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Max Bragado-Darman dirigió a la Filarmónica de México : Reivindicación de los aniversarios
Con resultados dispares por parte del director español, el último programa de febrero de esta orquesta tuvo a Chopin y Schumann como protagonistas ineludibles al cumplirse 200 años de su nacimiento. Por Ramón Jacques (corresponsal en México)
 

Max Bragado-Darman

ORQUESTA FILARMÓNICA DE LA CIUDAD DE MÉXICO. Director invitado: Max Bragado-Darman. Solista: Josu de Solaun, piano. Concierto realizado el domingo 28 de febrero de 2010 en la Sala Silvestre Revueltas en México, D. F. México. Programa 7 de la Temporada de Invierno 2010. Alexis Aranda: Jericó. Chopin: Concierto para piano y orquesta N° 2 en Fa menor, Op. 21. Schuman: Sinfonía N° 1 en Si bemol mayor, Op. 38, “Primavera”.

El 200° aniversario del nacimiento de Frédéric Chopin y Robert Schumann, compositores exponentes del Romanticismo musical —estilo que se adapta al gusto y al temperamento de la Orquesta Filarmónica de la Ciudad de México— fue el tema que conformó el programa.

La función se inició con una lucida ejecución de Jericó del joven compositor mexicano Alexis Aranda, una breve pieza sinfónica que por su carácter y exaltación heroica se utilizó como obertura para el concierto. La obra, estrenada en mayo de 2001 y basada en el pasaje bíblico en el que el ejército de Josué derribó las murallas de Jericó, contiene un lenguaje armónico de intensa, expresiva y placentera tonalidad, en la que la sección de metales adquiere un papel primordial. El director madrileño Max Bragado-Darman condujo con convicción y familiaridad una partitura que ya había dirigido anteriormente con la Orquesta Filarmónica de Buenos Aires en 2006.

El refinamiento estilístico y armónico de Chopin se hizo presente en la interpretación de su Concierto para piano y orquesta N° 2, teniendo como invitado al pianista valenciano Josu de Solaun, primer español en ganar el Concurso Internacional de Piano José Iturbi de Valencia 2006 y cuyo instrumento fue una fuente constante de afable sonoridad y musicalidad en el “Maestoso”, primer movimiento en el que la sutil lectura de Bragado-Darman logró que las cuerdas de los violines literalmente acariciaran por momentos cada nota con emotiva suavidad. En el “Larghetto” no cesó la intimidad del piano ni el sentimentalismo de la orquesta, y en el “Allegre vivace” final de Solaun ofreció una interpretación dinámica, habilidosa e incesante.

En la segunda parte, la interpretación de la Sinfonía N° 1 “Primavera” de Robert Schumann tuvo un resultado más discreto, si bien fue vivaz en la cuerdas al inicio y se exaltaron las partes de tranquilidad del segundo movimiento, “Alegretto”. La entusiasta y enérgica lectura del director musical en esta pieza estuvo poco calibrado en el “Molto vivace”, donde se escucharon pasajes lentos y aletargados que ocasionaron ciertos desfases instrumentales, para cerrar con un sonido más homogéneo al final de la obra.

Ramón Jacques
México, marzo 2010

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Publicado el 06/04/2010
     
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