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“Porgy y Bess” en el Teatro Colón : Un final a todo jazz
El Teatro Colón concluyó su temporada lírica con la producción de la Ópera de Ciudad del Cabo de la genial obra de George Gershwin, que no se programaba en este teatro desde 1992. Por Ernesto Castagnino
 

Escena del comienzo del segundo acto de Porgy and Bess, Teatro Colón, 2016

PORGY Y BESS, ópera de George Gershwin. Función del domingo 11 de diciembre de 2016 en el Teatro Colón. Producción de la Ópera de Ciudad del Cabo. Dirección musical: Tim Murray. Dirección escénica: Christine Crouse. Escenografía y vestuario: Michael Mitchell. Iluminación: Kobus Rossouw. Coreografía: Sibonakaliso Ndaba. Elenco: Xolela Sixaba (Porgy), Nonhlanhla Yende (Bess), Mandisinde Mbuyazwe (Crown), Lukhanyo Moyake (Sportin’ Life), Noluvuyiso Mpofu (Clara), Goitsemang Lehobye (Serena), Miranda Tini (Maria), Mthunzi Mbombela (Robbins), Mandla Mndeebele (Sepulturero), Owen Metsileng (Jake), Lindile Kula Jr (Jim), Lusindiso Dubula (Mingo), Andile Tshoni (Peter), Bukelwa Velem (Lilly), Ernestine Stuurman (Vendedora de frutillas), Nkululeko Masuku (Vendedor de cangrejos), Nkosana Sitimela (Frazier), Thando Mjandana (Nelson), Brian Notcutt (Archdale / Coronel), Gideon Lombard (Detective), Niel Roux y Roy Hunter (Policías), Luthando Tsodo y Shaun Oelf (bailarines), Renaldo Wales (trompetista). Coro de la Ópera de Ciudad del Cabo, director: Marvin Kernelle. Orquesta Estable del Teatro Colón.

La historia del lisiado Porgy y la adicta Bess en el suburbio de una ciudad costera del sur de Estados Unidos azotada por huracanes se enmarca dentro de la estética del realismo costumbrista en la que el compositor George Gershwin creó su más ambicioso trabajo para el teatro musical. La discusión sobre si se trata o no de una ópera, presente desde su estreno, siempre fue planteada desde parámetros eurocéntricos y decimonónicos del género, a los que siempre incomoda la clasificación de las producciones de “la periferia”. Del mismo modo que cuando se analiza la producción operística argentina siempre se ha señalado como singularidad la presencia de elementos del mundo sonoro indígena o folclórico, al referirse a la ópera estadounidense se ha destacado como curiosidad la utilización del jazz, de ritmos afroamericanos, de spirituals, como si se tratara de “cuerpos extraños” insertos en el torrente sanguíneo de las estructuras musicales canónicas europeas. La pregunta a plantearse sería ¿podría ser de otra manera?
 
Con todo, la discusión queda zanjada con sólo asistir a una representación: la complejidad de las texturas orquestales, el desarrollo de la historia y los personajes, la utilización de un amplio coro con el que creó climáticos momentos concertantes, despejan cualquier duda de estar frente a una auténtica ópera. “Si tengo éxito, Porgy y Bess será una combinación del drama y el romance de Carmen con la belleza de Los maestros cantores de Núremberg”, dijo George Gershwin mientras estaba embarcado en la composición de esta obra, confirmando así su anhelo de insertarse en la tradición operística europea, aunque sin renunciar a su estilo y su propia identidad. Para un análisis pormenorizado de esta obra genial remito al lector al artículo “Porgy and Bess” de George Gershwin : El camino a Catfish Row de Luciano Marra de la Fuente.

Tras veinticuatro años de la última producción —en aquella ocasión una producción de la Ópera de Virginia—, el Teatro Colón volvió a programar la ópera con una producción de la Ópera de Ciudad del Cabo. El acople y la compenetración de una compañía que viene representando esta obra en importantes teatros del mundo es lo primero que salta a la vista del espectador. La aproximación de la directora escénica Christine Crouse acentuó los aspectos más festivos y esperanzadores de la obra, a diferencia de otras puestas donde la tristeza y la sordidez están en primer plano. Traspolada a la década del sesenta, la comunidad de Catfish Row pareció más solidaria y unida que de costumbre y, a pesar de las protestas de la inflexible Serena, todos recibieron sin reparos a Bess como una integrante más. Porgy fue un mendigo más alegre y menos apesadumbrado que de costumbre, mientras que los policías blancos actuaban con desembozada violencia más que con amenazas veladas. En conjunto se trató de un planteo coherente, algo más ligero que lo usual, con todos los ingredientes de una gran producción.

Nonhlanhla Yende (Bess) y Xolela Sixaba (Porgy), en el centro de los solistas de la Ópera de la Ciudad del Cabo, en el primer acto de Porgy and Bess, Teatro Colón, 2016

La escenografía de Michael Mitchell tuvo sus puntos a favor y en contra: tres estructuras móviles constituyeron todo el vecindario que, si bien sintético, estuvo bien resuelto con una doble altura. Lo que se extrañó en esta propuesta fue la presencia de la naturaleza, especialmente del agua a la que se hace referencia todo el tiempo ya que se trata de un pueblo pesquero, pero de la que no había vestigios en escena. También el huracán del segundo acto podría haber resultado un poco más amenazante que unos escasos efectos de iluminación.

En el elenco, la inmensa voz de bajo de Xolela Sixaba dominó de manera indiscutida y se llevó una ovación más que merecida. Con brillantes agudos y graves resonantes, su voz se proyectaba hasta el último rincón de la sala, conformando un retrato vocal del mendigo conmovedor y, como se dijo, más esperanzado que trágico. Un desacierto de la dirección escénica fue la forma de mostrar la invalidez de Porgy: un carrito con ruedas en el que estaba de rodillas podría haber funcionado si no hubiera estado la mitad de la obra desplazándose por el piso… gateando, lo que le restaba verosimilitud a la discapacidad.

La Bess de Nonhlanhla Yende no estuvo a la altura de su compañero y, con notas calantes y un vibrato excesivo, sólo logró algunos momentos de relieve en el dueto “Bess, you is my woman”. Sí destacó Goitsemang Lehobye en sus momentos solistas como la religiosa y severa Serena, mientras que Noluvuyiso Mpofu como Clara tuvo la responsabilidad de abrir el juego con un “Summertime” ofrecido con estilo y belleza vocal. Buenas prestaciones de los dos “villanos”: Lukhanyo Moyake como el dealer de droga Sportin’ Life y de Mandisinde Mbuyazwe como el violento Crown. Miranda Tini, una voz de carácter, fue una Maria maternal y contenedora, en tanto Owen Metsileng como Jake cumplió en sus dos momentos solistas.

Sin lugar a dudas el otro gran protagonista en esta obra es el coro y el Coro de la Ópera de Ciudad del Cabo mostró la flexibilidad y homogeneidad que esta partitura requiere. Tal vez lo más destacable sea la naturalidad con la que se movían, cantaban y bailaban las bien dosificadas coreografías de Sibonakaliso Ndaba.

Escena del segundo acto de Porgy and Bess, Teatro Colón, 2016

La dirección musical de Tim Murray fue teatral y llena de energía y dinamismo, consiguiendo una extraordinaria respuesta de la Orquesta Estable del Teatro Colón con la que sin dudas logró entenderse a la perfección. Un sonido robusto, una acentuación de la totalidad por sobre la heterogeneidad fueron los signos distintivos de una versión musical inolvidable.

Con el optimista final de Porgy partiendo hacia Nueva York a recuperar a su amada Bess, el público estalló en una fuerte ovación para toda la compañía, sellando un gran final de la temporada lírica para el Teatro Colón, que el año próximo tendrá nuevos e interesantes desafíos.

Ernesto Castagnino
ecastagnino@tiempodemusica.com.ar
Diciembre 2016

Imágenes gentileza Teatro Colón / Fotografías de Arnaldo Colombaroli y Máximo Parpagnoli
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Publicado el 19/12/2016
     
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