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“Die Soldaten” en el Teatro Colón : Total operístico
El estreno iberoamericano de la única ópera de Bernd Alois Zimmerman se produjo en una virtuosa puesta en escena de Pablo Maritano y con un destacado elenco encabezado por la soprano Susanne Elmark. Por Luciano Marra de la Fuente
 

Final del Preludio de Die Soldaten, Teatro Colón, 2016

DIE SOLDATEN, ópera de Bernd Alois Zimmermann. Estreno iberoamericano. Función del domingo 17 de julio de 2016 en el Teatro Colón. Dirección musical: Baldur Brönnimann. Dirección de escena: Pablo Maritano. Escenografía e iluminación: Enrique Bordolini. Vestuario: Sofía di Nunzio. Coreografía: Carlos Trunsky. Diseño y realización de video: Marco Funari. Espacialización de la banda sonora: Mauro Zannoli. Reparto: Susanne Elmark (Marie), Julia Riley (Charlotte), Noemí Nadelmann (Condesa de la Roche), Tom Randle (Desportes), Leigh Melrose (Stolzius), Frode Olsen (Wesener), Santiago Ballerini (El joven Conde de la Roche), Gustavo Gibert (Eisenhardt), Eugenia Fuente (Madre de Stolzius), Virginia Correa Dupuy (Anciana madre de Wesener), Nazareth Aufe (Capitán Pirzel), Alejandro Meerapfel (Capitán Mary), Luciano Garay (Capitán Haudy), Carlos Ullán, Santiago Bürgi e Iván Maier (Tres jóvenes oficiales), Christián De Marco (Coronel Conde de Spannheim), Alejandro Spies (Sirviente de la Condesa de la Roche), Mariano Crosio (Joven alférez), Leandro Sosa (Oficial ebrio), Gabriel Vacas, Román Modszelevsky y Edgardo Zecca (Tres capitanes), Teresa Maracaida (Bailarina andaluza), Exequiel Etelechea (Alférez), Teresa Floriach (Madame Roux), Hermes Molaro (Joven fusilero), Gabriel Rodríguez, Gustavo Prada, Nahuén Manzano, Marco Sieni, Martín Romeira, Sergio Iraita, Federico Taboada, Esteban Tonetti, Leandro Vargas, Martín Vijnovich, Juan Visconti y Wilfredo Maddalena (Oficiales y soldados —percusionistas). Orquesta Estable del Teatro Colón.

En el ensayo El futuro de la ópera (1965), el compositor Bernd Alois Zimmermann se explayaba sobre la “necesaria creación de una nueva idea de ópera como teatro del futuro”. Tomando como punto de partida Tristán e Isolda de Wagner, pasando por Alban Berg (Wozzeck) y Richard Strauss (Ariadna en Naxos), volviendo al pasado con Mozart, concluía que la ópera de su tiempo —un tiempo donde las vanguardias, con Pierre Boulez a la cabeza, negaban cualquier posibilidad para el género— sólo puede ser posible si es “teatro total”. Explicaba así: “Arquitectura, escultura, pintura, teatro musical, teatro hablado, ballet, film, amplificación, televisión, grabaciones e ingeniería sonora, música electrónica, musique concrète, circo, musicales, y todas las formas de teatro físico, se unen en la creación del fenómeno de la ópera pluralista”. En otro tramo de ese escrito además incluye una serie de observaciones para el rediseño de la sala de un teatro de ópera. 

Esta explicación no dista tanto de concepto wagneriano de “obra de arte total”, donde el evento teatral adquiere un estatus jerarquizado por aunar todas las artes. De esta manera, Zimmermann (se) crea una línea histórica muy clara donde sitúa a su única creación operística, Die Soldaten (1965), como ejemplo posible de esa idea de “teatro del futuro”. Según el compositor, la manera de vehiculizar esa “ópera moderna” sería posible a través del “serialismo”, un procedimiento compositivo que controla todos los parámetros musicales y que su naturaleza —tal como explica en otro de sus artículos, “Lenz y los nuevos aspectos de la Ópera” (1960)— abre nuevas posibilidades para el género, “posibilidades operísticas que se adaptan específicamente a la forma de muchos niveles, la monstruosidad de la ópera”.

Esa “monstruosidad” propia del género siempre estuvo presente en Die Soldaten —basada en una obra teatral (1776) de Jakob Lenz que rompe la unidad aristotélica de tiempo y espacio—, trayéndole algunas dificultades ya desde su gestación: encargada por la Ópera del Estado de Colonia y compuesta a fines de la década de 1950, la ópera fue clasificada en principio como “irrepresentable”, y en la forma final tal como fue estrenada se convierte en un arduo desafío para todo teatro de ópera, que deberá poner todas sus fuerzas creativas y logísticas para lograr una acabada realización. Ya desde esta página venimos señalando hace varios años que el Teatro Colón debería saldar su deuda con el repertorio operístico de la segunda mitad del siglo XX en adelante: el solo hecho que, gracias al impulso del ciclo Colón Contemporáneo, el teatro estatal más importante de nuestro país haya programado este año el estreno iberoamericano de la única ópera de Zimmermann es motivo de congratulación, y aún más por lo visto en escena.

Leigh Melrose (Stolzius) en el centro, rodeado del conjunto de solistas,
en el primer cuadro del acto segundo, Die Soldaten, Teatro Colón, 2016

La visión interpretativa de esta compleja obra recayó en dos jóvenes directores que asumieron con responsabilidad este desafío. La dirección musical estuvo a cargo del suizo Baldur Brönnimann, ya conocido entre nosotros por sus interpretaciones del siglo XX, desde una cuestionable versión reducida de Le Grand Macabre de György Ligeti (2011) a las excelentemente realizadas Prometeo de Luigi Nono (2013) o La vendedora de fósforos de Helmut Lachenmann (2014). Con la partitura de Zimmermann esta vez logró en la Orquesta Estable del Teatro Colón momentos de efectividad dramática, mayormente en las escenas de la protagonista Marie, la de los soldados o en las del personaje de Stolzius. Sin embargo, hubo otras escenas donde el desbalance entre los cantantes y el foso fue bastante marcado (por ejemplo los dos cuadros finales del acto tercero). Es cierto que la dimensión de la orquesta requerida por Zimmermann es fuera de lo común —incluso incorpora en un par de escenas un ensamble de percusión y un grupo de jazz—, pero lamentablemente en esas escenas que tienden al lirismo más operístico las voces se vieron sobrepasadas por la densidad orquestal.

Si la música del compositor alemán pasa, según las situaciones dramáticas, de momentos de mucha densidad orquestal a otros de sonoridad camarística, la propuesta escénica de Pablo Maritano también jugó con esas dos dimensiones, generando tanto una multiplicidad de escenas superpuestas a gran escala —una idea que la obra de por sí ya tiene— como a otras donde el foco estuvo puesto en el mínimo detalle, de pequeños gestos o miradas. Para eso se valió de un dispositivo escenográfico ideado por Enrique Bordolini que funcionó como un verdadero mecanismo de reloj: sobre el disco giratorio una serie de torres de dos pisos —que contuvieron en total quince habitaciones—, fue mutando en sus posiciones y creando un dinamismo visual en permanente renovación a lo largo de los cuatro actos de la obra. Lo que se vio en el escenario fue visualmente impactante, sumándole la efectiva iluminación del mismo Bordolini y el cuidado vestuario de Sofía Di Nunzio, anclado en la mitad del siglo XX.

Si la escena más compleja de realizar, en teoría leyendo el libreto de la ópera, es el primer cuadro del cuarto acto, por superponer diferentes escenas de la decadencia de Marie, incluida su violación, y que Zimmermann imagina con la utilización de tres pantallas con proyecciones, Maritano —que, luego de una destacada carrera en los principales teatros del país, debutó con esta producción en el escenario del Teatro Colón— redobla ese desafío y conecta visualmente ese cuadro con el violento Preludio, una conexión que ya estaba dada desde lo musical. Tanto en el comienzo de la obra como en ese cuadro crucial las quince habitaciones se poblaron con los diferentes personajes (y con múltiples Maries) que son sometidos a una violencia de poderes desiguales, sin dudas, un fresco teatral tanto fascinante como cruento.

A la derecha, Tom Randle (Desportes) y Susanne Elmark (Marie) en el
segundo cuadro del acto segundo de Die Soldaten, Teatro Colón, 2016

En escenas más sencillas también el director crea contraescenas elaboradas, utiliza proyecciones con detalles de personajes o incluso imagina escenas nuevas para ser vistas durante los breves preludios: la matanza de una prostituta por un soldado, por ejemplo, mientras gira el disco que muestra la comunión de un grupo de soldados genera escalofríos. Una sensación similar tuvo la escena final: Marie, no reconocida por su padre, se arrastra como pordiosera hacia el frente del proscenio mientras el redoble del tambor hace marchar no sólo a los soldados sino a todos los personajes de la obra. Marie trata de gritar pero no logra hacerlo. Es toda una sociedad, pareciera decir la lectura de Maritano en este final, la que aplasta con su marcha al prejuzgado, al diferente o al violentado. Es una visión mucho más íntima y actual que la apocalíptica y colectiva pensada por Zimmermann con bomba nuclear incluida.

En el numeroso elenco quien se destacó de comienzo a fin fue la soprano danesa Susanne Elmark, interpretando a una Marie vocalmente virtuosa, desde las endiabladas coloraturas que debe realizar en la escena de la seducción con el Baron Desportes a los momentos más líricos y con evidente pathos en la escena final. La composición de su personaje en las primeras escenas estuvo un tanto aniñada —tal vez una marcación del director—, desdibujando un poco el impulso que tiene la mujer para decidir su destino, sin embargo esa otra actitud se pudo vislumbrar en las siguientes escenas, generando un fuerte magnetismo escénico. Asimismo fue fascinante la actuación del barítono inglés Leigh Melrose como Stolzius, el engañado prometido de Marie y propulsor de la venganza. Su composición se vio potenciada por las tensiones que se generaron con su Madre —una estupenda Eugenia Fuente— o con los soldados.

Correctos estuvieron Tom Randle como Desportes, Julia Riley como Charlotte y Frode Olsen como Wesener, en tanto que Noemí Nadelmann no estuvo tan bien como la Condesa de la Roche, con un pronunciado vibrato y un volumen poco controlado. Del extenso grupo de cantantes locales, todos muy correctos, se destacaron Santiago Ballerini como el Joven Conde de la Roche, Luciano Garay como el Capitán Haudy y Gustavo Gibert como Eisenhardt.

Susanne Elmark (Marie) en la escena final de Die Soldaten, Teatro Colón, 2016

La presentación de Die Soldaten en el Teatro Colón, a cincuenta y un años de su estreno, no sólo puso en contacto a nuestro ámbito cultural con una concepción dramático-musical que, más allá de la pretensión de su autor por cimentar un “teatro del futuro”, tiene fuertes raíces con la tradición operística, sino que mostró a un equipo artístico sólido, capaz de sortear las dificultades técnicas, interpretativas y organizativas que plantea la “monstruosidad” del género en el enfoque de Bernd Alois Zimmermann.

Luciano Marra de la Fuente
editor@tiempodemusica.com.ar
Julio 2016

Imágenes gentileza Teatro Colón / Fotografías de Arnaldo Colombaroli y Máximo Parpagnoli
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Publicado el 29/07/2016
     
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