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“Tannhäuser” en Milán : El cantor hipertecnológico de La Fura dels Baus
Con dirección musical de Zubin Mehta, el impactante grupo catalán ofrece en la Scala una puesta sobrecargada visualmente, traicionando así al componente psicológico de la poética wagneriana. Por Massimo Viazzo (corresponsal en Italia)
 

Escena del primer acto de Tannhäuser, Teatro alla Scala de Milán, 2010

TANNHÄUSER, ópera romántica en tres actos de Richard Wagner. Función del sábado 27 de marzo de 2010 en el Teatro alla Scala de Milán, Italia. Dirección musical: Zubin Mehta. Puesta en escena e iluminación: La Fura dels Baus/Carlus Padrissa. Imágenes de video: Franc Aleu. Escenografía: Roland Olbeter. Vestuario: Chu Oroz. Elenco: Robert Dean Smith (Tannhäuser), Georg Zeppenfeld (Hermann), Roman Trekel (Wolfram), Anja Harteros (Elisabeth), Julia Gertseva (Venus), Martin Homrich (Walther), Ernesto Panariello (Biterolf), Enrico Cossutta (Heinrich der Schreiber), Petri Lindroos (Reinmar von Zweter). Orquesta y Coro del Teatro alla Scala de Milán. Director de coro: Bruno Casoni.

“He inventado la orquesta invisible, ahora quiero inventar la escena invisible”, decía Wagner acerca del perenne descontento que le generaban las puestas en escena de sus dramas musicales. Carlus Padrissa de La Fura dels Baus, wagneriano de última hora —quien antes de lanzarse a la controvertida empresa de poner en escena el Anillo que montó ya hace un par de temporadas en Valencia y en Florencia—, nunca antes se había ocupado de las operas wagnerianas, por lo que pareció que aún no ha metabolizado bien los mecanismos más secretos del Wort-Ton-Drama (Poesía, Música y Drama). 

Es así, porque un Wagner tan sobrecargado escénicamente aparta irremediablemente al componente psicológico que es la base de la poética wagneriana y que debería proyectar al propio espectador al centro del drama. En su lugar, lo transportó a una Disneylandia híper tecnológica donde los estímulos visuales, que son muy sugestivos indudablemente, lograron relegar la música a un segundo plano, convirtiéndola casi en una banda sonora.

Anja Harteros (Elisabeth) y Roman Trekel (Wolfram) en el
tercer acto de Tannhäuser, Teatro alla Scala de Milán, 2010

La ambientación de este Tannhäuser —creación en exclusiva para la Scala— fue situada en la India de Zubin Mehta —quizás como un homenaje al director que siempre ha creído en este grupo catalán—, con un elemento escénico que dio unidad como lo fue la gigantesca mano robotizada —“el anillo de unión entre el hombre y el mundo”, señalaba el escenógrafo Roland Olbeter en el programa de mano— que de acuerdo a las situaciones evocadas por la trama, halagaba o juzgaba, o acusaba y perdonaba. Extraordinario fue el trabajo de Fran Aleu, responsable de los diseños gráficos en video, con fondos en perpetua transformación cromática y figurativa, como también fue notable el aporte de los mimos de la Fura del Baus, con mucha expresividad “física”.

Vocalmente, el elenco fue dominado por la sublime Elizabeth de Anja Harteros, que estuvo afligida y tenaz en escena. Su voz se expandió con gran calor por toda la sala del Piermarini, logrando conmover. Sólida e incisiva fue la prestación de Georg Zeppenfeld, un Landgraf paternal e inflexible de timbre suave, características de las que careció Roman Trekel como Wolfram, que es el papel más cantable de toda la ópera. El barítono alemán que debía darle voz al componente más espiritual del amor se mostró demasiado leñoso y duro.

Robert Dean Smith en el tercer acto de
Tannhäuser, Teatro alla Scala de Milán, 2010

Un poco áspera estuvo la Venus de Julia Gersteva, que siempre tuvo dificultades en la zona aguda.  Robert Dean Smith, como Tannhäuser, supo dosificar bastante bien la fuerza durante el transcurso de la función y aunque su acento pareció no siempre estar bien esculpido o el sonido por momentos se desvanecía en la parte alta, el profuso empeño con el que resolvió un papel tan exigente es elogiable.

Para finalizar, Zubin Mehta dirigió en conjunto al coro y a la orquesta, particularmente en buena forma esta última, buscando siempre el refinamiento de los colores y exaltando las zonas más intimas de la partitura.

Massimo Viazzo
Italia, abril 2010


Imágenes gentileza Teatro alla Scala de Milán / Fotografías de Marco Brescia
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Publicado el 12/04/2010
     
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