Miércoles 1 de Marzo de 2017
Una agenda
con toda la música


Miércoles 1
Jueves 2
Viernes 3

Conferencias, cursos,
seminarios y talleres

Convocatorias y concursos
para hacer música

Buscador


FacebookTwitterBlogspot
 

“Elektra” en Chile : Simplemente sangre
Buenos resultados obtuvo el drama musical de Richard Strauss, presentado por el Teatro Municipal de Santiago en una versión semiescenificada de Michael Hampe. Ann-Marie Backlund y Susanne Resmark lucieron las luces y sombras de la retorcida trama. Por Cristóbal Astorga Sepúlveda (corresponsal en Chile)
 

Jeanne-Michèle Charbonnet, protagonista de Elektra, Teatro Escuela de
Carabineros, producción del Teatro Municipal de Santiago de Chile, 2010

ELEKTRA, drama musical en un acto de Richard Strauss. Funciones del jueves 24 y domingo 27 de junio de 2010 en el Teatro Escuela de Carabineros, organizadas por el Teatro Municipal de Santiago de Chile. Dirección musical: Rani Calderón. Dirección de escena: Michael Hampe. Escenografía y vestuario: Germán Droghetti. Iluminación: Ramón López. Elenco: Jeanne-Michèle Charbonnet (Electra), Ann-Marie Backlund (Crisótemis), Susanne Resmark (Clitemnestra), Donald Kaasch (Egisto), Harry Peeters (Orestes), Evelyn Ramírez (la confidente), Jenny Muñoz (la portadora de la cola), Pedro Espinoza (un joven sirviente), Jorge Negroni (un viejo sirviente; y el tutor de Orestes), Miriam Caparotta (la celadora), Lina Escovedo (primera sirvienta), Evelyn Ramírez (segunda sirvienta), Claudia Godoy (tercera sirvienta), Paulina González (cuarta sirvienta), Pamela Flores (quinta sirviente). Orquesta Filarmónica de Santiago. Coro del Teatro Municipal, director: Jorge Klastornick.

Elektra fue la primera colaboración del compositor Richard Strauss con el poeta Hugo von Hofmannsthal. Estrenada en Dresde en 1909, supuso la falsa coronación de Strauss como la punta de lanza del modernismo. Con una orquesta pantagruélica y voces que reclaman lo más selecto del abolengo wagneriano, Elektra rozaría los bordes del atonalismo para relatar una vez más las miserias de la estirpe de los atridas. A pesar que Strauss enmendaría el rumbo a contar de su siguiente ópera, la mozartiana Rosenkavalier, el libretto de von Hofmannsthal sienta las bases de los temas que ambos abordarían en sus siguientes trabajos: la fidelidad conyugal, la memoria, y la restauración de la confianza. Estamos lejos de la exploración metafísica del matrimonio que ambos producirían en Die Frau ohne Schatten o del revisionismo mitológico de Die Ägyptische Helena, donde a diferencia de Elektra, la infidelidad de otra pareja real, Menelao y Helena, conduce a la reconciliación.

No es precisamente el matrimonio lo que ronda en Elektra. El asesinato de Agamenón a manos de su mujer Clitemnestra y su amante Egisto, si bien constituye un quebrantamiento del orden, no se convierte en el eje de la ópera. Es la venganza de esa afrenta lo que mueve los hilos durante los cien minutos de duración de una pieza que coloca al auditor frente a una experiencia musical extenuante. El recuerdo de los muertos alimenta la despojada vida de la princesa Electra y convertido finalmente en pura violencia cierra la ópera con dos crímenes que presagian no el regreso de la paz, sino, como en la tragedia griega, el comienzo de un nuevo problema.

Entrada de Clitemnestra de Elektra en el Teatro Escuela de
Carabineros, producción del Teatro Municipal de Santiago de Chile, 2010

El tamaño del foso del Teatro Escuela de Carabineros hizo necesario cubrirlo, subir la orquesta al escenario y representar la ópera en una versión semi-escenificada o semi-concertada, según cómo se quiera ver el vaso. Las proporciones del Teatro afectaron a las de la Filarmónica de Santiago, pues se utilizó la versión para orquesta reducida. Esto no es necesariamente malo considerando la acústica del recinto que tiende a lo estridente, proyectando la percusión más allá de lo deseable. La lectura de Rani Calderón es bastante precisa y, como es su costumbre, favoreció tiempos menos frenéticos que la regla. El dominio de la masa orquestal está logrado gracias a un férreo control que impidió el desbande, siempre tan común en los pasajes más cacofónicos como la entrada de Clitemnestra o la danza final.

Ubicada al fondo del escenario, la orquesta estaba encajonada por la escenografía de Germán Droghetti. Recubriendo las paredes de rojo, líneas transversales daban la impresión de grandes baldosas o, más probablemente, una gran red, uno de los tópicos de la Orestiada de Esquilo. Para ese entorno sangriento Michael Hampe proporcionó una régie tradicional que respetó ciertas indicaciones usualmente pasadas por alto: Clitemnestra hace su entrada desde una superficie elevada (acá, un balcón) y Egisto se asoma por una ventana (acá, una puerta) antes de ser asesinado. Hampe dotó de enorme vitalidad al desplazamiento, de suyo coartado por las dimensiones reducidas del escenario, provocando efectos morbosos de buen gusto como el cortejo de bailarines que acompañan el ingreso de la reina. Una reproducción gigante de lo que es conocido como “la máscara de Agamenón” presidía el cielo, lo que es un recurso algo obvio para resaltar la ubicua presencia del finado.

Susanne Resmark (Clitemnestra) en Elektra, Teatro Escuela de Carabineros, producción del Teatro Municipal de Santiago de Chile, 2010

La vida del palacio micénico tuvo un retrato eficaz en las cinco sirvientas que abren la obra. Miriam Caparotta como la celadora fue intimidante y marcó lo que luego sería la regla: en esta producción, Electra carece de dominio. Evelyn Ramírez y Jenny Muñoz fueron eficientes acompañantes de la reina, mientras Jorge Negroni fue un tutor de Orestes simplemente correcto. El Orestes de Harry Peeters es discreto y en la breve entrevista con su hermana resultó un poco monótono. En otro extremo se ubica Donald Kaasch, cuya voz estridente de tenor de carácter hace de Egisto un ser despreciable. Es una lástima que el Sr. Kaasch nos haya visitado para un rol tan breve y es de esperar algún compromiso futuro con el Teatro.

Elektra, como casi toda ópera de Strauss, se mide por sus mujeres. Dos hijas y una madre tienen aquí diversos enfrentamientos y el resultado, en esta ocasión, favoreció a los roles secundarios. Jeanne-Michèle Charbonnet es una conocida del público chileno gracias al trabajo que ha venido realizando casi ininterrumpidamente en el Teatro Municipal desde que debutara con Lohengrin en 2005. Charbonnet en esa ocasión fue Ortrud y cosechó un aplauso unánime. Con un timbre grave y un desmpeño escénico convincente, sus siguientes retratos se movieron hacia el área más dramática del registro de soprano con resultados desiguales. Electra es uno de los roles más demandantes para las llamadas “sopranos wagnerianas” y Charbonnet, si bien se entrega por completo al rol, se encuentra con vallas insalvables desde el punto de vista vocal. Con un agudo cada vez más oscilante, Charbonnet produce un sonido desparejo a lo largo de su registro que le resta presencia a un rol cuya fuerza vocal debiera semejar un muro impenetrable. Esto fue bastante patente en la primera función acá comentada, con bastante mejora en la segunda, donde el vibrato estuvo más controlado. Es, con todo, un resultado por debajo de las expectativas.

Ann-Marie Backlund (Crisotemis) y Jeanne-Michèle Charbonnet (Electra),
en una escena de Elektra, Teatro Escuela de Carabineros, producción
del Teatro Municipal de Santiago de Chile, 2010

Debutando en Chile, la mezzosoprano sueca Susanne Resmark fue una Clitemnestra extraordinaria. Unida a su altura física, la suya fue una reina de autoridad indiscutida. Resmark es de las que canta el rol, lo que siempre se agradece. Desde su entrada, dejó en claro que el problema de Clitemnestra es menos físico de lo que todas las metáforas del libreto dan a entender. Jugando con la voz para imitar a sus dos consejeras, Resmark se paseó por un amplio rango de colores vocales que echan luz sobre las tribulaciones de su conciencia. Sin ceder frente a la histeria de su hija, celebró con quizá demasiada compostura la noticia de la muerte de Orestes. El trabajo de la Sra. Resmark fue admirable y el público supo recompensarlo como es debido.

No menor fue el impacto de su compatriota, la soprano Ann-Marie Backlund, que como Crisótemis se robó las funciones. La hermana de Electra ha sido un vehículo para sopranos cuyo fach está asociado a roles como Elsa o Sieglinde. Backlund tiene una voz que sirve perfectamente ese tipo vocal: agudos firmes, caudal vocal capaz de empinarse por sobre una densa orquesta, y un timbre luminoso hacen de su material uno muy apto para el contraste con su taciturna hermana. Si bien el desempeño escénico de Backlund no es demasiado imaginativo, y tiende a refugiar su papel en el tipo más bien convencional de “chica-inocente-busca-novio”, su entrega vocal en sus dos enfrentamientos con Electra fue sobresaliente. Tanto Resmark como Backlund hicieron de esta Elektra un espectáculo digno de ser oído, saldando una deuda con el público, que desde hace varios años esperaba este título.

Cristóbal Astorga Sepúlveda
kastorgas@tiempodemusica.com.ar
Santiago de Chile, julio de 2010


Imágenes gentileza Teatro Municipal / Fotografías de Juan Millán T.
__________

Espacio de Opinión y Debate
Estuviste en esta ópera, ¿cuál es tu opinión? ¿Coincidís con este artículo? ¿Qué te pareció? Dejanos tu punto de vista en nuestro blog. Hagamos de
Tiempo de Música un espacio para debatir.

Compartir
 
Publicado el 14/07/2010
     
WebMind, Soluciones Web Contacto © Copyright 2006/2014 | Todos los derechos reservados