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Clase magistral de Ingrid Fliter en la Universidad Nacional de las Artes : Perfil pedagógico de una gran pianista
El 17 de marzo pasado la notable artista argentina brindó su primera clase magistral en la Argentina, organizada por el Centro de Estudios Pianísticos en el DAMus. Por Javier Villa
 

Descubrir el pensamiento musical de un destacado intérprete es, sin lugar a dudas, una experiencia muy interesante, pero resulta mucho más sustancioso cuando esos criterios son expuestos en el marco de un dispositivo pedagógico. Convocada por el Centro de Estudios Pianísticos, Ingrid Fliter brindó una clase magistral en la sede del Departamento de Artes Musicales y Sonoras (DAMus) de la Universidad Nacional de las Artes, como lo había hecho su colega Nelson Goerner en junio pasado.

Un artista consumado es alguien que —además de poseer algunas características sobresalientes— ha recorrido un camino de formación que le da sustento técnico, musical y estético a su práctica sobre el escenario. Esta situación revela por un lado la importancia de lo pedagógico como instancia necesaria para la construcción del conocimiento, y por otro la trascendencia de aquellas personas que forman parte de esos procesos, es decir los maestros.

Indudablemente Ingrid Fliter se ha convertido desde hace muchos años en una de las pianistas contemporáneas más interesantes, debido a la calidad de sus interpretaciones y a su pulida técnica pianística. No obstante hay otra característica muy palpable en su manera de ser artista, y es la transparencia con la que su personalidad se pone de manifiesto a la hora de actuar. Pero a esta consolidada intérprete no sólo le interesa el escenario. Desde hace un tiempo a esta parte también ha incursionado en la enseñanza. En la actualidad se desempaña como profesora de piano en la Academia Pianística de Imola (Italia).

Luego del recibimiento formal de parte de las autoridades de la Universidad y del Centro de Estudios Pianísticos, Ingrid Fliter recordó su paso como alumna por el Conservatorio Nacional (hoy DAMus), como así también a su querida maestra Elisabeth Westerkamp. Para cerrar dedicó un cálido y emotivo recuerdo a una de las personas que más la ayudaron en sus inicios, María Rosa Oubiña de Castro.

La clase estuvo orientada con exclusividad al repertorio de Frédéric Chopin. Diagramar una clase magistral con la obra un mismo compositor resulta desafiante por el nivel de profundidad con que puede abordarse lo estilístico y lo técnico. Probablemente una de las características que mejor definen al pianismo chopiniano, es la forma en la que el canto emerge a partir de su escritura pianística. Su referencia a lo vocal es tan palpable que resulta imprescindible que sea tenida en cuenta al momento de encarar una interpretación.

En esta oportunidad los alumnos seleccionados para la clase magistral fueron Axel Martres (Balada N° 1), Javier Miranda (Fantasía, Op. 49), Joaquín Oliva (Vals Op. 64 N° 2), Tomás Azcárate (Scherzo N° 2), Ciro Rolón (Balada N° 1) y Tamara Benítez (Balada N° 4).

Ingrid Fliter con Axel Martres, clase magistral en el DAMus, UNA, 2018

Desde un primer momento se advirtió en Ingrid Fliter una actitud atenta y enfocada en la labor docente. El punto de partida que necesita un maestro para orientar sus decisiones pedagógicas, es realizar un diagnóstico que dé cuenta de las dificultades y las facilidades que presenta el alumno. La mirada concentrada de Fliter parecía un radar que iba chequeando todos los aspectos que intervienen en la ejecución. Su primera intervención, luego de que el alumno Axel Martres interpretara la Balada en Sol menor, mostró la claridad de enfoque con que concibe a la enseñanza. El estudio del piano requiere diversas estrategias para abordar las dificultades que presenta una obra. Partiendo del análisis de la partitura, Fliter fue mostrando de qué manera puede trazarse un plan de estudio. Para ello enumeró una serie de cuestiones a tener en cuenta: direccionalidad del fraseo, detección de los pasajes más difíciles y unificación del criterio musical.

Probablemente uno de los desafíos más importantes a los que se enfrenta la enseñanza artística, y en particular la que concierne al piano, es no instalar criterios interpretativos cerrados o que no tengan posibilidad de ofrecer alternativas. En este sentido Ingrid Fliter manifestó una actitud abierta y receptiva a las inquietudes de los alumnos. En más de una ocasión delegó la decisión sobre la manera de encarar el fraseo de un pasaje. Esto no significa que se haya corrido del rol docente, por el contrario, fue una decisión acertada  que reveló el conocimiento que tiene sobre la enseñanza y la mirada amplia sobre el hecho musical.

Otro de las competencias pedagógicas que Fliter manejó con gran tino, fue el lugar de la pregunta como herramienta de indagación. A partir de ese recurso pudo recabar información necesaria, como por ejemplo el tiempo de estudio de una obra o la propia percepción del alumno ante una determinada dificultad. Del mismo modo también resultó determinante para poder estimular la reflexión, tan necesaria para el quehacer artístico. Durante el trabajo con los distintos alumnos, la artista repitió en más de una oportunidad una palabra singular: “probemos”. Esta palabra resultó un claro ejemplo de cómo los procesos de enseñanza-aprendizaje poseen instancias de construcción conjunta.

Tanto los alumnos como el público presente tuvieron la fortuna de poder apreciar la calidad pianística de Ingrid Fliter, ya que en reiteradas oportunidades la artista ejemplificó las distintas correcciones. De ese modo se hizo presente la riqueza de su sonido y el refinamiento de su fraseo, que posee una equilibrada dosis de sobriedad y calidez. Si bien el uso de la palabra es fundamental para la tarea pedagógica, porque posibilita la compresión, el modelo musical le permite al alumno integrar lo conceptual con lo sonoro; de allí la importancia que tiene para un maestro integrar el ejemplo a su discurso. Ella ofreció los ejemplos exactos que no sólo tuvieron valor desde el punto de vista didáctico, sino también desde el artístico.

Más allá de que los aspectos propios del saber musical se formularon con prístina claridad, podría decirse que Fliter fue más allá. Todavía en algunos ambientes académicos y artísticos sigue teniendo preponderancia la sobrevaloración del saber específico. Es común que se coloque al conocimiento en un sitio de importancia extrema y eso conlleve a dejar de lado la forma en que los alumnos transitan el proceso de aprendizaje. En consecuencia la artista instó a los alumnos a formar un criterio reflexivo, a interrogarse acerca de cómo tocar un pasaje y a encontrar las razones del porqué se toma una decisión estética.

Ingrid Fliter interpreta el Nocturno, Op. 27 N° 2 de Chopin

La masterclass tuvo un momento muy especial en donde Ingrid Fliter estableció una empatía particular con Joaquín Oliva, un niño de nueve años oriundo de Mar del Plata. Fue elocuente la forma en la que Ingrid subrayó los aspectos positivos del trabajo previo para luego introducir los elementos nuevos que le estaba proponiendo. Para adentrarse en el carácter de la danza, Ingrid Fliter invitó al niño a bailar el vals, dando cuenta de que lo pedagógico en ocasiones también tiene que ver con lo tierno.

Un destacado intérprete no necesariamente se consagra como un eximio maestro. Aun cuando es imprescindible que la idoneidad esté presente, se necesitan otra serie de saberes específicos que permitan la transmisión del conocimiento. Hoy por hoy la jerarquía pianística de Ingrid Fliter es palmaria, pero su paso por la clase magistral en la UNA ha demostrado que también es una gran maestra.

Javier Villa
Abril 2018

Fotografías gentileza DAMus
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Publicado el 09/04/2018
     
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