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“Così fan tutte” en el Teatro Argentino : Mozart, Da Ponte y la ironía
La genial ópera de Mozart subió a escena en el teatro lírico platense con una vigorosa versión escénica de Rubén Szuchmacher y una esmerada dirección musical de Rubén Dubrovsky. Por Ernesto Castagnino
 

Carla Filipcic Holm (Fiordiligi), Michel de Souza (Guglielmo), Héctor Guedes (Don Alfonso), Gustavo De Gennaro (Ferrando) y Mariana Rewerski (Dorabella) en el primer acto de Così fan tutte, Teatro Argentino, La Plata, 2016 

COSÌ FAN TUTTE, ópera de Wolfgang Amadeus Mozart. Funciones del sábado 10* y domingo 11 de septiembre de 2016 en el Teatro Argentino de La Plata. Dirección musical: Rubén Dubrovsky* / Natalia Salinas. Dirección de escena: Rubén Szuchmacher. Escenografía y vestuario: Jorge Ferrari. Iluminación: Gonzalo Córdova. Elenco: Carla Filipcic Holm / Daniela Tabernig* (Fiordiligi), Mariana Rewerski / Florencia Machado* (Dorabella), Gustavo De Gennaro / Santiago Bürgi* (Ferrando), Michel de Souza / Alejandro Spies* (Guglielmo), Héctor Guedes / Luciano Miotto* (Don Alfonso), Marisú Pavón / Cecilia Pastawski* (Despina). Orquesta y Coro Estables del Teatro Argentino. Director del coro: Hernán Sánchez Arteaga.

Le nozze di Figaro (1786), Don Giovanni (1787) y Così fan tutte (1790) conforman la llamada “Trilogía Da Ponte”, tres óperas compuestas por Wolfgang Amadeus Mozart sobre libretos de Lorenzo Da Ponte que constituyen el punto más elevado del catálogo lírico del salzburgués y también, según amplio consenso, de la producción operística de todos los tiempos. El ritmo teatral, la vivacidad de los recitativos, la profundidad del retrato musical de cada personaje y la ilimitada inventiva melódica, entre muchos otros aspectos, conforman un todo tan sólido y contundente que las hace obras eternamente vivas. Ni Mozart logró tanto cuando puso música a otros libretos ni Da Ponte alcanzó tal altura cuando escribió para otros compositores.

De la Trilogía, la última obra es seguramente la menos representada, por lo que también es muy esperada cuando se la anuncia en alguna temporada. Así ocurrió en esta oportunidad, cuando el Teatro Argentino la incluyó en su actual temporada junto a La bohème de Puccini, De Materie de Louis Andriessen y Written on Skin de George Benjamin.

En Así hacen todas, o sea La escuela de los amantes, Da Ponte tomó de la tradición teatral el tópico de la infidelidad femenina, uno de los eternos problemas que corroen, desde tiempos inmemoriales, los siempre frágiles cimientos de la moral burguesa. La solución que encontrará Don Alfonso, el “filósofo” que va manipulando a las dos parejas protagónicas como marionetas, es responsabilizar a la naturaleza que hizo a las mujeres así. No se trata de maldad, sino de algo consustancial al ser femenino: son cambiantes, inconstantes (“qual piuma al vento” dirá Piave en el libreto de Rigoletto) y es necesario tomarlas como son.

Los retratos femeninos que crea Da Ponte muestran tres grados distintos de la misma esencia: desde la plena y amoral conciencia de gozar de todo en la joven Despina que invita a sus patronas a “fare all’amore come assassine” mientras sus novios están lejos, hasta el autocontrol de la severa Fiordiligi que “come scoglio” resiste los avances del nuevo pretendiente hasta caer en la tentación. Y, entre ambas, Dorabella, la mujer ‘promedio’, que puede pasar del llanto por la pérdida a la ilusión por la nueva conquista con sorprendente facilidad.

Luciano Miotto (Don Alfonso), Santiago Bürgi (Ferrando), Alejandro Spies (Guglielmo), Cecilia Pastawski (Despina), Daniela Tabernig (Fiordiligi) y Florencia Machado (Dorabella) en el primer acto de  Così fan tutte, Teatro Argentino, La Plata, 2016 

Rubén Szuchmacher, como todo aquel que tenga la tarea de escenificar esta ópera, se enfrentó al desafío de hacer creíbles los disparatados enredos y los cambios que atraviesan los personajes en apenas un día de sus vidas. Ubicando la acción en la década del cincuenta, Szuchmacher tuvo un acierto sociológico: poner ante los ojos del espectador el momento preciso de la historia en el que la endeble moral burguesa agonizante dejaría paso a la revolución sexual de la década siguiente. La estética de la comedia doméstica norteamericana de los cincuenta, al estilo de I Love Lucy, se ajustó muy bien a esta comedia de enredos, permitiendo una lectura en diferentes niveles. Como en la serie de collages fotográficos Bringing the War Home de Martha Rosler —que superpuso sobre plácidas imágenes de publicidades del american way of life de los cincuentas, imágenes de la guerra de Vietnam— así también, detrás de la gestualidad bufa estilo Lucille Ball o de la candidez estilo Doris Day, asomaba la hipocresía de una farsa que, aun insostenible, se la intentaba sostener.

Las coreografías o bailes incluidos en esta puesta apuntaron al mismo registro: como en el cine musical de los cuarenta y cincuenta en el que los personajes se lanzaban a bailar en los momentos más inesperados, así también el director escénico ideó para las escenas concertantes ese tipo de bailes. Sin demasiada justificación aparente, esas coreografías contribuyeron a crear la atmósfera de ingenua despreocupación que transmitían los musicales de Hollywood. La ironía, para quien supiera captarla, estuvo allí desde el comienzo.

Jorge Ferrari hizo un trabajo destacable en el diseño de una escenografía que cambiaba a la vista del espectador con un grupo de figurantes-tramoyistas, lo que —además de hacer muy ágiles los numerosos cambios de escena— acentuaba el concepto que atraviesa toda la obra, que podría resumirse en “la vida es una pequeña farsa, cada quien debe llevar adelante su rol”. El vestuario, también a cargo de Ferrari, recreó con gracia distintos tópicos de la década del cincuenta: Marlon Brando en el film Salvaje, las polleras plato y las colas de caballo, las poleras negras y la boina de los intelectuales, etc. Junto a la iluminación de Gonzalo Córdova crearon un marco visual muy atractivo.

Carla Filipcic Holm (Fiordiligi), Mariana Rewerski (Dorabella) y Marisú Pavón (Despina) en el segundo acto de Così fan tutte, Teatro Argentino, La Plata, 2016 

Los dos elencos contaron con cantantes jóvenes, aunque todos con experiencia, y sostuvieron un nivel en general parejo, algo clave en estas óperas de Mozart en las que el protagonismo es compartido casi por igual. En esta obra hay una fuerte presencia de la simetría: tres voces femeninas y tres voces masculinas que abarcan todo el registro: de la ligera voz de soubrette de Despina, la primera soprano Fiordiligi, la segunda soprano (actualmente mezzosoprano) Dorabella, el tenor Ferrando, el barítono Guglielmo y el bajo Don Alfonso.

El rol de Fiordiligi tuvo en Carla Filipcic Holm y Daniela Tabernig lo más destacado de ambas veladas. La primera con un timbre pastoso y una línea mozartiana extraordinarios, demostró una vez más sus dotes para este repertorio que calza cómodamente a su voz. La afinación precisa, la tersura de las notas sostenidas, todos los ingredientes estilísticos estaban presentes para redondear una interpretación excelente. Tabernig, por su parte, exacta en las agilidades, impetuosa en los recitativos, transmitió toda la nobiltà del personaje, ofreciendo un “Per pietà, ben mio, perdona” de gran profundidad psicológica.

El rol de Dorabella tuvo en Mariana Rewerski y Florencia Machado un buen desempeño escénico y, en el caso de Machado, mayor solidez vocal. Este repertorio parece estar alejado ya de las posibilidades vocales de Rewerski que tiene mucho más para ofrecer en otros estilos. La atrevida Despina encontró en Marisú Pavón y Cecilia Pastawski dos interpretaciones excelentes si bien diferentes ya que el rol admite tanto la voz de un soubrette como la primera, cuanto la de una mezzosoprano lírica como la segunda. Marisú Pavón, que ya la había cantado en 2013 para Buenos Aires Lírica, afianzó aún más sus dotes actorales y vocales para brindar un magistral retrato de la pícara sirvienta con las proporciones justas de histrionismo y erotismo. La versatilidad de Cecilia Pastawski le permitió pasar del rol de Dorabella —que cantó en la mencionada producción de 2013— al de Despina y sumar otro acierto a su brillante carrera. Una línea vocal fluida y emisión natural son algunas de sus credenciales en el canto mozartiano, al que ya regaló la Zerlina en 2014 y dos excelentes Cherubinos en 2008 y 2015.

En el elenco masculino los tenores Gustavo De Gennaro y Santiago Bürgi como Ferrando, cumplieron correctamente, con mayor aplomo vocal en el primero y con mayor desenvoltura escénica en el segundo. El barítono brasileño Michel de Souza posee una voz importante pero no las cualidades para este repertorio, una emisión con algunas asperezas dejó a su Guglielmo con mejores intenciones que resultados. En el otro elenco, Alejandro Spies, con una voz menos voluminosa pero buen control en la emisión, tuvo mayor lucimiento en el mismo rol. Se alternaron en el rol del cínico Don Alfonso, Héctor Guedes y Luciano Miotto, que comenzaron algo vacilantes en el terceto inicial y fueron ganando presencia a lo largo de ambas funciones.

Daniela Tabernig (Fiordiligi), Alejandro Spies (Guglielmo), Luciano Miotto (Don Alfonso), Santiago Bürgi (Ferrando) y Florencia Machado (Dorabella) en el primer acto de  Così fan tutte, Teatro Argentino, La Plata, 2016 

Rubén Dubrovsky, a cargo de la dirección musical, realizó un trabajo ejemplar en los recitativos, un elemento clave en estas óperas de Mozart porque allí está contenido el extraordinario sentido teatral de Lorenzo Da Ponte. El equipo de solistas estuvo a la altura, con fraseos llenos de vida, reflejando los diferentes aspectos de la obra, desde la más franca comicidad a la severidad melodramática. Dubrovsky condujo un verdadero trabajo de equipo en el que todas las piezas son igualmente importantes y fue ensamblándolas con agilidad y eficacia dramáticas. Los numerosos conjuntos —el mayor desafío para el director de esta ópera— se sucedieron con fluidez y el interés no decayó en ningún momento. La Orquesta Estable del Teatro Argentino respondió con profesionalismo y salvo algún desliz en la introducción de los cornos en el rondó “Per pietà, ben mio, perdona”, el resultado final fue globalmente brillante. Un trabajo meritorio realizó Natalia Salinas, asistente de dirección musical, que tuvo a su cargo la última función al frente de la Estable.

Una versión de la tercera ópera de la “Trilogía Da Ponte” que quedará en el recuerdo por su calidad musical, sus homogéneos y juveniles equipos vocales y su atractivo planteo escénico.

Ernesto Castagnino
ecastagnino@tiempodemusica.com.ar
Septiembre 2016

Imágenes gentileza Teatro Argentino de La Plata / Fotografías de Guillermo Genitti
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Publicado el 19/09/2016
     
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