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El regreso de Marcelo Álvarez al Teatro Colón : En los senderos que se unen y se bifurcan
Luego de casi veinte años, el tenor cordobés de fama internacional regresa el sábado 20 de agosto al principal escenario operístico de nuestro país para coprotagonizar “Tosca” junto a Eva-Maria Westbroek. Por Luciano Marra de la Fuente
 

Marcelo Álvarez / Fotografía del sitio oficial del cantante

Angelus Domini nuntiavit Mariae… Mientras el sacristán reza en primer plano, por el fondo del escenario aparecerá Marcelo Álvarez, caracterizado como el pintor de ideas revolucionarias, Mario Cavaradossi, en el comienzo de Tosca de Giacomo Puccini. Che fai?... Cuando pronuncie sus primeras líneas en esa primera función que se llevará a cabo el próximo sábado 20 de agosto, se comenzará a cerrar una brecha que separó durante varios años al tenor cordobés del teatro de ópera más importante de su país, el Teatro Colón.

Ya pasaron casi veinte años desde que Álvarez actuó por única vez en ese escenario. Fue a fines de septiembre de 1997 cuando subió a escena una nueva producción de Rigoletto y el artífice de que el tenor hiciera su debut fue el entonces Director Artístico del Teatro, Miguel Ángel Veltri, uno de esos artistas argentinos reconocidos en todo el mundo y que muchas veces no lo honramos plenamente. “Lo deseable es contar en el momento adecuado con la disponibilidad de prestigiosos artistas que todo gran teatro debe aprovechar”, escribía Veltri en la Revista Teatro Colón. “En esta ocasión, he logrado reunir tres voces increíbles y dos debuts importantes, como los de Leo Nucci y Marcelo Álvarez, junto a Sumi Jo”. Fue una versión que, indudablemente, quedará en la memoria por siempre, más aun teniendo en cuenta que sería la última ópera que Veltri dirigiría antes de morir en diciembre de ese mismo año.

Hasta ese momento, la carrera de la “voz increíble” de ese tenor de treinta y cinco años había sido compacta y contundente. Si bien al llegar a su mayoría de edad poseía el diploma de “Maestro preparador de coro y Profesor de Música” de su Córdoba natal, su vida profesional pasó por dirigir la empresa familiar de muebles de algarrobo y sus estudios universitarios se inclinaron al terreno de la Economía. Es recién a sus treinta años que, a instancias de su esposa, comenzó a estudiar canto lírico.

Los tres tenores

En ese período de formación, fue decisiva la intervención de tres tenores para encausar su vocación artística. El cordobés Liborio Simonella, recordado cantante de las décadas de 1970 y 1980, le dio clases en Buenos Aires y, viendo las condiciones vocales que poseía, lo alentó a audicionar en el Teatro Colón, sin un resultado positivo. Y es que, pareciera, la relación de este teatro —en realidad tendríamos que decir de ciertos maestros que allí decidían— con los jóvenes tenores siempre fue de incomprensión: tanto Álvarez como José Cura o Darío Volonté tuvieron que hacer sus primeras experiencias en el exterior para que fueran convocados.

Marcelo Álvarez, junto a Sumi Jo, en Rigoletto, Teatro Colón, 1997 / Fotografía Teatro Colón

El segundo “tenor guardián” en la carrera de Marcelo Álvarez apareció casi de casualidad. En una clase magistral impartida en diciembre de 1994, en el Colegio Nacional de Buenos Aires, por el célebre Giuseppe Di Stefano, lo escuchó cantar y lo elogió diciendo que tenía instinto, que le recordaba a sí mismo cuando era joven. Seis meses antes Álvarez había hecho su debut profesional en Córdoba como el Conde de Almaviva en Il barbiere di Siviglia y en octubre había despertado sonoros aplausos en la zarzuela Luisa Fernanda en recién reinaugurado Teatro Avenida de nuestra ciudad. Al finalizar la clase en el Nacional de Buenos Aires, “Pippo” Di Stefano le dio un consejo que marcaría su futuro rumbo: “Usted venda todo y vaya rápido a Italia”.

A los dos meses apareció el tercer tenor que reafirmaría su inminente decisión de trasladarse a Europa. En febrero de 1995, Luciano Pavarotti, que estaba por ofrecer un multitudinario recital en el Campo de Polo de Buenos Aires, tomó audiciones para su concurso de canto y Álvarez decidió cantar “A te, o cara” de I puritani. “¡Qué coraje, cantarme eso justo a mí!”, le dijo el popular tenor de Módena, y tras escucharlo, sin dudarlo, lo seleccionó para que concursara al año siguiente en Filadelfia.

En 1995 finalmente decidió radicarse en Italia, donde ganó el concurso “Voci Nuove per la Lirica” de Pavía, que le generó una serie de contratos para los años venideros. Así en octubre de ese año con los cuerpos estables del Teatro La Fenice de Venecia interpretó Elvino de La sonnambula de Bellini en el Teatro Verdi de Padua, compartiendo el protagonismo con la ascendente soprano platense Paula Almerares. Esa misma producción fue la que marcó su debut en el legendario La Fenice en junio de 1996. Génova, Trieste, Bolonia y Verona, más Bilbao y Toulouse, fueron los siguientes destinos del tenor argentino, que fue sumando papeles protagónicos a su repertorio centrado en el bel canto italiano y con algunas incursiones en el romanticismo francés (Manon, Faust, Werther).

Una voz apasionada

Marcelo Álvarez como Canio en la producción de I pagliacci, Metropolitan Opera,
Nueva York, 2015 / Fotografía de Cory Weaver/Metropolitan Opera

Luego de su debut en el Teatro Colón, los grandes teatros del mundo no se hicieron esperar. La traviata marcó en 1998 el inicio de una permanente relación con la Metropolitan Opera de Nueva York y la Ópera de París, en tanto que Linda di Chamounix fue la primera ópera, entre tantas otras, que interpretó en la Scala de Milán. Londres, Berlín, Viena, Munich, Zurich y Madrid se apuntaron para admirar la carrera meteórica del tenor cordobés, que también firmó un contrato de exclusividad con el sello discográfico Sony Classical. Desde 2003 fue incorporando papeles más dramáticos a su repertorio, como los protagónicos de Il trovatore, Tosca, Un ballo in maschera, Carmen, Aida y Andrea Chenier, una de sus más celebradas interpretaciones junto a las de Cavalleria Rusticana e I pagliacci el año pasado en Nueva York.

Paralelamente a sus logros artísticos, Marcelo Álvarez se forjó una imagen de artista que no calla lo que piensa, algo que muchas veces no es bien visto. Ante la designación de Gerard Mortier como Director Artístico del Teatro Real de Madrid, por ejemplo, sentenció: “tras este cambio yo me voy a otro teatro […] Él tiene una manera de trabajar que no va con la mía. Además, el repertorio del programa no tiene nada que ver conmigo”. También en 2010 opinó sobre su colega Plácido Domingo: “[…] él está amparado por los medios, que le sirven como altavoz, está todos los días en prensa, radio y televisión, es agotador y no deja el camino libre a otros, a los que empiezan y a los ya estamos”.

Pero quizá su crítica más constante fue hacia la organización de su país y en especial a la del Teatro Colón, que con cada cambio de gestión artística siempre se empeñó en repatriarlo. El año pasado, en un reportaje para La Nación en mayo, expresaba: “Me habían propuesto cantar en el nuevo Centro Cultural Kirchner, pero finalmente no llegamos a un acuerdo. Mala organización, como siempre. […] En un momento se habló de La Bohème en la reapertura [del Colón] pero no se llegó a nada. El Colón tiene problemas de todo tipo: económicos, organizativos, estructurales, presupuestarios. No puede hacer programaciones serias y las cosas importantes se le caen. No me gusta hablar de esta manera pero es así. Estoy en contacto con la nueva dirección artística pero habrá que ver cuánto dura y si las cosas llegan a término”.

Marcelo Álvarez como Cavaradossi en Tosca, producción de julio pasado, Ópera de Zúrich / Fotografía de Judith Schlosser

Finalmente ese momento llegó: Marcelo Álvarez, a sus cincuenta y cuatro años, regresa al Colón para interpretar Cavaradossi de Tosca, un personaje que en la tradición del Teatro lo han interpretado grandes cantantes, como su admirado Di Stefano, Plácido Domingo, su coterráneo Luis Lima o el español Jaime Aragall. En la conocida puesta de Roberto Oswald, revivida por su eterno colaborador Aníbal Lapiz, y con dirección musical de Carlos Vieu, Álvarez actuará junto a otros dos cantantes de prestigio internacional, la soprano holandesa Eva-Maria Westbroek y el barítono español Carlos Álvarez. Como el sacristán de Tosca, muchos van a estar rezando para que esta vez sea el comienzo de una nueva y prolongada relación de Marcelo Álvarez con nuestro primer coliseo, donde pueda desplegar todo su talento.

Luciano Marra de la Fuente
editor@tiempodemusica.com.ar
Agosto 2016

Este artículo se publicó originalmente en la revista Cantabile N° 84, julio-agosto 2016.

Para agendar
Marcelo Álvarez actuará en el Teatro Colón en las funciones de Tosca de Giacomo Puccini el sábado 20, martes 23, domingo 28 y miércoles 31 de agosto. El elenco estará encabezado también por Eva-Maria Westbroek y Carlos Álvarez, bajo la dirección musical de Carlos Vieu. La producción escénica, original de 1992, será ofrecida en homenaje al gran director de escena, escenógrafo e iluminador argentino Roberto Oswald. Aníbal Lápiz será el repositor y vestuarista, Christian Prego el escenógrafo asociado y Rubén Conde repondrá la iluminación. También habrá otro elenco para Tosca el viernes 26 y martes 30 de agosto encabezado por Eiko Senda, Enrique Folger y Fabián Veloz. Participarán el Coro y la Orquesta Estables del Teatro Colón, más el Coro de Niños del mismo teatro. Más info: www.teatrocolon.org.ar

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Publicado el 16/08/2016
     
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