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[DVD] "El rapto en el serrallo" en el Festival de Aix-en-Provence: Oriente: otros tiempos, ningún lugar
El singspiel de Mozart es presentado con un alto compromiso artístico, con la precisa dirección musical de Marc Minkowski y la imaginativa puesta en escena de Jérôme Deschamps y Macha Makeïeff. Por Cristóbal Astorga Sepúlveda
 

Oriente: otros tiempos, ningún lugar
DVD Bel Air Classiques 2007 (BAC028)

 

Matthias Klink (Belmonte) y Wojtek Smilek (Osmin) en el primer acto de
 El rapto en el serrallo, Festival d'Aix-en-Provence, 2004.

EL RAPTO EN EL SERRALLO (DIE ENTFÜHRUNG AUS DEM SERAIL) de Wolfgang Amadeus Mozart. Dirección musical: Marc Minkowski. Reparto: Malin Hartelius (Konstanze), Magali Léger (Blonde), Matthias Klink (Belmonte), Loïc Félix (Pedrillo), Wojtek Smilek (Osmin), Shahrokh Moshkin-Ghalam (Bassa Selim). Les Musiciens du Louvre-Grenoble. EuropaChorAkademie, director: Joshard Daus. Dirección escénica: Jérôme Deschamps y Macha Makeïeff. Escenografía: Miquel Barceló. Vestuario: Macha Makeïeff. Iluminación: Dominique Bruguière. Festival d'Aix-en-Provence, julio de 2004. Sonido LPCM Stereo, DD 5.0 y DTS 5.0; subtítulos en alemán, castellano, francés e inglés. Duración: 128 minutos.

El singspiel El rapto en el serrallo (o menos embarazosamente, El secuestro en el serrallo) se enmarca en la tradición dieciochesca de las óperas de rescate. Presenta el mundo lejano y estereotipado del bajá Selim, lugar al que llegan Konstanze, Blonde y Pedrillo, vendidos como esclavos por piratas; a ese mismo lugar llegará Belmonte para rescatarlos (o, como dirá Blonde, al menos para secuestrarlos). Contábamos ya con una versión de Marc Minkowski dirigiendo al Mozarteum de Salzburgo, en el Festival que allí se realizó en su edición de 1997. En esa oportunidad, François Abou Salem actualizó el escenario y lo llevó al conflicto Oriente-Occidente contemporáneo mediante la alteración del texto hablado, la introducción de música oriental genuina y, más relevante todavía, la fuerte presencia de Selim, quien recita poesía en árabe y pasajes del Corán. Es este último aspecto el que más lo aproxima al Rapto de Jérôme Deschamps y Macha Makeïeff, ahora con Minkowski dirigiendo unos correctísimos Musiciens du Louvre-Grenoble, y así marcando también distancia con la producción montada en Salzburgo durante el año Mozart, en la cual derechamente se suprimió la figura del bajá.

Deschamps y Makeïeff recurren a un esquema plástico. Ello es latente por la utilización de telones pintados que, sin embargo, recuerdan más la Flauta mágica de Chagall que algún ballet; y también por la comparsa buffa, muy en el estilo de Dario Fó. El escenario, único para los tres actos, nos muestra una torre ubicada a un costado, dejando paso libre para que Shahrokh Moshkin-Ghalam, bailarín y declamante, interprete un Selim que flota entre las nubes del amor y el poder, ambas para él artes de la dominación. No posee la nobleza humanitaria del Selim de Abou Salem, y es que el Oriente de Deschamps y Makeïeff se aproxima más a la idea misteriosa y exótica que Mozart parece haber tenido en mente. Ello no impide que este Selim seduzca por su carisma, y por lo mismo su salida al cierre de la ópera es experimentada como una pérdida, como si la huida de los europeos hiciera desaparecer ese otro mundo. El Selim de Abou Salem salía dando vueltas como un derviche girador, recordándonos la presencia de Oriente; el Selim de Deschamps y Makeïeff sale disparado como un geniecillo envuelto en un remolino, recordándonos ese Oriente de cuento para niños, lleno de excesos y magia, pero que siempre podemos alejar cerrando la tapa.

 

Entrada del bajá Selim (Shahrokh Moshkin-Ghalam) del primer acto de
El rapto en el serrallo, Festival d'Aix-en-Provence, 2004.

Malin Hartelius, perfecta Blonde en el Rapto anterior de Minkowski, es aquí una Konstanze solo correcta. Con entereza afronta su "Ach ich liebte", pero sus medios son insuficientes para el tour de force que es "Marten aller Arten". Por ello, "Traurigkeit" termina siendo la mejor forma de lucir su voz más bien pequeña y dada a delicados detalles intimistas, a pesar de tornarse un poco metálica. Por lo mismo, la elección de Magali Léger para Blonde no puede ser más adecuada; con un agudo delgado, y que mal enfrentado se vuelve molesto, su voz de soubrette ligeramente nasal contribuye a darle, en contraposición, más carácter a Konstanze.

Matthias Klink es un joven tenor con una voz más o menos amplia, pero poco trabajada en la zona media. Su aria de entrada está resuelta no tanto por el manejo del fiato, como por la acomodación que efectúa de la voz, a veces exagerando el adelgazamiento. Gana en matización en su segunda aria, pero la mucho más trabajosa "Ich baue ganz" del acto tercero es reemplazada por la del segundo, "Wenn der Freude Tränen fließen", aquí en tres estrofas. Esto es usual para aquellos tenores que no pueden ejecutar la exigente coloratura, y de hecho le permite a Klink lucir unos redondos graves. Loïc Félix, por su parte, es un Pedrillo algo estridente, pero solvente. Wojtek Smilek en Osmin es lamentablemente una decepción. No posee una voz con los graves suficientes para honrar este emblemático rol de bajo. Tampoco sabe colorear con imaginación los melismas de su primera aria, ni transmitir la alegría sádica de la segunda. Una lástima, porque habría provisto un rico contraste para el estilizado bajá.

 

Loïc Félix (Pedrillo) en el tercer acto, El rapto en el serrallo,
Festival d'Aix-en-Provence, 2004.

El sonido, tomado al aire libre, tiene un carácter nocturno sugerido por lo que parecen ser insectos músicos, pero… el Rapto también transcurre en parte de noche. La presentación del devedé es impecable, con abundantes fotografías en color y entrevistas a los directores, tanto de escena como de orquesta. Un bello ejemplo de juego escénico y compromiso artístico, recomendable para cualquiera que quiera acercarse a esta ópera llena siempre de tantas recompensas.

Cristóbal Astorga Sepúlveda
kastorgas@tiempodemusica.com.ar
Octubre de 2007, Santiago de Chile

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Publicado el 16/10/2007
     
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