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Kent Nagano y la Filarmónica de Hamburgo en el Teatro Colón : El romanticismo alemán en las mejores manos
La prestigiosa orquesta alemana, junto a su director titular, ofreció dos extraordinarios conciertos con interesantes programas centrados en el romanticismo y post-romanticismo alemán. Por Ernesto Castagnino
 

Kent Nagano y la Orquesta Filarmónica Estatal de Hamburgo, Mozarteum Argentino, Teatro Colón, 2016

ORQUESTA FILARMÓNICA ESTATAL DE HAMBURGO. Dirección: Kent Nagano. Solistas: Gautier Capuçon, violoncello; Mihoko Fujimura, mezzosoprano. Conciertos realizados el jueves 29 y viernes 30 de septiembre de 2016 en el Teatro Colón, organizados por el Mozarteum Argentino. Obras de R. Strauss, Brahms, Wagner y Bruckner.

Al escuchar esta orquesta de casi doscientos años de historia, que además ha tenido como directores titulares entre otros a Eugen Jochum, Joseph Keilberth y Wolfgang Sawallisch, se tiene la impresión de estar ante una maquinaria tan sólida y aceitada que resulta difícil no sentirse un poco abrumado por la homogeneidad y la articulación naturales con las que el sonido recorre la sala. La gira latinoamericana de la Philharmonisches Staasorchester Hamburg —tal su nombre en alemán— junto a su flamante director titular, el norteamericano Kent Nagano, presentó en Buenos Aires dos conciertos con interesantes programas centrados en el repertorio alemán del romanticismo y el post-romanticismo.

El primer concierto contó con la participación de Gautier Capuçon, uno de los cellistas de la nueva generación más destacados y promocionados en este momento, que tuvo a su cargo las bellísimas partes solistas para violoncello en el poema sinfónico que Richard Strauss le dedicó al Don Quijote de Miguel de Cervantes. La extraordinaria partitura compuesta entre 1896 y 1897 en forma de variaciones, va desarrollando los temas de la novela a partir de las intervenciones solistas del cello y la viola, que representan las “voces” de Don Quijote y Sancho Panza respectivamente. Tanto Capuçon como la violista Naomi Seiler salieron airosos de las no pocas dificultades que el compositor impuso a los instrumentistas. La batuta de Nagano se inclinó más hacia la ternura y el lirismo que a la dosis de humor, también presente en estas páginas.

En la segunda parte, una extraordinaria versión de la Sinfonía N° 1 de Johannes Brahms, constituyó, para este cronista, el punto más alto de ambas veladas. El director estadounidense expuso una magistral lectura de la sinfonía (¿juvenil?) del compositor alemán, llena de lirismo y sutileza en los movimientos centrales más reposados, enmarcados por la intensidad de los Allegros de ambos extremos vertidos con notable sentido del crescendo.

Gautier Capuçon, Kent Nagano y la Orquesta Filarmónica Estatal de Hamburgo, Mozarteum Argentino, Teatro Colón, 2016

El segundo concierto reunió a Richard Wagner y Anton Bruckner, dos compositores que siempre dialogan perfectamente. Del primero se ofreció el infalible Preludio y Muerte de amor de Tristán e Isolda, junto a la versión orquestal de los Wesendonck Lieder, ciclo de cinco canciones compuestas sobre poemas de Mathilde Wesendonck, a quien además está dedicada la obra. El Wagner de Nagano es sutil, por momentos camarístico en la claridad de su exposición, lo que supone un acercamiento diferente al de muchas lecturas más propensas a la explosión romántica que al detalle. La mezzosoprano Mihoko Fujimura tuvo a su cargo la parte vocal del ciclo Wesendonck, del que brindó una interpretación introspectiva y poética, exhibiendo una riqueza tímbrica y un fraseo dramático destacables.

En la segunda sección, y como final de este recorrido propuesto por el director a través del romanticismo alemán y sus postrimerías, encontramos una lectura bien equilibrada de la Sinfonía N° 6 de Anton Bruckner. Aquí nuevamente la claridad y la transparencia sonoras se impusieron desde el imponente “Majestoso” que da inicio a la partitura hasta el poderoso “Finale”, arrojando nuevas luces sobre una de las menos celebradas páginas brucknerianas.

Kent Nagano, en su segunda visita a la Argentina —en 2013 estuvo al frente de la Orquesta Sinfónica de Montreal—, confirmó todo aquello que sus numerosas grabaciones nos habían permitido conocer: su capacidad de articulación en obras de difícil concertación, como el Don Quijote straussiano; su serena y amplia interpretación del tempo —como en Wagner y Bruckner—; sus originales y nunca rutinarias lecturas de las obras que interpreta, como fue el caso de su conmovedor Brahms.

Kent Nagano y la Orquesta Filarmónica Estatal de Hamburgo, Mozarteum Argentino, Teatro Colón, 2016

La Orquesta Filarmónica Estatal de Hamburgo es una agrupación de larga y fructífera tradición en el repertorio que interpretó en estos conciertos, lo que se evidenció en la orgánica naturalidad con que abordó estas partituras, además de un equilibrio y riqueza sonoros asombrosos. Sólo en la primera velada se ofrecieron dos bises: el “Intermezzo” de Rosamunde de Franz Schubert y el cuarto movimiento del Concert Romanesc de György Ligeti, lo que significó para el público dilatar unos minutos más el regocijo de escuchar a una estupenda orquesta dirigida por una de las batutas más originales de las últimas décadas.

Ernesto Castagnino
ecastagnino@tiempodemusica.com.ar
Octubre 2016

Imágenes gentileza Mozarteum Argentino / Fotografías de Liliana Morsia
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Publicado el 12/10/2016
     
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