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Carlos Vieu : Un sueño cumplido
Por Ernesto Castagnino
 

Carlos Vieu, dirigiendo a la Orquesta Sinfónica Nacional en el Centro Cultural Kirchner

¿Cuáles considera que son los ejes de la formación de un director?
La base de la dirección de orquesta es la música de cámara, es difícil que si no fui intérprete de música de cámara entienda cómo es el funcionamiento interno de los equipos de la orquesta. Si no fui músico de orquesta es muy difícil que entienda cómo es el código interno y la dinámica del músico de orquesta. Por ejemplo, cómo le pido la forma de ataque a un corno, cómo le pido eso a una doble caña, ¿es igual?, todo esto influye en el sonido. El director tiene que dominar el instrumento orquesta, ¡pero no lo tiene en su casa para practicar! (risas) El director debe mediar no solo entre el compositor y la realización, sino también entre el foso y el escenario, con la dirección escénica, que no siempre comprende —en pos de buenas intenciones, de modernizar lo escénico— los códigos de la ópera, donde, por ejemplo, los cantantes no cantan amplificados y tienen que cantar hacia adelante. Un director de ópera primero tiene que ser un bicho de teatro, no es simplemente un director de orquesta o un músico que se dedica a la dirección de orquesta, es un tipo que tiene que entender, sentir y dirigir la orquesta como si fuera un personaje más, explicándole al músico que la escena que está acompañando es dolorosa o sensual, y debe sonar con esa impronta. Porque la persona que está viendo la ópera por primera vez —aun si no hubiera sobretitulado como ahora— debe comprender qué está ocurriendo desde lo emotivo.

¿Y qué le pasa a un director cuando se convierte en público?
¡Buena pregunta! Hay una deformación profesional obvia que hace imposible la objetividad total. Siempre hay una idea previa sobre la obra. Yo podría decir que tuve dos etapas: una muy pedante, donde me ponía incómodo y no disfrutaba el concierto, cuando algo no sonaba bien. Saltaba en la butaca (se ríe) Después entendí que, salvo los errores por irresponsabilidad o por falta de formación, la partitura posibilita una multiplicidad de lecturas. Es más, si uno dirige siempre igual para mí hay un problema, porque mi concepto analítico puede ser fijo, pero la realización de esa interpretación varía siempre de acuerdo a muchas condiciones, algunas muy sutiles. Como público, trato de ir virgen al concierto, de hecho, soy asistente a conciertos —algo que no veo en otros colegas— y me encanta, porque aprendo. Porque, aunque no coincida con la idea, pero veo que hay un fundamento me parece maravilloso y, aunque yo no lo vaya a aplicar, me resulta interesante como ejercicio intelectual.

Tiene que haber lugar para la sorpresa…
¡Siempre! Voy a buscar la sorpresa y me aburre cuando no la encuentro. Descubrir un tipo de sonido que a mí no se me ocurrió… ¡es fascinante! Además, yo voy a escuchar la música. Uno no puede desprenderse de su entrenamiento y es imposible escuchar como público común, pero hay que hacer el ejercicio, porque el objetivo del arte es elevar el espíritu y tiene que impactar sin tanto rollo técnico de por medio. Y yendo, además contribuí con mi presencia a mantener vivo un género que es mi propio trabajo.

Hablemos de Aida ¿Cuáles serían los desafíos que le plantea como director?
Es una obra enoooorme y que además tiene un plus que es el peso de la tradición. Verdi se inspira en la monumentalidad de los templos egipcios, esta obra es de una dimensión tremenda, wagneriana en cuanto a la duración y con toda la artillería que tenía la ópera en ese momento: números de ballet —que en esta producción va a coreografiar Paloma Herrera—, coros y bandas internas, dobles o triples coros. En la escena concertante del Acto Segundo tenemos el coro de los esclavos, el coro del pueblo y el coro de los sacerdotes, más los siete solistas… es de una complejidad de texturas muy grande y eso implica una logística compleja.

Es el Verdi monumental…
Verdi fue un gran ampliador de la forma, comenzó siendo un belcantista —a mi modo de ver más cercano al estilo de Donizetti que al de Bellini— pero empezó a transformar el lenguaje a partir de su genialidad, su intuición teatral y el conocimiento de la voz humana, probablemente sea uno de los compositores que mejor escribe para la voz humana. Aida fue una ópera hecha por encargo, por lo cual no sé cuánto tiene de voluntad verdiana, de su inspiración como el animal teatral que era y de su compromiso político eligiendo argumentos que dejaran un mensaje. Volviendo a la pregunta anterior sobre los desafíos, Verdi —como todos los compositores de ópera del siglo XIX— componía para voces con nombre y apellido, tenía tal soprano o tenor, y escribía el rol en base a sus talentos y debilidades. ¡El desafío vocal en Aida es inmenso! Un simple mortal no puede cantar Aida, primero porque hay que superar a una orquesta de gran densidad, y por más esfuerzos que el director haga de balancear y cuidar a las voces, hay un porte sonoro que, si se lo rebaja a menos de lo que debe ser, la obra deja de ser lo que tiene que ser. Si Verdi pone en la partitura fortissimo con cinco efes (fffff) es porque quiere muuuuy fuerte (risas), no para que yo dirija mezzoforte (mf) porque tengo un cantante que no llega. Después el crítico dice “Vieu dirige muy fuerte” o “Perusso dirige muy fuerte”, pero, la verdad, son óperas hechas para grandes voces sin las cuales no tiene sentido programarlas.

¿Y cómo es su historia con esta ópera?
Nunca dirigí una producción de Aida en un teatro oficial, hice fragmentos, escenas. En mi debut en el Teatro Colón con la Banda Sinfónica de Buenos Aires lo primero que dirigí fue la escena triunfal. La única versión completa la dirigí a los veinticuatro años, cuando trabajaba en una escuela en Devoto junto a Gustavo López Manzitti. Gustavo montaba óperas y musicales, se nos ocurrió hacer Aida, así que llevamos amigos del Coro Estable del Colón para reforzar el coro, y el elenco era: Patricia Lerner y Gustavo López Manzitti como Aida y Radamés, Ana Ruanova como Amneris, Marcelo Lombardero era Amonasro, Leonardo López Linares era el Rey de Egipto y Diego Sanclemente como Ramfis, con Julia Manzitti al piano.

¿Y cómo se encaran los ensayos de una ópera tan compleja?
Siempre empiezo por una lectura completa porque es la oportunidad de hacer diagnóstico y planificar todo lo que a venir en los ensayos siguientes. Si yo empiezo con el prejuicio de que algo no va a funcionar y le dedico un tiempo determinado, probablemente sea el tiempo que yo necesite para otra cosa que no haya tenido en mente y ya no disponga de ese tiempo. Lo mismo por el prejuicio inverso de dar por sentado que algo va a salir y encontrarme ahí con un problema. Además, hay una realidad concreta, la orquesta se ha renovado y si hay más de cinco personas que han tocado Aida la última vez creo que no le equivoco al cálculo, entonces la tengo que leer de cero, además hay acotados ensayos con respecto a la dimensión de esta obra. Y a medida que avanza la lectura uno va poniendo su impronta.

Carlos Vieu / Fotografía de Diana Sansano

¿Cómo sigue al año?
Este año no hay, por suerte, prácticamente huecos en mi agenda. Tengo dos conciertos con la Sinfónica Nacional con obras muy grandes: la Misa Solemnis de Beethoven en julio y en diciembre la Misa Glagolítica de Leoš Janáček. Al día siguiente de la última función de Aida, viajo para una serie de conciertos con la Orquesta de Cámara de Chile, después a Rosario con La mer de Debussy con la Sinfónica Provincial, en octubre vuelvo a Estados Unidos con la Silicon Valley a dirigir las Cuatro últimas canciones y la suite de Rosenkavalier de Richard Strauss, y La Damoiselle élue de Debussy. En diciembre dirigiré I pagliacci al aire libre para la reinauguración del Anfiteatro de Rosario recién restaurado. También conciertos con la Orquesta Juan de Dios Filiberto, otros en Mendoza, más la actividad docente en la UCA… Es un año ocupado, pero estoy feliz porque es un año artísticamente muy productivo y me reivindica mucho porque dejar la titularidad de [la Orquesta Estable del Teatro Argentino de] La Plata fue para mí un golpe muy duro. Este año, el maestro Diemecke me dijo literalmente “vos vas a trabajar en nuestra gestión” y muy generosamente me cedió Aida. Así que le debo a él en persona, y al apoyo de Martín Boschet, esta posibilidad. Empiezo a tener continuidad en el Teatro Colón, que considero mi segundo hogar, y eso me da mucha satisfacción y me conmueve. Es un sueño cumplido poder dirigir esta obra en el Colón.

Entrevista de Ernesto Castagnino
ecastagnino@tiempodemusica.com.ar
Mayo 2018

Para agendar
Celebrando los 110 años de su inauguración, el Teatro Colón ofrecerá siete funciones de Aida de Verdi: el domingo 27, martes 29, miércoles 30 y jueves 31 de mayo, sábado 2, domingo 3 y martes 5 de junio. Bajo la dirección musical de Carlos Vieu y la producción escénica 1996 concebida por Roberto Oswald —en reposición de Aníbal Lapiz—, se alternarán tres elencos: las funciones del 29 y 31 de mayo, 3 y 5 de junio estará encabezado por Latonia Moore (Aida), Nadia Krasteva (Amneris), Riccardo Massi (Radamés), Mark Rucker (Amonasro) y Ricardo Scandiuzzi (Ramfis). El 27 de mayo y 2 de junio serán protagonistas Monica Ferracani (Aida), Guadalupe Barrientos (Amneris), Enrique Folger (Radamés), Leonardo López Linares (Amonasro) y Lucas Debevec Mayer (Ramfis); en tanto que la función del 30 de mayo serán de la partida Haydee Dabusti (Aida), María Luján Mirabelli (Amneris), Fernando Chalabe (Radamés), Leonardo López Linares (Amonasro) y Emiliano Bulacios (Ramfis). Participarán el Ballet, Coro y Orquesta Estables del Teatro Colón. Director de coro: Miguel Martínez. Coreografía: Alejandro Cervera. Directora del Ballet Estable: Paloma Herrera. Entradas a la venta en la Boletería del Teatro, Tucumán 1171, de lunes a sábado de 9.00 a 20.00 y los domingos de 9.00 a 17.00. También se pueden adquirir vía telefónica al 5254-9100 o por internet ingresando www.teatrocolon.org.ar Localidades desde $150.

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Esta entrevista, más reducida, fue publicada originalmente en la revista Cantabile N° 93, mayo/junio 2018.

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Publicado el 21/05/2018
     
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