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“Volo di notte” e “Il prigioniero” de Luigi Dallapiccola : Entre el deber y la libertad
Las dos primeras óperas de Dallapiccola serán ofrecidas por el Teatro Colón desde el domingo 23 de octubre, una oportunidad para tomar contacto tanto con su estética musical como con su alto sentido dramático. Por Luciano Marra de la Fuente
 

Luigi Dallapiccola

Repasando algunos de los artículos que el compositor Luigi Dallapiccola escribió, no sólo de sus propias obras, sino también sobre estética y compositores específicos, uno se encuentra con un pensador amplio, conocedor de la historia musical, en especial de la italiana. Cuando uno lee el artículo “Para la primera representación de Volo di notte”, escrito en mayo de 1940, hay un análisis preciso de diversas óperas, desde Wozzeck de Alban Berg a Alceste de Christoph Willibald Gluck, pasando por Pélleas et Mélisande de Claude Debussy, Cavalleria rusticana de Pietro Mascagni e Il tabarro de Giacomo Puccini, para poner en discusión la manera en que cada autor soluciona el problema del crescendo dramático de cada obra.

Las dos primeras óperas de Dallapiccola que el Teatro Colón presentará a partir del domingo 23 de octubre, Volo di notte e Il prigioniero, aunque posean temáticas diferentes, buscan encontrar esa solución dramática a lo largo de una estructura concisa en un acto. El resultado es, tanto en una como en otra, de un contundente dramatismo, heredera innegablemente de la tradición operística de su país, aunque dialogue con la estética musical alemana a través del sistema dodecafónico de composición. Esa contundencia también se relaciona con el desarrollo psicológico que los personajes protagónicos atraviesan en ese crescendo dramático-musical.

En el aeropuerto de Buenos Aires del siglo XX

Para su primera ópera, Dallapiccola utiliza como base la breve novela Vuelo de noche (1931) del escritor y aviador francés Antoine de Saint-Exupéry, célebre por su libro de cuentos El principito (1943) y que durante la década de 1930 vivió en nuestro país. La trama de ese relato fue todo un desafío para el compositor al transformarlo en libreto de ópera, ya que su intención era mantener la unidad temporal —ocurre entre el atardecer y las tres de la madrugada— buscando un lugar físico donde concentrar la acción. Así, el aeropuerto de Buenos Aires y sus oficinas se convirtieron en el escenario de una ópera, un ambiente y un argumento de la vida contemporánea que, según Dallapiccola, no le quitaba la expresión lírica, asegurándole su significado universal.

Una escena de Volo di notte, producción de Keith Warner, Ópera de Frankfurt, 2004 / Foto de Christian Duss

El Sr. Rivière, director de una compañía de navegación aérea porteña —referencia autobiográfica del propio Saint-Exupéry—, ha implementado los vuelos nocturnos para acelerar el tráfico postal, con un poco de resistencia por parte de los empleados —técnicamente en la década de 1930 volar de noche era bastante peligroso—. Al comienzo de la ópera, está esperando la llegada de tres aviones que vienen desde diferentes regiones —los Andes, la Patagonia y Paraguay—. El primero llega con el piloto Pellerin, quien una vez en tierra cuenta cómo fue la travesía sobre los Andes, en tanto que, al hacerse la noche, aparece la esposa de otro de los pilotos, Fabien, preguntando por qué aún no ha vuelto.

Rivière, sabiendo que Fabien está en dificultades, se enfrenta a ella que lo acusa de vivir sólo por una idea —los vuelos nocturnos—, dejando de lado los sentimientos humanos. Una vez retirada la esposa, Rivière, preso de remordimientos, intenta comunicarse a través de su telegrafista con Fabien. Al tomar contacto, el telegrafista se transforma en un “moderno médium” que va relatando las últimas palabras del piloto antes de su muerte. En la escena final el avión de Paraguay llega sano y salvo, mientras que se conoce la noticia de la muerte del piloto de la Patagonia. Rivière, en la conclusión, sigue impertérrito con la decisión de continuar con los vuelos nocturnos, despachando un avión a Europa. “La derrota es una experiencia que se aproxima a la verdadera victoria”, llega a reflexionar.

El conflicto psicológico del protagonista de Volo di notte reside en la contraposición de la voluntad de demostrar su idea con la realidad que se opone a ella. Esto es desarrollado en las seis escenas del drama, musicalmente bien diferenciadas, constituyendo un arco dramático efectivo. Con algunos motivos recurrentes, tanto el diálogo de la esposa de Fabien con Rivière y, sobre todo, la escena con el telegrafista, son los puntos más altos en lo musical y lo teatral. Estrenada, con buena recepción, el 18 de mayo de 1940 en el Teatro della Pergola de Florencia, la obra no tuvo tantas reposiciones en Italia, aunque aquí en Buenos Aires se la pudo ver en 1959 y 1969.

En los calabozos españoles del siglo XVI

Escena de Il prigioniero, producción de Lluis Pasqual, Teatro Real, Madrid, 2012 / Foto de Javier del Real

Del estreno de Volo di notte pasaron diez años para que Il prigioniero, la segunda ópera de Dallapiccola, subiera a escena, el 20 de mayo de 1950 en el Teatro Comunale de Florencia, si bien el 1° de diciembre de 1949 fue interpretada y difundida por la RAI. Fue una década convulsionada por la Segunda Guerra Mundial y que afectó directamente en el compositor: en 1938 el fascismo italiano había publicado en los diarios el Manifiesto racial —la esposa del compositor era judía— y cinco años más tarde el nazismo ocupó Florencia, lo que provocó que Dallapiccola y su mujer se escondieran en Borgunto durante cuatro meses y luego en diferentes departamentos florentinos.

En esa situación, escribe Dallapiccola en un apunte autobiográfico, que tuvo “la necesidad de escribir una obra que, más allá de su ambientación histórica, podría ser de una actualidad conmovedora; una obra que tratase la tragedia de nuestro tiempo, la tragedia de la persecución, sentida y sufrida por millones y decenas de millones de hombres”. Hacia 1938, pensando que “en un régimen totalitario, el individuo es impotente” y que la única manera de poder expresar su indignación era a través de la música, escribe los Canti di prigionia basado en tres textos de prisioneros (María Estuardo, Boecio y Savonarola), y que funcionan como ensayo de Il prigioniero, sus dos obras maestras creadas como “música de protesta”.

En un viaje a París durante 1939 el compositor había comprado en un puesto de libros usados sobre el Sena la obra de Auguste Villiers de L’Isle-Adam, un escritor simbolista del siglo XIX. Mientras volvían a Florencia, su mujer le sugirió que “La tortura por la esperanza”, perteneciente a los Nuevos cuentos crueles (1888), podría ser la base de un libreto. Para su libreto, que redactó en su reclusión en Borgunto, le sumó el contexto histórico de la epopeya flamenca La leyenda de Thy Ulenspiegel y de Lamme Goedzak de Charles de Coster, y compuso a comienzo de 1944 el monólogo central del protagonista. Tuvo que terminar la guerra para que un año después comenzara a componer el resto de la ópera, finalizándola en 1948.

Lauri Vasar (Prisionero) en una escena de Il prigioniero, producción de Alex Ollé/La Fura Dels Baus, Ópera de Lyon, 2013 / Foto de Jean Louis Fernández

Otra vez la concisión dramática de Dallapiccola se expresa en un prólogo y en un acto donde el Prisioniero es sometido a la tortura de la esperanza. El arco dramático va desde la desesperación de la Madre del condenado, pasando por la manipulación psicológica del Carcelero sobre el Prisioniero, a la falsa libertad que el protagonista tiene en manos del Gran Inquisidor. Con una orquestación suntuosa, hay motivos recurrentes que se identifican con determinados temas (la muerte, el Inquisidor, etc). Es un drama oscuro donde la constante es, al decir del estudioso Massimo Venuti, “la ausencia de cualquier elemento optimista, incluso la fe parece ser traicionada por la contingencia humana y mundana”. De ese hundimiento del protagonista, sin embargo, surge una vocalidad excepcional, sin dudas heredera de toda la tradición italiana, y que, en el momento final donde se pregunta por la libertad, se muere en un susurro junto al silencio abrupto de la toda orquesta. Un final categórico, producto de la enorme sapiencia y sensibilidad de Luigi Dallapiccola, para una de las óperas más conmovedoras de toda la historia.

Luciano Marra de la Fuente
editor@tiempodemusica.com.ar
Octubre 2016

Este artículo se publicó originalmente en la revista Cantabile N° 85, septiembre/octubre 2016.

Para agendar
El Teatro Colón presenta Volo di notte e Il prigioniero de Luigi Dallapiccola en tres funciones extraordinarias el domingo 23, martes 25 y miércoles 26 de octubre. La dirección musical será responsabilidad de Christian Baldini y la puesta en escena de Michał Znaniecki, con coreografía de acróbatas y bailarines de Diana Theocharidis, escenografía de Luigi Scoglio, vestuario de Ana Ramos Aguayo y Joanna Medyńska, e iluminación de Bogumil Palewicz. El elenco de Volo di notte estará encabezado por Victor Torres (Rivière), Daniela Tabernig (Simona Fabien), Carlos Ullán (Pellerin), Sergio Spina (Radio Telegrafista) y Carlos Esquivel (Robineau). En Il prigioniero serán protagonistas Leonardo Estevez (Prisionero), Adriana Mastrángelo (Madre) y Fernando Chalabe (Carcelero / Gran Inquisidor). Participan la Orquesta y Coro Estables del Teatro Colón. Las localidades se encuentran a la venta en la boletería del Teatro Colón, Tucumán 1171, de lunes a sábado de 10.00 a 20.00 y los domingos de 10.00 a 17.00. También se pueden adquirir vía telefónica al 5254-9100 o por internet ingresando a www.teatrocolon.org.ar. Entradas desde $50.

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Publicado el 17/10/2016
     
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