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Ciclo de la Orquesta Filarmónica de la UNAM : Crisol musical
La Orquesta ofreció dos programas en la Sala Nezahualcóyotl, bajo la dirección del belga Ronald Zollman y el español Joseph Caballé-Domenech, junto a destacados solistas como el pianista mexicano Jorge Federico Osorio y el violinista francés Raphaël Oleg. Por Ramón Jacques (corresponsal en México)
 

Ronald Zollman

ORQUESTA FILARMÓNICA DE LA UNIVERSIDAD NACIONAL AUTÓNOMA DE MÉXICO (UNAM). Directores invitados: Ronald Zollman (Programa 5) y Joseph Caballé-Domenech (Programa 7). Solistas: Raphaël Oleg, violín; Jorge Federico Osorio, piano. Conciertos realizados los domingos 23 de mayo y 13 de junio de 2010 en la Sala Nezahualcóyotl del Centro Cultural Universitario, Universidad Nacional Autónoma de México. Programa  5. Webern: Passacaglia, Op. 1. Prokofiev: Concierto para violín y orquesta  N° 1 en Re mayor, Op. 19. Beethoven: Sinfonía N° 7 en La mayor, Op. 92. Programa 7. Turina: Danzas fantásticas. Schumann: Concierto para piano y orquesta en La menor, Op. 54. Rachmaninov: Sinfonía N° 3 en La menor, Op. 44.

El director belga Ronald Zollman —quien fuera director musical de la Orquesta Filarmónica de la UNAM durante diez años— volvió para dirigirla en un programa compuesto por obras de diversos estilos musicales comenzando con la Passacaglia, Op. 1, breve obra del compositor vienés Anton Webern. El estilo de la composición es netamente contemporáneo, pero posee tintes de compositores como Brahms, Strauss y Wagner. Su tranquilo tema inicial se repite continuamente hasta aumentar en vigor y energía al sonido explosivo de las cuerdas y los metales de la orquesta, en una obra afín al ímpetu musical que Zollman le imprime a este repertorio que conoce tan bien.

De Sergei Prokofiev se ejecutó su Concierto para violín y orquesta N° 1 en Re mayor, Op. 19, obra con tonalidades alusivas a la música popular de su país y el carácter triste con el que inicia, influenciada por el periodo de inestabilidad política que atravesaba Rusia al momento de ser compuesta. Destacó la continua y penetrante ejecución del violinista francés Raphaël Oleg, quien mostró dinámica y ligereza con su instrumento al inicio de la obra, y la incandescencia y el fulgor requeridos en los movimientos siguientes, muy acordes al efusivo tema orquestal.

Finalmente, se escuchó una satisfactoria interpretación de la majestuosa Sinfonía N° 7 en La mayor, Op. 92 de Ludwig van Beethoven, obra muy musical por sus ritmos bailables y alegres, de excesiva lentitud en el segundo movimiento “Allegretto”, que contrasta con el alegre tercero en el que se escuchó una sólida sección de cuerdas, y su cierre con una orquesta completa en fortissimo, como si se tratara de la furia del dios Baco o la furia musical de la segura e incisiva batuta de Zollman.

Josep Caballé-Domenech

En el Programa 7 de la temporada, el celebre compositor español Joaquín Turina se hizo presente en la Orquesta Filarmónica de la UNAM, con la interpretación de sus Danzas fantásticas, su obra más conocida, y para la cual se inspiró en la novela La orgía de José Mas —autor de relatos de ambiente sevillano al que siempre se mantuvo próximo Turina y en el cual supo plasmar cabalmente en sus obras. En el primer movimiento, “Exaltación”, se percibieron los cargados y tradicionales tintes de musicalidad y alegría de la jota o incluso de los pasos dobles. En “Ensueño”, el más lento de los tres movimientos, resaltó por la profusa sección de alientos de la orquesta, mientras que en el último movimiento, “Orgía”, el más intenso y espectacular de los tres, de una orquesta a toda fuerza, emanó una brillante farruca andaluza de giros melódicos evocadores del cante flamenco. En su entusiasta lectura el director catalán Josep Caballé-Domenech, mostró seguridad y afinidad con este repertorio y extrajo interesantes coloraciones y tonalidades.

El carácter romántico y sentimental de Robert Schumann se escuchó en la satisfactoria interpretación de su Concierto para piano y orquesta en La menor, Op. 54, con la presencia del pianista mexicano Jorge Federico Osorio, de escasa presencia en el país en los últimos tiempos y que ofreció una placentera interpretación de esta pieza comenzando con el habilidoso primer movimiento “Allegro afectuoso”, pasando por el sigiloso y por momentos vertiginoso “Intermezzo: Andantino grazioso”, para convertirse en una constante e inagotable fuente de habilidosa armonía y sonoridad en el resto de la pieza. La Orquesta, particularmente en su sección de cuerdas, creó un adecuado marco de acompañamiento bajo la enardecida guía orquestal.

Jorge Federico Osorio

En la segunda parte del concierto se escuchó la Sinfonía N° 3 en La menor, Op. 44 de Sergei Rachmaninov, cargada de abundantes intervenciones solistas, como las luminosas y expresivas intervenciones de Sebastian Kwapisz, concertino de la orquesta, a tono con la carácter triste y lúgubre del Dies Irae o misa de muertos, que envuelve la partitura. Algunos pasajes muy alargados y por momentos aletargadas que imprimió a esta pieza el director Caballé-Domenech, particularmente al final de la obra, restaron emotividad a una interpretación que pareció quedar irresuelta.

Ramón Jacques
México, junio 2010
 

Fotografías gentileza Música UNAM
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Publicado el 14/07/2010
     
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