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Salomé : La mirada del monstruo
Con motivo de la reposición de “Salome” en la temporada del Teatro Argentino de La Plata, un recorrido por las producciones culturales de fines del siglo XIX, en especial la obra de Oscar Wilde, que sirvió de fuente para la ópera de Richard Strauss. Por Carlos Rossi Elgue
 

                             En ti es de noche. Pronto asistirás al animoso encabritarse
                            
del animal que eres. Corazón de la noche, habla. 
                             Alejandra Pizarnik, Extracción de la piedra de la locura.

“Con una expresión concentrada, solemne, casi augusta en el rostro, comienza la danza lasciva que ha de despertar los deseos adormecidos del decrépito Herodes; sus pechos se agitan y se endurecen los pezones al contacto con sus collares que giran; las sartas de brillantes relucen contra su carne húmeda; sus brazaletes, cinturones y anillos lanzan chispas de fuego; y a través de su túnica triunfal, bordada con perlas, adornada con plata, con franjas de oro, la enjoyada coraza, cada una de cuyas cadenas es una piedra preciosa, parece estar en llamas con pequeñas serpientes de fuego, en enjambre sobre la carne mate, sobre la piel rosa té, como suntuosos insectos de élitros deslumbrantes, moteados de carmín, jaspeados de amarillo pálido, jaspeados de azul acero, rayados de verde pavón.”

En esta cita, extraída de la novela A revours (1884) de Joris-Karl Huysmans, se describe el cuadro de Gustave Moreau en el que Salomé baila ante la mirada hechizada de Herodes, su padrastro (1). Las excesivas pinceladas que transforman el cuerpo de la mujer en una silueta habitada por animales, piedras y metales preciosos, personifican un ser monstruoso que se diferencia de la representación tradicional de Salomé. El cambio en la concepción del personaje es fundamental para comprender Salome, la ópera de Richard Strauss (1905). Este retrato de mujer lasciva y perversa, que encarna las ideas decadentistas del fin de siglo, emerge en el drama homónimo de Oscar Wilde (1894) (2) en el que está basada la ópera.

L'apparition de Gustave Moreau, óleo sobre lienzo,
c. 1876, Museo Gustave Moreau de París

La figura de Salomé nace con las narraciones de los evangelios de San Marcos y San Mateo: Herodes, tetrarca de Judea, aprisiona a Juan el Bautista, quien lo censura por vivir junto a su cuñada Herodías. Salomé, su hija, baila para él a cambio de que le conceda lo que ella desea. Instigada por su madre, Salomé pide la cabeza de Juan. Herodes cumple su deseo, lo hace decapitar y le entrega la cabeza en una bandeja de plata.


Manual del perfecto decadentista

Hacia las últimas décadas del siglo XIX, la imagen de Salomé aparece en pinturas de Gustave Moreau y Gustav Klimt, y en las obras de Oscar Wilde y Gustave Flaubert (3). En general, hasta ese momento las representaciones pictóricas reproducen la escena en la que ella, con la bandeja en la mano, inclina su cabeza con aflicción y repugnancia (4). Gustave Moreau invierte el gesto, concibiendo a la mujer como encarnación de la maldad y la seducción. Huysmans recoge esta imagen en su novela, la cual sería considerada la “Biblia del decadentismo”.

Salomé con la cabeza de Juan el Bautista de Caravaggio,
pintura al óleo, 1607, National Gallery de Londres

El fin de siglo trae consigo la idea de finalización, de terminación incierta, imaginariamente final y germinadora de un espíritu nuevo. Emerge el deseo de renovación, la necesidad de cambio como síntoma de un rechazo: declararse “decadente” a fines del siglo XIX en Francia era una provocación al burgués. Sobre los innumerables planos de la vida se instala la sensación de una presencia que todo lo corrompe, que todo lo tuerce hacia su degradación. Allí surge el sentimiento apocalíptico, mientras florece la experimentación de las percepciones estimuladas por el exceso y el artificio. La escritura se posa sobre objetos o materias cuyo poder de fascinación radica en su carácter doble de atracción y rechazo. La mirada queda capturada frente a la presencia de ese objeto que pareciera estar por revelar, no la naturaleza, sino una fuerza destructiva que le es inherente. Este universo impacta en la producción literaria de Wilde anterior a Salomé, como en El retrato de Dorian Gray, donde la novela de Huysmans sirve al protagonista como manual decadentista.

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Notas
(1) En la novela de Huysmans se hace referencia a dos pinturas: Salome, de 1875, y L’Apparition, de la misma época.
(2) Wilde escribió Salomé en francés, especialmente para ser representada por Sarah Bernhardt, pero la censura impidió que se estrenara.
(3) Flaubert publica en 1877, un año después de exhibida L’Apparition, su cuento “Herodías”, donde pareciera poner por escrito lo que Moreau expresa pictóricamente.
(4) Ejemplos de este tipo de representación pueden ser las pinturas de Tiziano y Caravaggio.

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Publicado el 17/04/2009
     
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