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“Una tragedia florentina” y “Gianni Schicchi” en Roma : Florencia, trágica y cómica
Al frente de la Orquesta Academia Santa Cecilia, Vladimir Jurowski dirigió las óperas de Zemlinsky y Puccini en concierto, presentando un fuerte contraste estilístico. Por Ramón Jacques (corresponsal en Italia)
 

Los cantantes Nikolai Schukoff, Heike Wassels y Sergei Leiferkus, interpretando
Una tragedia florentina, Auditorium Parco Della Música de Roma, Italia, 2010

UNA TRAGEDIA FLORENTINA, Op. 16, ópera en un acto de Alexander Zemlinsky / GIANNI SCHICCHI, ópera en un acto de Giacomo Puccini. Versiones de concierto realizadas el sábado 17 de abril de 2010 en la Sala Santa Cecilia del Auditorium Parco Della Música de Roma, Italia. Dirección musical: Vladimir Jurowski. Reparto: Nikolai Schukoff (Guido Bardi), Sergei Leiferkus (Simone), Heike Wassels (Bianca) / Juan Pons (Gianni Schicchi), Saimir Pirgu (Rinuccio), Adriana Kučerová (Lauretta), Elena Zilio (Zita), Gregory Bonfatti (Gherardo), Rosanna Savoia (Nella), Vittorio Prato (Betto di Signa), Luigi Roni (Simone), Giulio Mastratotaro (Marco), Anna Maria Chiuri (La Ciesca). Orquesta de la Academia Nacional de Santa Cecilia.

La Orquesta de la Academia Nacional de Roma, una de las orquestas sinfónicas más importantes de Italia, interpretó en forma de concierto dos óperas de diferentes compositores y estilos musicales, pero cuya ambientación se sitúa durante la época renacentista en Florencia.

El proyecto de musicalizar A Florentine Tragedy, melodrama de Oscar Wilde, hizo que los caminos de Giacomo Puccini (1858-1924) y Alexander von Zemlinsky (1871-1942) se cruzaran, ya que Puccini consideró hacerlo primero, pero desistió cuando se interesó más en componer Il Tabarro, que narra una historia casi idéntica de adulterio, sangre y muerte, aunque la acción fue trasladada a París en una época mas actual. Finalmente, fue Zemlinsky quien concretó el proyecto de ponerle música a la obra de Wilde y compuso Eine florentinische Tragödie (Una tragedia florentina) en 1916.

Con esta ópera del compositor austriaco se inició el concierto, escuchándose los briosos acordes orquestales de su sensual y soberbia obertura —una especie de alegoría entre el amor y la muerte, en la que ya se percibe la tragedia. Con sólo un triángulo amoroso de protagonistas, la tensión dramática fue creciendo con la sugestiva orquestación de Zemlinsky, de notables influencias straussianas, mahlerianas  y wagnerianas. 

Vladimir Jurowski en el Auditorium Parco
Della Música de Roma, Italia, 2010

El director ruso Vladimir Jurowski extrajo de la orquesta la envolvente tonalidad y la exuberancia tímbrica contenida en la partitura, así como el lirismo del imprevisto e irreal final, aunque en algunos pasajes su lectura estuvo poco calibrada, carente de sutileza y su enérgica emisión cubrió por momentos las voces de los solistas, quienes se situaron detrás de la orquesta en un nivel superior.

El papel de Simone fue interpretado de manera satisfactoria por el barítono ruso Sergei Leiferkus, quien cantó sus arias con autoridad, profundo tono y grato color vocal. La soprano alemana Heike Wessels adaptó su amplio y homogéneo canto a las exigencias de Bianca, un personaje que es intenso y a la vez suave y conmovedor. El tenor Nikolai Schukoff cantó el papel de Guido Bardi, el noble asesinado por Simone por encontrarlo con Bianca, su mujer, con su voz robusta y refinada línea de canto.

En la segunda parte del concierto, desde las primeras notas, se sintió la riqueza orquestal, la alegre armonía y la energía que transmite la música que Puccini escribió en Gianni Schicchi. En esta ocasión, Jurowski concertó con seguridad y entusiasmo a una orquesta que se deleitó interpretando una música que es afín a su carácter y a su temperamento.

Elenco de Gianni Schicchi en el Auditorium Parco
Della Música de Roma, Italia, 2010

Los solistas, que en esta ocasión se ubicaron frente a la orquesta, actuaron con gracia y diversión sus personajes. El papel principal fue encomendado al barítono español Juan Pons, quien dio vida a un jovial y burlesco charlatán de canto uniforme, pastosa voz e inconfundible timbre. Como Rinuccio, el tenor Saimir Pirgu exhibió un cálido timbre y elegante fraseo, y la soprano Adriana Kučerová fue una ligera y muy lírica Lauretta. El resto del elenco vocal se mostró en un buen nivel, destacándose la mezzosoprano Anna Maria Chiuri, por el opulento y exuberante color oscuro de su amplia voz como la Ciesca, el bajo Luigi Roni por su divertido Simone, el barítono Giulio Mastrototaro por su expresivo Marco y la soprano Rosanna Savoia por su musicalidad como Nella.

Ramón Jacques
Italia, mayo 2010


Fotografías gentileza Academia Nacional de Santa Cecilia, Roma
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Publicado el 18/05/2010
     
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