liturgia católica o protestante, aunque es posible que fuera concebida para servir a ambas, lo que no es raro en un siglo donde reyes y príncipes cambiaban de confesión religiosa como de peluca. Pero la humanidad y universalidad que alcanza Bach en esta obra trasciende internas teológicas, diferencias de credo y cualquier otra división creada por la mano del hombre, ya que se trata de música profundamente espiritual y de una belleza capaz de conmover a quien disponga de un par de oídos y un mínimo de sensibilidad.

Las distintas secciones de la misa (Kyrie, Gloria, Credo, Sanctus y Agnus Dei) se suceden intercalando 6 arias y 3 dúos entre 15 números corales de enorme complejidad contrapuntística pero, a pesar de la presencia de números solistas, se trata de una obra coral, en la que la arquitectura musical de Bach alcanza uno de los puntos más altos de su genio creativo.

El Coro de Niños de Santo Tomás de Leipzig es una institución con casi ocho siglos de antigüedad y de la que Johann Sebastian Bach fue director (Thomaskantor o Cantor de Santo Tomás era el título exacto) desde 1723 hasta su muerte en 1750. Está formado por niños y jóvenes entre 9 y 18 años y su repertorio está orientado a la música sacra pero, como es obvio, su columna vertebral es la obra de Bach. Con semejante carta de presentación resulta difícil no sucumbir a la sugestión de sentirse trasladado al pasado presenciando un ritual que se repite frente a nosotros de la misma manera que hace dos siglos entre los habitantes de Leipzig.

El sonido de los coros de voces blancas —niños que aún no han cambiado la voz y que poseen registro de soprano o contralto— es etéreo y cristalino con escaso o nulo vibrato pero, según el caso, puede resultar a la larga algo frío o corto en expresividad. Por esto no siempre la elección de los directores recae en este tipo de voces sino en coros de adultos. También es muy variable la cantidad de coreutas requeridos, que van desde un reducido coro de cinco voces a amplios conjuntos corales de veinte o más integrantes.

En esta oportunidad, una treintena de niños sopranos y contraltos junto a una veintena de jóvenes tenores y bajos conformó un conjunto coral para el que la partitura de Bach parece no tener secretos. La claridad y belleza del sonido logrado por este disciplinadísimo coro fue indiscutible, como el trabajo de relojería realizado en los coros a seis (Sanctus) y ocho voces (Osanna) en los que la riqueza polifónica resultó abrumadoramente cristalina. Con gran autoridad dialogó el coro a cinco voces con las trompetas en el Gloria y solemnemente se replegó luego en los sombríos laberintos del Qui tollis peccata mundi en tono menor.

Del cuarteto solista se destacó la expresividad de la contralto Britta Schwarz, quien alcanzó uno de los puntos más altos de la velada cantando un sufriente y conmovedor Agnus Dei. Además de poseer una técnica vocal sólida y capacidad para proyectar su voz hasta la última fila, Schwarz logró transmitir en sus arias la profundidad espiritual de la partitura. La soprano Gabriele Hierdeis se mostró distante y su voz, si bien tiene cierto atractivo, no alcanzó demasiada intensidad. El tenor Hans Jörg Mammel tuvo algunos contratiempos con la tesitura en el Benedictus y al barítono Markus Flaig le faltó algo de aplomo para dialogar con los fagotes en Quoniam tu solus sanctus y luego con los oboes en Et in Spiritum Sanctus.

Georg Christoph Biller

La Orquesta Bach de la Gewandhaus de Leipzig creada en 1962, es un desprendimiento de la Gewandhaus de Leipzig, realizado con el objetivo de dedicarse exclusivamente a la obra de Johann Sebastian Bach. A pesar de tocar con instrumentos modernos consigue un sonido de enorme claridad y es estilísticamente irreprochable. Los obbligati de flauta en el dueto Domine Deus para soprano y tenor, y luego en el Benedictus, fueron ejecutados por Manfred Erich Ludwig con gran dulzura y virtuosismo, menos brillo tuvo el solo de violín de Christian Johannes Funke en Laudamus te.

La lectura del director Georg Christoph Biller —con tempi moderados aunque en algunos casos más bien dilatados— fue fluida y cuidadosa del hilo narrativo, reforzando la unidad de la obra. Biller no se abandonó a los excesos típicos de las interpretaciones más románticas pero fue incisivo cuando se requería.

Este concierto brindó una excelente interpretación de una de las obras más gigantescas de la humanidad, a cargo de un equipo instrumental y coral que no oculta el orgullo de saberse custodio de una tradición musical a la que indudablemente honra. Custodio y no heredero, porque heredera es la humanidad toda.

Ernesto Castagnino
ecastagnino@tiempodemusica.com.ar
Noviembre 2010


Fotografías gentileza Mozarteum Argentino
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Publicado el 16/11/2010
     
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