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“Salomé” en Madrid : El apogeo de la decadencia
El Teatro Real presentó una original visión escénica de Robert Carsen sobre el drama de Richard Strauss, con un destacado elenco encabezado por Annalena Persson. Por Ramón Jacques (corresponsal en España)
 

Annalena Persson (Salomé) en una de las escenas iniciales
de Salomé, Teatro Real, Madrid, 2010
 

SALOMÉ, drama lírico en un acto de Richard Strauss. Función realizada el viernes 16 de abril de 2010 en el Teatro Real de Madrid, España. Nueva producción escénica del Teatro Real, en coproducción con el Teatro Regio de Turín y el Maggio Musicale Fiorentino. Dirección musical: Jesús López Cobos. Dirección de escena: Robert Carsen. Escenografía: Radu Buruzescu. Vestuario: Miruna Buruzescu. Iluminación: Manfred Voss. Coreografía: Phillippe Girardeau. Reparto: Annalena Persson (Salomé), Peter Bronder (Herodes), Irina Mishura (Herodias), Mark S. Doss (Jochanaan), Tomislav Mužek (Narraboth), Jennifer Holloway (el paje de Herodías), Niklas Bjorling Rygert, Charles dos Santos, Ángel Rodríguez, Eduardo Santamaría y Josep Ribot (cinco judíos), James Creswell y David Rubiera (dos nazarenos), Pavel Kudinov y Kurt Gysen (dos soldados), Tomeu Bibiloni (un capadocio), Adela López García (una esclava). Orquesta Sinfónica de Madrid, titular del Teatro Real.

El Teatro Real de Madrid presentó Salomé —la obra que supuso la consagración de Richard Strauss como operista tras una importante etapa como compositor de poemas sinfónicos—, y lo hizo con la ingeniosa producción escénica de Robert Carsen, representada hace un par de temporadas en el Teatro Regio de Turín, Italia

La acción de la ópera se sitúo en una época actual, con decorados romanos y egipcios, modernos vestuarios de fiesta —algunos como romanos—, y cajas de seguridad repletas de dinero y oro en el sótano de un casino de Las Vegas, que representaba el palacio de Tetrarca. En una escalera ubicada del lado izquierdo del escenario los personajes subían y bajan constantemente del casino al sótano, mientras unos guardias de seguridad monitoreaban en unas pantallas todo lo que sucedía en la mesas de juego del casino y el personaje de Jochanaan se encontraba preso dentro de una enorme caja fuerte.

La idea de Carsen de trasladar la trama a una ciudad desértica, como Las Vegas —donde la gente pretende enriquecerse y al mismo tiempo se divierte—, además de contener claras alusiones bíblicas, sirvió como una metáfora para exagerar y dramatizar la actuación de los personajes con la intención de resaltar el carácter de excesos, libertinaje, perversión y decadencia de una sociedad moralmente corrupta, como la que se representa en la historia de esta obra. Incluso el famoso baile de los siete velos, que comenzó como un baile erótico de la protagonista, terminó con un depravado y salvaje baile de siete personajes masculinos obsesionados y trastornados con Salomé en desnudo total.

Annalena Persson (Salomé), vestida igual que Herodías para
la Danza de los Siete Velos de Salomé, Teatro Real, Madrid, 2010
 

Vocalmente, el papel principal fue encomendado a la soprano sueca Annalena Persson, de bella apariencia física y que tuvo un notable desempeño musical. Desplegó una briosa y bien proyectada voz de tonalidad grata, seductora y homogénea, pero cuya interpretación escénica fue por momentos rígida y carente de sensualidad, a pesar de las libertades escénicas permitidas por el director.

Estuvo notable el bajo-barítono estadounidense Mark S. Doss, quien dio vida a un imponente Jochanaan, por su segura y convincente actuación, y por el despliegue de sus opulentos medios vocales. El papel de Herodías se benefició de la enérgica presencia de la rusa Irina Mishura, mezzosoprano de amplia voz y oscuro timbre, mientras que el tenor Peter Bronder dio vida en escena a un desquiciado y perturbado Herodes, muy acorde con la visión de la puesta en escena, aunque su canto fue discreto y, por momentos, escaso en la emisión de la voz.

Tanto el tenor Tomislav Mužek, en el papel de Narraboth, como la mezzosoprano Jennifer Holloway, como el paje de Herodías, ambos vestidos como guardias de seguridad, cumplieron íntegramente en cada una de sus intervenciones, como así lo hizo el resto del elenco de artistas y cantantes.

Peter Bronder (Herodes), en el centro, de una
escena de Salomé, Teatro Real, Madrid, 2010
 

El experimentado director español Jesús López Cobos, en una de sus ultimas apariciones como director musical de la Orquesta Sinfónica de Madrid, logró extraer de la agrupación, la profusa y abundante musicalidad contenida en la música de Strauss, sin perder de vista los momentos de tensión —y por momentos atonalidad— que envuelven incesantemente a la partitura, a la vez que mostró amplia consideración por las voces.

Ramón Jacques
Madrid, mayo 2010


Imágenes gentileza Teatro Real de Madrid / Fotografías de Javier del Real
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Publicado el 18/05/2010
     
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