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[DVD] “Roberto Devereux” de Donizetti en Munich 2005: Gruberová “Regina” en traje de oficina
La gran soprano Edita Gruberová protagoniza esta ópera madura de Donizetti en una puesta en escena ambientada en nuestra época, pero que resulta convencional. Por Cristóbal Astorga Sepúlveda
 

Gruberová Regina en traje de oficina
DVD Deutsche Grammophon 2006 (00440 073 4185)

 

Roberto Arónica (Roberto Devereux) y Edita Gruberová (Isabel Tudor) en el final del segundo acto de Roberto Devereux, Ópera del Estado Bávaro, Munich, 2005

ROBERTO DEVEREUX, ópera en tres actos de Gaetano Donizetti. Dirección musical: Friedrich Haider. Dirección de escena: Christof Loy. Escenografía y vestuario: Herbert Murauer. Iluminación: Reinhard Traub. Reparto: Edita Gruberová (Isabel Tudor), Roberto Arónica (Roberto Devereux, earl de Essex), Albert Schagidullin (Duque de Nottingham), Jeanne Piland (Sara, Duquesa de Nottingham), Manolito Mario Franz (Robert Cecil), Steven Humes (sir Walter Raleigh), Nikolay Borchev (un paje), Johannes Klama (James Stuart). Orquesta y Coro de la Ópera del Estado Bávaro, director: Andrés Máspero. München, mayo de 2005. Sonido PCM Stereo y DTS 5.0; subtítulos en alemán, castellano, chino, francés, inglés e italiano. Duración: 135 minutos (ópera) + (entrevistas).

Roberto Devereux es una ópera madura de Donizetti, con un discurso musical fluido en donde las proezas vocales han sido puestas al servicio del sentido dramático de la pieza. Compone, suele decirse, junto a Anna Bolena y Maria Stuarda la “trilogía Tudor”, al margen que en Anna Bolena el único Tudor sea Enrique VIII, un rol demandante para el bajo, pero en ningún caso protagónico. En Roberto Devereux, en cambio, Donizetti entrega un retrato complejo de la hija de Enrique, la también “hija impura de Bolena” según la Mary Stuart donizettiana. Ese retrato ha sido el vehículo de sopranos tan talentosas como Montserrat Caballé, Lejla Gencer y Beverly Sills, por mencionar a las tres mujeres que más y mejor representaron el rol en las últimas décadas. Uno quisiera agregar el de Maria Callas, a quien con certeza el rol le calzaba como anillo al dedo, pero el mundo no es perfecto.

Edita Gruberová ha venido interpretando el rol desde hace tiempo; ya contábamos con una grabación suya en Nightingale, y circulan varias otras versiones piratas. Este devedé es el registro de cuatro funciones de 2005 en la Ópera Estatal Bávara, donde los entusiastas fanáticos de la diva hacen nata. La producción del teatro muniqués estuvo a cargo de Christof Loy, quien situó los tres actos en un ambiente único, un espacio amplío y frío similar a una antesala de algún organismo internacional. Es en este medio masculino donde Edita Gruberová ofrece su reina Isabel. No resalta particularmente su feminidad, ni su casi infantil alegría en la cabaletta de su aria de ingreso (si uno piensa en Sills, la diferencia es abrumadora). A pesar de estar en una etapa madura, su voz no se ha oscurecido, siendo todavía lo mejor de ella los agudos. Esto le permite rematar brillantemente innumerables frases, con una tendencia exasperante al sobreagudo. Los pianissimi los maneja con liberalidad disipadora, llegando a niveles de afectación (piénsese en la frase con que inicia su última entrada). Dentro de sus capacidades dramáticas, Gruberová retrata con soltura a la reina, no ciertamente con la seguridad y autoridad de una Sills, ni el sentido trágico de una Caballé, pero sí con suficiente amor propio. Su escena final es de antología, más por el carácter repulsivo que Loy le imprime, que por el fraseo punzante de Gruberová.

Edita Gruberová (Isabel Tudor) en su entrada en el cuadro tercero del tercer acto de Roberto Devereux, Ópera del Estado Bávaro, Munich, 2005

El tenor Roberto Arónica posee medios más que suficientes para enfrentar un rol demandante: un trío, dos dúos y un aria ubicada casi al final de la ópera. En todos ellos Arónica rinde con fluidez su timbre cálido, no demasiado preocupado de sutilezas. Es la clase de tenor que prefiere pintar con una brocha más gruesa, apelando a la melodía y al timbre; como ambas cuestiones no están en duda, ya sea porque Donizetti es un experto músico o porque Arónica posee una voz templada y abrasadora, el resultado es satisfactorio.

Albert Schagidullin y Jeanne Piland como duques de Nottingham son eficientes, pero uno extraña más musicalidad en sus interpretaciones. La compleja aria del barítono es ejecutada correctamente, pero sin comunicar demasiado, situación que sin embargo no se repite en los momentos de mayor ira del personaje; esto hace que termine resultando más odioso de lo que su situación de marido engañado pudiera sugerir. Sara es un rol poco recompensante, con un breve solo de entrada y dos dúos en los cuales aflora una escasa personalidad; Piland no hace milagros, pero uno sigue pensando que algo podría hacerse con este rol. Quizá con un vestuario un poco más femenino despertaría más simpatía, y no adquiriría un constante y perturbador parecido fisonómico con Michael Jackson (una de las situaciones más extrañas que recuerde en un devedé de ópera).

Edita Gruberová (Isabel Tudor) en el final de Roberto Devereux,
Ópera del Estado Bávaro, Munich, 2005

Friedrich Haider dirige con eficiencia una ópera que todavía podría sonar menos políticamente correcta, y ofrece algunos comentarios de real interés en la entrevista (uno se pregunta por qué ello no se refleja en la dirección). La puesta es, después de todo, convencional, ejecutada con precisión, y transmitiendo una pulcra y ascéptica belleza oficinil. Qué puedan hacer los cantantes con esto, parece más estar abandonado a la imaginación de cada uno de ellos que a alguna indicación escénica. Por ello terminan casi siempre cantando en la clásica posición de-frente-al-público. Loy ha incorporado como personaje mudo al hijo de Mary Stuart, el futuro rey Jacobo, que revolotea durante toda la pieza y finalmente recibe de Isabel la corona (un uso bastante literal de la frase de Isabel “Dell’anglica terra sia Giacomo il re”). Hay momentos que pueden hacer sonreír al espectador, pero parece más un efecto no querido de una puesta que se mueve en un nivel de seriedad cercano a la gravedad.

Cristóbal Astorga Sepúlveda
kastorgas@tiempodemusica.com.ar
Diciembre de 2007, Santiago de Chile
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Publicado el 10/01/2008
     
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