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[DVD] "La flauta mágica" de Mozart en la Royal Opera House de Londres 2003: Luz y razón...
Una puesta en escena novedosa que ofrece múltiples lecturas, con una versión musical excepcional dirigida por Sir Colin Davis y un elenco de cantantes destacados. Por Cristóbal Astorga Sepúlveda
 

Luz y razón en La flauta de McVicar
DVD Opus Arte 2003 (OA 0886 D)

La Reina de la Noche (Diana Damrau) y Tamino (Will Hartmann), 
primer acto La flauta mágica, Royal Opera House, Londres, 2003

LA FLAUTA MÁGICA de Wolfgang Amadeus Mozart. Dirección musical: Colin Davis. Dirección de escena: David McVicar. Reparto: Will Hartmann (Tamino), Dorothea Röschmann (Pamina), Diana Damrau (Reina de la Noche), Franz-Josef Selig (Sarastro), Simon Keenlyside (Papageno), Ailish Tynan (Papagena), Adrian Thompson (Monostatos), Gillian Webster (Primera Dama), Christine Rice (Segunda Dama), Ivonne Howard (Tercera Dama), Thomas Allen (Orador), Matthew Beale (Primer Sacerdote), Richard Van Allan (Segundo Sacerdote), Alan Oke (Primer Hombre Armado), Graeme Broadbent (Segundo Hombre Armado), Zico Shaker (Primer Niño), Tom Chapman (Segundo Niño), John Holland-Avery (Tercer Niño). Coro de la Royal Opera House, director de coro: Terry Edwards. Orquesta de la Royal Opera House. Escenografía: John F. Macfarlane. Iluminación: Paule Constable. Coreografía: Leah Asuman. Royal Opera House, Covent Garden de Londres, 27 de enero de 2003. Sonido PCM Stereo y DTS 5.1, subtítulos en castellano e inglés. Duración: 185 + 4 (sinopsis ilustrada) + 17 minutos (entrevistas). DVD Opus Arte 2003 (OA 0886 D).

Para sir Colin Davis, esta vez La flauta mágica iba a ser distinta; iba a ser algo más serio. A ello ayudaba la visión de David McVicar, muy alejada de las puestas en escena juguetonas y coloridas a que estamos acostumbrados. Esta Flauta se sitúa justamente en la acera opuesta de la maravillosa producción de David Hockney, disponible por partida doble en devedé (desde Glyndebourne y el Metropolitan). La generosa entrevista con Davis ayuda mucho a imbuirse del humor que parece haber rodeado al equipo. No es desconocida la pasión del director inglés por Mozart y, a ratos, sir Colin despliega un discurso de viejo sabio que casi impide ver la obra con ojos distintos a los suyos. Para los dos directores, La flauta mágica respira mortalidad, y es esa imagen la que han pintado con un vasto uso del claroscuro, la solemnidad y el homenaje.

Sin embargo, hay algo más en esta asombrosa Flauta. Se trata, es cierto, de una versión oscura, que enfatiza el tipo de viaje que emprende Tamino al comienzo; un viaje que lo llevaría a descubrir la sabiduría, sin por ello perder su humanidad. Will Hartmann despliega un Tamino algo maduro, menos inocente y más al tanto de lo que puede posibilitar la aventura por recuperar a Pamina. A ello contribuye su voz oscura, sorteando eso sí con poco garbo su aria. Si bien el elemento del rescate está presente, pareciera tratarse más bien de un falso comienzo. McVicar ha resaltado la retórica iluminista de la pieza, aquella que exalta la razón y reniega de las pasiones. El reino de Sarastro, un muy solvente Franz-Josef Selig, es el reino de la razón, del seguro camino de la ciencia, de la especulación y…de los hombres. No asombra entonces que el Orador, el venerable sir Thomas Allen, se asemeje a Kant, y que junto a él veamos a hombres de ciencias con ropajes cosmopolitas. Así, más nos choca la imagen degenerada de Monostatos, por esta vez no un moro, sino un cortesano lascivo y servil.

Simon Keenlyside como Papageno, La flauta mágica,
Royal Opera House, Londres, 2003

Este mundo frío y estricto contrasta por un lado con aquel más inmediato y cotidiano de Pamina y Papageno y, por otro, con el de la Reina de la Noche. Pamina y Papageno, una mujer y un hombre pájaro, ofrecen una posibilidad de escapatoria al rigorismo de Sarastro. Dorothea Röschmann realiza un trabajo conmovedor, siendo una Pamina de carne y hueso, sensata y conmovedora. Simon Keenlyside es el Papageno con mayor vida interior que pueda recordar. Si bien sospecho que para la función estaba enfermo (su rostro es simplemente poco feliz), el trabajo es limpio y bien presentado. Uno casi puede ver a sir Colin con los ojos húmedos en medio de su dúo del Acto Primero.

El tratamiento de la Reina de la Noche es más complejo de explicar, principalmente porque Sarastro ha sido presentado oscuramente. ¿Cómo podría oponerse a la oscuridad la Reina de la Noche? Este es un punto ambiguo, y no es la primera puesta en escena que lo resalta. La oposición solo la captamos en el final, cuando el Coro expulsa a la Reina con una gran esfera de color amarillo, muy similar a The weather project de Olafur Eliasson exhibido en el Tate Modern de Londres el 2003.

Escena final de La flauta mágica, Royal Opera House, Londres, 2003

Por supuesto, las imágenes iluministas no son siempre tan sofisticadas. Papagena, vestida con ropa moderna, es el fiel reflejo de una sociedad de consumo amparada en el libre intercambio y la formación antojadiza de preferencias. Por ello mismo, Papagena y Papageno si bien no son aceptados en el reino de los iniciados, son eso sí tolerados.

No es casualidad, entonces, que ese final, tan luminoso, tan de cara al público, con aldeanos alabando a Isis y Osiris, con la calidez de un sol artificial barriendo las tinieblas de la sinrazón, sea al mismo tiempo tan ideológico y tan sospechoso. Es como si, después de todo, no importaran las vejaciones ni las manipulaciones; el progreso, y vaya que está presente aquí, todo lo justifica. Es cierto, vemos gente feliz junto a Tamino y Pamina, unidos por el sacrificio, y vemos también a niños junto a ellos. Pero no vemos todo, y en esto McVicar es sutil. Sorprende a veces la exagerada inclusión de niños. De hecho, los tres niños  que guían a Tamino son presentados con ropas andrajosas y deprimentes, como subproductos de la era industrial. No sabemos si en el reino de Sarastro hay lugar para ellos. Sabemos eso sí que su función en la pieza es bastante instrumental, pero McVicar ha tenido la inteligencia de resaltar puntos como este. Una Flauta novedosa, plagada de ventanas para múltiples lecturas, en especial si se quiere contar con una versión que contraste con otras más preocupadas por el juego visual.

Cristóbal Astorga Sepúlveda
Febrero 2007, Santiago de Chile

Imágenes gentileza Opus Arte

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Publicado originalmente el 24 de febrero de 2007

 
Publicado el 26/05/2007
     
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