Martes 21 de Noviembre de 2017
Una agenda
con toda la música


Martes 21
Miércoles 22


Conferencias, cursos,
seminarios y talleres

Convocatorias y concursos
para hacer música

Buscador


FacebookTwitterBlogspot
 

“The Tempest Songbook” y “El teatro de los milagros” en la Usina del Arte : Shakespeare y Cervantes revisitados
A 400 años de la muerte de Shakespeare y Cervantes, la Ópera de Cámara del Teatro Colón, a cargo de Marcelo Lombardero, reunió en un programa dos obras basadas en sendos escritores. Por Ernesto Castagnino
 

Escena de El teatro de los milagros, Ópera de Cámara del Teatro Colón en la Usina del Arte, 2016

EL TEATRO DE LOS MILAGROS, ópera en un acto de Hans Werner Henze / THE TEMPEST SONGBOOK*, ciclo de canciones de Kaija Saariaho. Función del domingo 31 de julio de 2016 en la Sala de Cámara de la Usina del Arte. Producción de la Ópera de Cámara del Teatro Colón. Estrenos sudamericanos. Dirección musical: Martin Sotelo. Dirección de escena: Marcelo Lombardero. Escenografía: Noelia González Svoboda. Vestuario: Luciana Gutman. Iluminación: Horacio Efron. Coreografía: Ignacio González Cano. Elenco: Graciela Oddone (Chirinos / Soprano*), Santiago Burgi (Chanfalla), Sebastián Angulegui (Benito Repollo / Barítono*), María Victoria Gaeta (Teresa Repollo), Mariano Fernández Bustinza (Juan Castrado), Cecilia Pastawski (Juana Castrado), Juan Pablo Labourdette (Gobernador), Pablo Pollitzer (Pedro Capacho), Pablo Scaiola (El músico), Marcelo Lombardero (Furrier). Ensamble instrumental.

Los comienzos de la Ópera de Cámara del Teatro Colón se remontan a la década del sesenta, para luego aparecer en forma intermitente según el interés que cada gestión tuvo en este género. Fue Marcelo Lombardero, durante su gestión al frente de la dirección artística del Teatro Colón (2005-2007), quien mayor continuidad le dio a una programación de títulos de cámara, a los que el público argentino difícilmente hubiera tenido acceso de otro modo, como Der Kaiser von Atlantis de Viktor Ullmann, I due timidi de Nino Rota o el Don Giovanni de Giuseppe Gazzaniga.

Pero, ¿qué es una ópera de cámara? La pregunta no es ociosa porque, más allá de una progresiva e irreversible disolución de los géneros, que hoy tensan sus límites, hacen metástasis y develan infinitos pliegues, la problemática del género siempre fue justamente eso, un problema. Y no es un problema “actual”, los géneros siempre estuvieron en crisis.

Comencemos diciendo que oficialmente se denomina “ópera de cámara” a un tipo de composición pensada para un espacio más reducido que las grandes salas líricas, con una duración relativamente breve y un ensamble instrumental acotado. Desde el Barroco, con sus intermezzi bufos, muchos compositores incursionaron en este formato, por elección personal, por encargo o por la posibilidad de mayor difusión de estas obras que pueden representarse en cualquier espacio y sin grandes exigencias de producción. Ahora bien, también existen obras que, aunque no fueron pensadas para el teatro, pueden concebirse como escénicas, como los oratorios de Handel escenificados por Peter Sellars, o la Novena Sinfonía de Beethoven coreografiada por Maurice Béjart.

En el mismo sentido, los ciclos de canciones, obras de cámara para salas de concierto, fueron concebidos como una unidad en la cual la progresión de canciones va conformando un hilo poético narrativo. Marcelo Lombardero, tal como hizo el año pasado con la escenificación del ciclo de canciones Diario de un desparecido de Leoš Janáček, le dio un marco escénico al ciclo The Tempest Songbook de Kaija Saariaho basado en el drama de William Shakespeare para proponerlo —por qué no— como ópera de cámara.

Graciela Oddone y Sebastián Angulegui en The Tempest Songbook,
Ópera de Cámara del Teatro Colón en la Usina del Arte, 2016

El ciclo The Tempest Songbook consta de cinco canciones para soprano y barítono, y fue estrenado en julio de 2005 con la orquesta de cámara Avanti! dirigida por Hannu Lintu, y con Anu Komsi y Jaakko Kortekangas como solistas. En los veintiún minutos que dura la obra, los distintos personajes del drama shakesperiano van intercalando monólogos con un acompañamiento instrumental de extraordinaria belleza, en el que domina el tema del mar, con la presencia hipnótica del arpa —ejecutada magistralmente en este caso por Mercedes Bralo— y la flauta, a cargo del impecable Horacio Massone.

Al comenzar, el genio del aire Ariel (soprano) le confirma a su amo Próspero que ha cumplido sus órdenes desatando la tempestad sobre el navío del rey de Nápoles. Sigue el esclavo Calibán (barítono) describiendo los maravillosos sonidos que brotan de la isla, para dar paso a Miranda (soprano) lamentándose frente a su padre por el destino del barco en la tempestad. Continúa Próspero (barítono) reflexionando sobre los límites entre la realidad y la fantasía, la vigilia y el sueño para culminar con un monólogo de Fernando (barítono) acerca del poder de la música sobre el dolor mientras el canto de Ariel (soprano) le recuerda que su padre está enterrado en el fondo del mar.

La soprano Graciela Oddone y el barítono Sebastián Angulegui fueron los impecables intérpretes vocales que se alternaron en las distintas ¿escenas? de esta obra que contó con mínimos gestos y desplazamientos, mientras la música de la compositora finlandesa va creando rotundas imágenes sonoras en una atmósfera entre nostálgica y onírica que envuelve al espectador. Lombardero propuso una resignificación del texto shakespeariano sobre el mar, la fuerza de la naturaleza, lo salvaje, la violencia, los límites entre realidad y fantasía, a partir de la proyección de sugestivas imágenes evocadoras de los pueblos originarios o de la Guerra de Malvinas. Bajo esta perspectiva, la isla de Próspero y la violencia de su venganza se presentan ante nosotros como metáfora de horrores bien cercanos.

 Escena de El teatro de los milagros, Ópera de Cámara del Teatro Colón en la Usina del Arte, 2016

La segunda parte estuvo centrada en la figura de Miguel de Cervantes con la ópera en un acto El teatro de los milagros (Das Wundertheater, estrenada en 1949) del compositor alemán Hans Werner Henze, basada en El retablo de las maravillas de Cervantes. En este simpático entremés, el escritor español narra la trampa pergeñada por el pícaro Chanfalla, el propietario del retablo, y su compañera Chirinos, haciéndole creer al pueblo que la obra que se desarrolla frente a sus ojos sólo puede ser vista por cristianos de sangre pura. Por supuesto nadie ve nada pero, como en “El rey desnudo” de Andersen, todos fingen ver las maravillas que Chanfalla anuncia con gran pompa, para no ser sospechados de judíos o moros. La llegada de un oficial que nada sabe del engaño, pone en evidencia la inexistencia de la obra que todos fingen ver, ocasionando una gran paliza del espantado pueblo que seguirá sosteniendo la farsa hasta el final.

Si con el tiempo Henze se alejará cada vez más del serialismo para dar paso a fórmulas de inspiración neoclásica y una fuerte influencia del jazz, todavía en esta obra temprana (la estrenó a los 23 años) se siente la herencia schoenberguiana junto a su amor incondicional a Claudio Monteverdi, evidenciado en la claridad de la palabra cantada (en esta oportunidad traducida del original alemán al español). Se trata de una obra extrovertida y de vital teatralidad en contraste con la obra precedente, introvertida y melancólica, matices que la dirección musical a cargo de Martín Sotelo permitió apreciar.

Un equipo de excelentes cantantes-actores pusieron en marcha la maquinaria teatral del engaño desarrollando, con gracia y la dosis justa de grotesco, los acontecimientos que desembocan en el inesperado final, cuando el pueblo entero lincha al militar y la moraleja cachetea al espectador: “somos capaces de matar antes de reconocer nuestra propia estupidez”. Los pícaros, Santiago Burgi y Graciela Oddone, tuvieron a su cargo la tarea de embaucar a los notables del pueblo, Sebastián Angulegui, María Victoria Gaeta, Mariano Fernández Bustinza, Cecilia Pastawski, Juan Pablo Labourdette y Pablo Pollitzer, todos entregados a la tarea de encarnar distintas facetas de la estupidez humana: la soberbia, la arrogancia, la vanidad y el prejuicio. Completaban el elenco el músico de Pablo Scaiola y el oficial de Marcelo Lombardero, un rol hablado pero decisivo en el desenlace.

Escena de El teatro de los milagros, Ópera de Cámara
del Teatro Colón en la Usina del Arte, 2016

El regreso de la Ópera de Cámara del Teatro Colón es una excelente oportunidad de apreciar obras poco frecuentadas o directamente excluidas de las salas oficiales, que, en este caso ofreció un programa homenaje a dos figuras geniales de la literatura a través de dos extraordinarios compositores europeos del siglo pasado y el actual. La siempre lúcida mirada del director de escena Marcelo Lombardero, cuya zona de confort está en la toma de riesgos, la puesta en tensión de las categorías, los géneros y los lenguajes, propuso un relato escénicamente potente, a partir de una lectura de los textos que nunca deja indiferente al espectador.

Ernesto Castagnino
ecastagnino@tiempodemusica.com.ar
Agosto 2016

Imágenes gentileza Teatro Colón / Fotografías de Máximo Parpagnoli
Seguinos en
www.twitter.com/TdMargentina y www.facebook.com/tiempodemusica.argentina
__________
 
Espacio de Opinión y Debate
Estuviste en estas obras, ¿cuál es tu opinión? ¿Coincidís con este artículo? ¿Qué te pareció? Dejanos tu punto de vista en nuestro facebook o nuestro blog. Hagamos de
Tiempo de Música un espacio para debatir.

 
Publicado el 18/08/2016
     
WebMind, Soluciones Web Contacto © Copyright 2006/2014 | Todos los derechos reservados