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Graciela Tarchini : En el lugar indicado
Por Javier Villa
 

3. La enseñanza

Algunos sectores de la enseñanza musical han jerarquizado a los saberes específicos relegando a los conocimientos pedagógicos a un plano secundario. Esta situación llevó a que ciertas prácticas no contemplaran la importancia de la pedagogía como un aspecto fundamental de los procesos de enseñanza y de aprendizaje. En este tramo de la conversación Graciela Tarchini expone su visión sobre la educación musical realizando interesantes reflexiones que dan cuenta de su conocimiento pedagógico y también de su flexibilidad de criterio.

¿Cómo es el trabajo cuando se enseña composición? ¿Qué implica?
En composición uno tiene que buscar su propio estilo. Sin embargo, como trabajo de análisis les hago escribir, por ejemplo, un coral o un preludio y fuga al estilo de Bach, pero les aclaro que los estoy evaluando en análisis. A través de la improvisación indago y les indico que escriban como les gusta, de la manera que les gusta. A partir de lo que me traen hago una especie de psicoanálisis sobre qué es lo que tienen de propio. En la enseñanza se trabaja mucho imponiendo técnicas de composición, entonces a lo mejor no hay ninguna técnica que encaje en la forma de escribir, de pensar o de estructurar la música de ese alumno, entonces me voy adentrando en esas obras que escriben, sobre qué es lo que cada uno tiene de positivo y sigo la ruta por ese lado.

¿Esa percepción que adquirió en la enseñanza se fue desarrollando a lo largo de los años?
Sí, claro. Enseño desde los seis años y profesionalmente desde los dieciocho en la facultad. No puedo calcular la cantidad de gente que pasó en mi vida. Eso se agiliza vos lo ves…

Además, seguramente se va repitiendo con distintas características en comportamientos similares.
Exactamente. Por ahí a unos les he recomendado hacer música incidental porque lo que me traían era para un film, un corto o para el teatro. Entonces les he sugerido que continúen aprendiendo con alguien que les enseñe ese oficio.

Eso es muy interesante porque en líneas generales la imagen del maestro está más asociada a referenciar las imposibilidades de sus alumnos, en lugar de las posibilidades que puedan tener.
Generalmente los profesores de composición escuchan las obras cuando los alumnos las traen, pero yo pido que me dejen la obra para analizarla al detalle. Entonces eso te lleva muchísimas horas de trabajo fuera de clase porque si no qué les digo si me gusta o si no me gusta, o que hagan en tal pasaje esto o aquello otro, esa es una mirada muy superficial, y eso al otro no le sirve, y a mí tampoco sinceramente. Hace poco un chico que quería estudiar conmigo me dijo que le gustaba la música tonal pero que esa música ya no servía, yo le dije “todo sirve”. Eso de que todo se agota y uno no puede usarlo…

Claro esa necesidad de que tenga que ser novedoso y original todo el tiempo ¿no?
Todo nuevo, y eso dejó a mucha gente sin escribir más como si no existiera la posibilidad de emplear determinados elementos en un momento y en otro se puede traer a colación otros elementos y la totalidad suena fantásticamente bien; sino qué es la Sonata Concord de Charles Ives, uno podría decir que es el máximo exponente del pasticcio porque aparece de todo, hasta una marcha del ejército norteamericano, aparece la alusión de la Quinta de Beethoven en una cita muy enmascarada, y después aparece el estilo propio de Ives y todo eso hace que realmente sea una gran obra.

Históricamente se ha trabajado al análisis jerarquizando a las cuestiones que aparecen visualmente en la partitura. ¿Cuál es el enfoque que se le puede dar a la cuestión sonora en el análisis?
El primer contacto con la obra es auditivo.

Sería deseable que así fuera, no siempre pasa (risas)
Todas las fases del análisis las hacemos auditivamente, la parte de delimitación, articulación, descripción del material, adjudicación de funciones y jerarquías, por supuesto que se hace hasta donde se puede, pero ya de entrada nomás. A medida que se avanza en el conocimiento y en la adquisición del método cada vez escuchás mejor y más cosas, y después vamos a la partitura para corroborarlo. Lo primero es la audición y después la partitura, y una vez que la partitura está trabajada con esa disección tan profunda, hago audiciones críticas sin decirles quién toca o qué orquesta toca o qué director dirige. Ellos entonces escuchan y corrigen. Eso también es muy útil primero para desmitificar quien toca bien y quien toca peor, o que este es un genio… cada persona tiene aciertos y desaciertos y eso pasa también con las interpretaciones. Cuando me preguntan qué pienso sobre la versión de tal o cual intérprete si no analicé esa obra prefiero no decir nada, lo que puedo decir es si tiene un bello sonido o una técnica envidiable, pero yo necesito analizar la obra para poder decir sobre lo que hace como intérprete.

Hay intérpretes que tienen un nivel de entendimiento con la obra muy profundo que quizás en algunos casos hasta puede llegar a parecer un poco intuitivo. ¿Cuál es el lugar que tiene la intuición?
Enorme. Si yo no tuviera intuición sería…

Claro porque además también se pone en juego a la hora de tomar decisiones interpretativas…
¡Sí! La intuición es conocimiento. Además, hay una relación dialéctica, cuanto más se conoce más se desarrolla la intuición. Yo la valoro de una forma muy especial y trato de desarrollarla en mí misma y en las personas que trabajan conmigo.

¿Para un docente cuál es la diferencia entre enseñar audio y enseñar análisis musical?
Hay que tener un método de enseñanza claro.  Primeramente, hacer una investigación lo menos traumática posible para conocer sobre lo que tiene y sobre lo que carece el alumno. A mí no me importa que venga un alumno que no afine bien porque uno se interioriza sobre esa situación y sabe que hay un encadenamiento que no se puede perturbar ni omitir. Siempre les digo cuando vienen a estudiar —y sobre todo a aquellos que no tienen un oído extraordinario o que tienen problemas para escuchar— que no se aflijan porque van a escuchar y van a afinar bien. Unos lo hacen más rápido y otros necesitan más tiempo, pero si pasara que no salen de esta casa teniendo un buen campo auditivo y un buen campo de análisis, la responsabilidad es mía. ¡Les devuelvo la plata de todas las clases que me pagaron! (ríe) En cada clase tiene que haber un avance tanto en audio como en análisis. Yo me tomo el trabajo en recordar, anotar y preparar todas las clases. Tengo una carpeta con el nombre de cada uno y con el número de clases, vendría a ser como la ficha de un médico. Cuando se van me tomo unas horas para recordar qué dificultades tuvo, qué le pasó en la clase, y en base a eso preparo la clase siguiente. Además antes de que se vayan y apaguen el grabador, les organizo el estudio para la semana. En audio tienen que tener una gran disciplina para no dejar temas inconclusos, por eso les aconsejo también que las clases tienen que ser muchas, cortas y variadas. Estudiar audio exige una gran concentración, porque si un alumno no puede estudiar en tres días y luego pretende estudiar tres horas es mejor que no lo haga porque la atención se va y todo lo que se haga no sirve. Lo mismo pasa con los instrumentos. Un consejo que les doy es que planifiquen las tareas y lo anoten. En cambio, con el análisis es lo contrario porque implica otra dificultad. Hay que tener dos o tres horas, porque además es apasionante empezar a descubrir los secretos que hay en una obra y empieza a poseerlos y siente, después, como si la obra la escribió uno. Cuando llegás a profundizar tanto, sos el hacedor de esa obra, ya te pertenece y no se te olvida más, queda memorizada, aunque no tengas una memoria visual tan poderosa.

Para terminar Graciela ¿qué significa la música en su vida?
La música es un núcleo muy importante en mi vida, de estudio permanente, es una vocación muy grande, pero tengo otras vocaciones, mi familia también lo es. Tengo una dedicación y una atención muy grande a lo que le pasa a cada uno de ellos. Mi interés hacia lo social es muy fuerte, me lo inculcó mi papá desde muy chiquita y eso hace que tenga una gran preocupación, siempre, por aquel que la está pasando mal. Mi trabajo en ese sentido es tan silencioso, pero también es tan importante como todos los demás que te conté (se emociona y luego retoma la respuesta) La música me permite comprender muchas cosas, a través de mi contacto con los músicos y con los alumnos. Ellos me enseñaron todo, les estoy tan agradecida y se los digo, ellos me dicen que yo les enseñé todo, pero no: es mutuo.

Además, el conocimiento es una instancia para hacer lazo con el otro…
Sí, la solidaridad se me grabó a fuego. Mi vida privada va sobre rieles, tengo una familia hermosa, un compañero de vida que me acompaña desde hace 46 años, y que es una bella persona y un excelente músico, es Oscar Castro, director de coro y de orquesta, pero por otro lado uno no puede ser indiferente a lo que les pasa los demás.

A muchos músicos les cuesta ver más allá de su propia actividad, como si la realidad les pasara por otro lado….
Creo que por eso también son más pobres, musicalmente hablando. Si vos no te podés conmover ante un hecho cotidiano… ¿cómo te vas a conmover profundamente con una obra? La sensibilidad y la entrega que uno pone en otras actividades después pasa al trabajo musical y a la comprensión más profunda de las obras.

El intercambio producido a raíz de la pregunta final sintetiza, en cierto modo, el vínculo que se aprecia entre el interés de Graciela Tarchini por la música y por los afectos, que también se evidencia en la forma en la que concibe la enseñanza. La rigurosidad de su metodología de análisis se pone al servicio no de réditos personales, sino de una profunda vocación por hacer comprensible la complejidad de los fenómenos musicales. Hay ciertas personalidades que resultan absolutamente necesarias para el ámbito de la enseñanza musical. Graciela Tarchini es, sin dudas, una de ellas.

Entrevista de Javier Villa
Septiembre 2020

Fotografías de Felix Busso y Micaela Vazzana, gentileza Graciela Tarchini

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Publicado el 19/09/2020
     
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