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“Macbeth” en el Teatro Colón : La traición de Malcolm
Una excelente producción de la ópera verdiana se presentó en el Teatro Colón como parte de los homenajes a William Shakespeare en los 400 años de su fallecimiento. Por Ernesto Castagnino
 

Escena final del primer acto de Macbeth, Teatro Colón, 2016

MACBETH, ópera de Giuseppe Verdi. Nueva producción escénica. Funciones del sábado 1* y domingo 2 de octubre de 2016 en el Teatro Colón. Dirección musical: Stefano Ranzani. Dirección escénica: Marcelo Lombardero. Escenografía y proyecciones: Diego Siliano. Vestuario: Luciana Gutman. Iluminación: Horacio Efrón. Coreografía: Ignacio González Cano. Reparto: Fabián Veloz / Douglas Hahn* (Macbeth), Chiara Taigi / Eiko Senda* (Lady Macbeth), Aleksander Teliga / Homero Pérez-Miranda* (Banquo), Gustavo López Manzitti (Macduff), Rocío Giordano (Dama de Lady Macbeth), Gastón Olivera Weckesser (Malcolm), Iván García (Médico), Juan Pablo Labourdette (Sicario), Sebastián Sorarrain (Heraldo), Mariano Fernández Bustinza, Victoria Gaeta, Dante Lombardi (Tres apariciones). Orquesta y Coro Estables del Teatro Colón. Director del Coro Estable: Miguel Martínez.

El año pasado, como cierre del Festival Internacional de Buenos Aires, la compañía Third World Bunfight ofreció en la sala principal del Teatro Colón una original versión del drama verdiano, transformando a Macbeth en un presidente congolés que vende sin escrúpulos los recursos naturales a una corporación. Tan poderosos son los personajes shakespearianos, tan profunda es su esencia, que su mensaje será siempre actual y su eficacia perdurará en cualquier versión o adaptación que se proponga. De la poética visión de Akira Kurosawa sobre Macbeth en Trono de sangre (1957) a la ferocidad de Heiner Müller en su aproximación a Hamlet (Máquinahamlet, 1979) o a la descarnada relectura de Julio César en César debe morir (2012) de Paolo y Vittorio Taviani, mencionando a la pasada las adaptaciones cinematográficas de Ricardo III por Richard Loncraine (1995) o de Romeo + Julieta por Baz Luhrmann (1996), los ejemplos de lecturas y relecturas, adaptaciones y versiones abundan. Abundancia que se nutre de la genialidad con la que el dramaturgo inglés puso en escena las problemáticas más hondas de la subjetividad propia de la modernidad: la ambición, la culpa, el odio, el egoísmo, los celos.

El teatro musical no se ha privado desde su nacimiento en el siglo XVII de recurrir a las tragedias y comedias shakespearianas para transformarlas en óperas: las dos versiones de Romeo y Julieta de Vincenzo Bellini y Charles Gounod, Hamlet de Ambroise Thomas, las adaptaciones de Sueño de una noche de verano de Henry Purcell y Benjamin Britten, La tempestad de Thomas Adès, las dos Otello de Gioachino Rossini y Giuseppe Verdi, Medida por medida, que sirvió de inspiración a La prohibición de amar, una de las primeras óperas de Richard Wagner; Antonio y Cleopatra, visitado en los sesenta por Samuel Barber y, finalmente, Falstaff y Macbeth, otra vez bajo la visión de Giuseppe Verdi.

Fabián Veloz (Macbeth) en una escena del tercer acto de Macbeth, Teatro Colón, 2016

La versión de Verdi sobre la tragedia del matrimonio consumido por la ambición de poder, desde su estreno en 1847, parecía haber quedado en el cajón de los más o menos fallidos empeños juveniles del compositor, cuando afortunadamente dieciocho años más tarde el propio Verdi hizo una revisión para su estreno parisino. En mejor posición que a los treinta y cuatro años, cuando todavía estaba sujeto a las exigencias de los productores y directores de los teatros, y ya mucho más afirmado en el tipo de teatralidad que quería imprimir al género lírico, el músico de cincuenta y dos años hizo los cortes y arreglos necesarios para darle a su visión de la pieza shakespeariana la fuerza dramática que merecía.

La puesta escénica de Marcelo Lombardero buceó en las profundidades de la violencia política, mostrándola con toda su crudeza en el marco de una actualidad que la acerca perturbadoramente a nosotros. En algún momento de la primera mitad del siglo XX, en cualquier país donde las turbulencias políticas propicien el escenario para conspiraciones, crímenes y abusos de poder, el matrimonio Macbeth asesina a todos aquellos que se interponen a su ambición de poder. La primera víctima será el rey Duncan cuyo hijo Macduff logrará huir antes de seguir el mismo destino. La segunda víctima será el propio compañero de batalla de Macbeth, el general Banquo, cuya descendencia fuera señalada por las brujas como una dinastía de reyes. El noble Malcolm se unirá a Macduff, legítimo heredero del trono, para ayudarlo junto a un ejército de refugiados escoceses a recuperar el trono.

El interesante giro final que encontró Lombardero para contarnos esta historia es que lejos de cerrarse la historia con la asunción del gobernante bondadoso y legítimo, el propio Macduff traicionará tanto a Malcolm como al pueblo que lo puso en el trono, reprimiéndolos con su cuerpo de guardia luego de conseguir lo que quería. Interesante reflexión sobre las no pocas experiencias en las que, alguien obtiene el poder político con el apoyo del pueblo y a poco de asumirlo traiciona a quienes lo llevaron a ese lugar. No hace falta ir demasiado lejos ni geográfica ni temporalmente para encontrar resonancias en la propia realidad. El mundo subterráneo de las “brujas”, en la visión de Lombardero una suerte de tribu de mujeres libres, parece vivir al margen y ser la única alternativa al mundo de la superficie gobernado por hombres.

Escena final del segundo acto de Macbeth, Teatro Colón, 2016

El equipo artístico que habitualmente acompaña al régisseur creó un ambiente de oscuridad y crueldad a partir de la frialdad del mármol omnipresente, y la ilimitada cantidad de matices y contraste que la iluminación de Horacio Efrón aportó. Con la fluidez de las proyecciones de Diego Siliano y el cuidado vestuario de Luciana Gutman, aseguraron un marco visual de alto nivel para contar esta sangrienta historia.

En el rol titular se alternaron los barítonos Fabián Veloz —que pasó al elenco principal en remplazo del anunciado Jorge Lagunes— y Douglas Hahn. Las cualidades vocales e interpretativas de Veloz no hacen más que aumentar en cada oportunidad que tenemos la suerte de apreciar su espléndida voz baritonal. Con una magnética presencia escénica, dominó cada detalle de la partitura y —más importante aún— le aportó un sello personal a su actuación. El del brasileño Douglas Hahn fue un Macbeth más manipulado por su esposa y más apesadumbrado que lo habitual, aunque es una aproximación igualmente válida. En términos vocales hizo una buena labor, con un instrumento de timbre un tanto neutro, pero capaz de momentos de expresión intensa y trascendente.

El declamado de la carta con el que hace su aparición Lady Macbeth marca en cierta medida la intensidad que tendrá la interpretación de este difícil rol, fuerza motriz del mal al comienzo de la acción. La italiana Chiara Taigi mostró buen dominio del fraseo y, mientras la línea se mantenía en la zona central del registro, logró despertar interés en ciertos pasajes. Lamentablemente ese interés se desvanecía conforme ascendía a unos agudos oscilantes o descendía a unos graves sin demasiado cuerpo. Por su parte Eiko Senda —remplazando a la anunciada Mónica Ferracani— dejó en el elenco alternativo una impresión muy favorable. Senda, con una dicción italiana más incisiva que en 2013 cuando cantó este rol en Montevideo, posee la tesitura para el rol y, con empeño, logró momentos de ferocidad vocal admirables. La carga de sensualidad estuvo mejor representada por Taigi quien, a pesar de que ciertos gestos como sacudir su rubia cabellera llegaron a empalagar, supo transmitir esa mezcla de seducción y maldad que hace más interesante al rol.

Los otros dos roles a los que Verdi les otorgó un aria en esta ópera son Banquo y Macduff. En cuanto al primero, la voz del bajo ruso Aleksander Teliga no dejó la grata impresión que había causado también en Montevideo en el rol del fiel amigo y compañero de batalla de Macbeth, mientras que Homero Pérez-Miranda en el elenco alternativo mostró el dominio vocal y la fuerza dramática que su romanza “Come dal ciel precipita” exige. El tenor argentino Gustavo López Manzitti brindó, como Macduff, la que seguramente será su mejor interpretación de este año. Con fraseo expresivo y voz bien proyectada logró un momento emotivo en la romanza “Ah, la paterna mano” del cuarto acto.

Douglas Hahn (Macbeth) y Eiko Senda (Lady Macbeth)
en el primer acto de Macbeth, Teatro Colón, 2016

Completaban el elenco Rocío Giordano como la Dama de Lady Macbeth, Gastón Olivera Weckesser como Malcolm, Iván García en el rol del Médico, Juan Pablo Labourdette, Sebastián Sorarrain, Mariano Fernández Bustinza, Victoria Gaeta y Dante Lombardi. El Coro Estable del Teatro Colón fue ganando fuerza y homogeneidad para lograr un “Patria oppressa!” conmovedor.

La dirección musical fue otro de los sólidos pilares de esta producción. La batuta del milanés Stefano Ranzani volvió a brillar demostrando la profundidad que es capaz de lograr cuando aborda una partitura. La visión de Ranzani resultó inspirada y la suntuosa sonoridad que acompaña esta orgía de crímenes y sangre inundó la sala del teatro.

Un triunfo de la teatralidad verdiana resultó esta nueva producción de la primera de las tres óperas que el compositor dedicó al dramaturgo que más admiraba: William Shakespeare. Las direcciones musical y escénica desplegaron, cada una en su terreno, la potencia e incluso la tensión que la partitura —aún con algunas concesiones a la tradición— posee.

Ernesto Castagnino
ecastagnino@tiempodemusica.com.ar
Octubre 2016


Imágenes gentileza Teatro Colón / Fotografías de Arnaldo Colombaroli y Máximo Parpagnoli
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Publicado el 19/10/2016
     
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