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“Estancia” y “Ainadamar” en La Plata : Música argentina por el Bicentenario
Un ballet sobre la suite de Ginastera y la ópera de Osvaldo Golijov —ambos compositores argentinos— fueron la acertada elección para celebrar el Bicentenario en el Teatro Argentino. Por Ernesto Castagnino
 

Una escena de Estancia por el Ballet Estable
del Teatro Argentino de La Plata, 2010

GALA EN CONMEMORACIÓN DEL BICENTENARIO ARGENTINO. Función realizada el miércoles 26 de mayo a las 20.30 en la Sala Alberto Ginastera del Teatro Argentino de La Plata. Dirección musical: Rodolfo Fischer. ESTANCIA, suite del ballet de Alberto Ginastera. Versión coreográfica de Carlos Trunsky. Dispositivo escénico y vestuario: Marta Albertinazzi. Iluminación: Juan Carlos Greco. Frases y palabras del Martín Fierro de José Hernández: Ciro Zorzoli. Composición sonora y edición: Jorge Chiklar. Video y edición: Federico Bongiorno. Ballet Estable del Teatro Argentino, director: Rodolfo Lastra. Principales intérpretes: Larisa Hominal, María de los Ángeles Cataldi, Gustavo Marchioni, Julieta Paul, Nahuel Prozzi / AINADAMAR, ópera en tres imágenes de Osvaldo Golijov. Estreno sudamericano. Puesta en escena y vestuario: Claudia Billourou. Escenografía e iluminación: Juan Carlos Grecco. Diseño de video y edición: Federico Bongiorno. Ingenieros de sonido: Gustavo Dal Pont, Gustavo Basso y Eduviges Picone. Principales intérpretes: Marisú Pavón (Margarita Xirgu), Franco Fagioli (Federico García Lorca), Patricia González (Nuria), Jesús Montoya (Ruiz Alonso), Víctor Castells (José Tripaldi), Emiliano Bulacios (Maestro), Sergio Spina (Torero), Federico Fleitas (Bailador), Adam del Momento y Gustavo Torres (Guitarristas), Keita Ogawa (Cajón flamenco). Orquesta Estable del Teatro Argentino.

 

1. Para los porteños que lo miran por TV

Alberto Ginastera en su ballet Estancia supo, con gran maestría, traducir en música nuestra geografía y sus habitantes. La partitura recorre a partir de sus distintos cuadros, escenas musicales que reflejan a la pampa, al gaucho y al trabajo rural. Si bien fue encargado en 1940, su estreno tuvo lugar recién en 1952 en el Teatro Colón. La suite elegida en esta ocasión es una versión abreviada de la partitura original de la cual se seleccionaron 8 cuadros, con una coreografía de Carlos Trunsky, que se suma a las anteriores (Michel Borowski, 1952 y Oscar Araiz, 1966).

El abordaje de Trunsky es una alegoría sobre el campo, la relación con la tierra y el paisaje, el desencuentro entre el mundo rural y el mundo urbano. Tal desencuentro estaba planteado con la simple y efectiva presencia de una instalación movible en la que un hombre de ciudad recostado en su chaise-longue Le Corbusier miraba a través de un plasma escenas del campo de espaldas a lo que sucede en el escenario. El cuerpo de baile representaba, mientras, diferentes escenas que mostraban el esfuerzo colectivo, el amor, el desencuentro, la violencia, la relación con el otro.

Larisa Hominal en el centro, junto al Ballet Estable del Teatro Argentino,
en una escena de Estancia, Teatro Argentino, La Plata, 2010

¿Qué relación tiene el hombre urbano con el campo? ¿Para el porteño el campo es una realidad mediatizada que se reduce a las imágenes que mira a través de una pantalla? Soledad e individualismo versus lazo social y comunidad, una metáfora efectiva como síntesis de nuestra historia, que Trunsky supo plantear con fuerza a través de una coreografía que caía a veces en lo previsible de la estructura del movimiento sincronizado y la contraposición del principio masculino y femenino.

Los momentos más interesantes se lograban cuando esa simetría se rompía y se hacía presente una tensión que enriquecía el planteo. La puesta escénica incluía fragmentos grabados del Martín Fierro de José Hernández en la voz de Ciro Zorzoli, que aparecían en distintos momentos, dándole un marco de inequívoca referencia a nuestra historia, absolutamente pertinente en una fecha tan importante como es la celebración del Bicentenario de la Revolución de Mayo. El planteo visual a cargo de Marta Albertinazzi —un vestuario muy interesante— y la iluminación de Juan Carlos Greco completaron este aporte del Ballet Estable del Teatro Argentino al festejo.
 

2. ¡Qué día tan triste en Granada!

La ópera Ainadamar —en su estreno sudamericano— es obra del compositor argentino radicado en Estados Unidos Osvaldo Golijov —discípulo, entre otros, de Gerardo Gandini— y fue estrenada originalmente en el Festival de Tanglewood en 2003. En ella se narra —a partir de un libreto de David Henry Hwang traducido al español por el mismo Golijov— en una serie de cuadros, los momentos previos al asesinato del escritor Federico García Lorca. Desde el comienzo se traza un paralelismo entre el poeta español y el personaje heroico de Mariana Pineda, ejecutada por sus ideales libertarios. El personaje de la actriz Margarita Xirgu, quien se confunde y su fusiona con ese personaje lorquiano que tantas veces representó en escena, revive los momentos previos a la ejecución de García Lorca en Granada, precisamente en Ainadamar, que en árabe significa “fuente de lágrimas”.

La obra lleva el subtítulo “Ópera en tres imágenes”, un homenaje al drama Mariana Pineda cuyo subtítulo es “Romance popular en tres estampas”. En esas tres imágenes, que ocupan aproximadamente 75 minutos, la obra destaca el compromiso del poeta con los ideales libertarios y su férrea decisión de quedarse en España a pesar del peligro que corría, cumpliendo un destino trágico al ser ejecutado en 1936. La fusión/confusión de Lorca y Xirgu con Mariana Pineda es el mayor acierto dramático del libreto que separa sus cuadros con la letanía de los versos que comienzan la obra sobre la heroína del siglo XIX: “¡Ay qué día tan triste en Granada / que a las piedras hacía llorar / al ver que Marianita se muere / en cadalso por no declarar!”.

Es necesario destacar el acierto de programar la celebración de nuestro Bicentenario con este potente mensaje acerca de la lucha por los ideales y por la libertad de los pueblos. Con un montaje sonoro que incluye dos guitarras, percusión, sonidos pregrabados —como los escalofriantes discursos radiales de la Falange—, la partitura de Golijov es de una extraordinaria riqueza y complejidad, pero sobre todo de un sentido teatral encomiable. Un análisis más detallado de los aspectos musicales de esta obra puede encontrarse también en el artículo de Luciano Marra de la Fuente sobre la grabación de DG de 2005 en la Sección Envase Compacto.

Franco Fagioli (Federico García Lorca) en una escena
de Ainadamar, Teatro Argentino, La Plata, 2010

La régisseuse Claudia Billourou creó un marco escénico de gran impacto visual, con un cuidadoso trabajo actoral con los cantantes que respondieron con fuerte compromiso. Muy acertada la inclusión de un grupo de mujeres vestidas de negro que conformaban un conjunto inmóvil que presenciaba/presidía desde un costado de la escena los acontecimientos, referencia a esas mujeres españolas enlutadas, sufridas y reducidas al silencio por la opresión social y de género que Lorca tan bien retrató en sus obras. El diseño escenográfico y de iluminación de Juan Carlos Greco se integraba perfectamente con la idea de Billourou a partir de varios paneles con ondulaciones y uno central en el que se proyectaban imágenes —autoría y edición de Federico Bongiorno— de gran intensidad, como los rostros sufrientes que aparecían durante el interludio “Crepúsculo delirante”, muecas de dolor que evocaban la serie “Los desastres de la guerra” de Francisco Goya.

El hecho de que las voces estuvieran amplificadas, si bien tiene una justificación válida debido a una masa sonora de enorme cantidad de matices que de otro modo se perderían, trae por momentos desconcierto ya que el sonido de las voces en lugar de provenir del escenario envuelve al espectador, obligándolo a realizar el esfuerzo de identificar quién o quiénes cantan. Indudablemente el efecto sonoro es más contundente pero a costa de la teatralidad.

Una característica de esta producción fue la elección de un contratenor en el rol de Federico García Lorca, pensado originalmente para contralto. Franco Fagioli interpretó el rol con hondura y expresividad destacables, tanto en el “Aria a la estatua de Mariana” como en el aria “Quiero cantar entre las explosiones” con la se alcanzó el primer clímax dramático —el otro es el cuarteto “Confesión” que desemboca en el “Interludio de Balazos”. Aunque en el programa de mano estaba anunciada Graciela Oddone, fue la soprano Marisú Pavón quien le dio voz y cuerpo al difícil rol de Margarita Xirgu, amiga y musa del poeta granadino. Pavón realizó un trabajo destacable en cuanto a entrega y expresividad sin descuidar en ningún momento la hermosa línea vocal y el fraseo, brindando una gama de matices que le posibilitaron llevar adelante las transfiguraciones y ensoñaciones de un personaje que está prácticamente todo el tiempo en escena.

Franco Fagioli (Federico García Lorca) y Marisú Pavón (Margarita Xirgu) 
en una escena de Ainadamar, Teatro Argentino, La Plata, 2010

El rol de la discípula Nuria estuvo muy bien interpretado por Patricia González aunque los desplazamientos que le fueron marcados a veces resultaban algo artificiales. El cantaor Jesús Montoya tuvo a su cargo el rol de Ruiz Alonso, el encargado de apresar y ejecutar a Lorca. Montoya desplegó una voz y un estilo flamenco impecables aunque su rol desde la perspectiva interpretativa —incluso del vestuario— podría haber sido más cuidado y el efecto de sus apariciones al grito de “¡Entréguenloooo!” hubieran tenido aún mayor efecto. Víctor Castells realizó un interesante trabajo como el cura Tripaldi, también Emiliano Bulacios y Sergio Spina cumplieron en los roles del maestro y del torero, ejecutados junto a Federico.

El director Rodolfo Fischer estuvo al frente de la Orquesta Estable en ambas partituras, con un resultado óptimo. La sensibilidad y el cuidado de Fischer en cada detalle junto a la destreza en concertar una compleja partitura le merecieron una gran ovación por parte del público, ovación que se extendió también al compositor Osvaldo Golijov, quien estaba presente la noche del estreno. La Orquesta Estable tuvo una actuación irreprochable al igual que el Coro Estable, que cantó inicialmente el Himno Nacional junto a la orquesta dirigida por Alejo Pérez.

Bienvenido estreno que el público argentino merecía de esta obra de extraordinaria belleza y contundente fuerza dramática que, junto al ballet con música de Ginastera y el Himno cantado por el coro, posibilitó que todos los cuerpos estables del Teatro Argentino participaran en esta Gala del Bicentenario. Una celebración que tuvo como protagonistas a compositores y artistas argentinos, y como mensaje el valor de la libertad.

Ernesto Castagnino
ecastagnino@tiempodemusica.com.ar
Junio 2010

Historia, memoria y arte
Si el Himno Nacional Argentino interpretado por la Orquesta y Coro Estables del Teatro Argentino —y bien acompañado por todo el público— fue el preludio a la primera parte de esta Gala platense, en la segunda parte fue el mismo público quien tomó protagonismo en la Sala Alberto Ginastera para hacer propios los símbolos patrios y nuestra historia bicentenaria, cuando una voz desde las localidades superiores pidió recordar a los treinta mil desaparecidos en la última dictadura militar de 1976. En un principio, una pequeña parte del público respondió “¡Presentes!” y luego fue un aplauso sostenido y cerrado el que ofició de preludio a la ópera de Golijov, una obra que busca libertad, justicia y memoria. Historia y arte se fundieron de manera emotiva en el ámbito de un teatro de ópera.


Imágenes gentileza Teatro Argentino de La Plata / Fotografías de Guillermo Genitti
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Espacio de Opinión y Debate
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Publicado el 02/06/2010
     
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