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“Dido y Eneas” en el Teatro Colón : ¡Viva la libertad!
Con una extraordinaria puesta escénica de Sasha Waltz, el Teatro Colón volvió a ofrecer, luego de cuatro años, un título del repertorio lírico barroco. Por Ernesto Castagnino
 

Prólogo de Dido y Eneas, producción de Sasha Waltz & Guests, Teatro Colón, 2016

DIDO Y ENEAS, opera en un prólogo y tres actos de Henry Purcell. Función del viernes 10 de junio de 2016 en el Teatro Colón. Producción de Sacha Waltz & Guests y de la Akademie für Alte Musik Berlin, en coproducción con la Staatsoper Unter den Linden (Berlin), Gran Théatre de la Ville (Luxembourg) y Opéra National (Montpellier). Dirección musical: Christopher Moulds. Dirección de escena y coreografía: Sasha Waltz. Escenografía: Thomas Schenk y Sasha Waltz. Vestuario: Christine Birkle. Iluminación: Thilo Reuther. Elenco: Aurore  Ugolin / Yael Schnell* / Michal Maulem* (Dido), Reuben Willcox / Virgis Poudziunas* (Eneas), Debora York / Sasa Queliz* (Belinda), Céline Ricci / Maria Marta Colusi* (2° Mujer), Fabrice Mantegna / Juan Kruz Díaz de Garaio Esnaola* / Gyung Moo Kim* (Hechicera), Sebastian Lipp / Takako Suzuki* (Marinero/Bruja I), Michael Bennett / Jirí Bartovanec* (Espíritu/Bruja II), Luc Dunberry* / Manuel Alfonso Pérez Torres* (Preparador de Eneas), Peggy Grelat-Dupont* (Narrador), Sophia Sandig* (Ascanio). Akademie für Alte Musik Berlin. Vocalconsort Berlin. *Bailarines

El repertorio barroco es quizá con el que más deudas pendientes tiene el Teatro Colón, cuya programación se inclina siempre hacia la ópera de los siglos XIX y XX. Y no es que no existan directores y cantantes locales capaces de abordar el repertorio de los siglos XVII y XVIII, tampoco hay desinterés o indiferencia del público como quedó demostrado en las dos funciones de Platée de Jean-Philippe Rameau a sala llena que se ofrecieron el año pasado en la Usina del Arte a instancias de La Compañía de las Luces dirigida por Marcelo Birman. No obstante, desde la versión en concierto de Rinaldo de George Friederic Handel en 2012, nuestro principal coliseo no incursionaba en una ópera del período barroco.

El regreso del universo barroco al escenario del Teatro Colón se dio con una propuesta mucho más interesante en los hechos que en los papeles. Si íntimamente nos preparábamos para un producto for export un poco demodé, la conocida puesta escénica de Sasha Waltz de la trágica historia de amor de la reina Dido con el héroe troyano Eneas a la que Henry Purcell puso música en 1688, demostró que todavía tiene algo para decir a once años de su estreno en Berlín.

Sasha Waltz, a partir de un dispositivo escénico simple —exceptuando la impresionante pecera del prólogo—, pone foco sobre el cuerpo y su capacidad expresiva. A pesar de las objeciones de un “purismo” tan trivial como anacrónico que clama escandalizado en los foros de opinión acerca de un pretendido “respeto” al compositor o al estilo, la coreógrafa alemana recupera en su visión la esencia del espíritu barroco en general e inglés en particular. Espíritu que otorgaba, no solo al artista sino también al intérprete, una enorme libertad para combinar sensaciones (affetti), para improvisar, para producir metamorfosis, espejismos, efectos visuales y sonoros que rompieran con los espacios y las armonías clásicas.

Una escena de Dido y Eneas, producción de Sasha Waltz & Guests, Teatro Colón, 2016

La masque (mascarada) inglesa —género del que Purcell es el mayor exponente— incluía canto, danza y declamación, algo que los actuales “puristas” parecen desconocer, sostenidos en la arbitraria pretensión de la reproducción literal de lo que algunos régisseurs de mediados del siglo pasado establecieron como parámetros de una pretendida fidelidad. Pretensión que no es otra cosa que la muerte de la ópera como hecho artístico y su reducción a una repetición mecánica siempre igual a sí misma.

¿Qué tiene de estimulante y atractiva la visión de Waltz? En principio que no se trata de una ópera coreografiada en la que el cantante está parado cantando mientras el bailarín que lo duplica gira a su alrededor. En la puesta de Waltz todos bailan, cantantes y bailarines por igual, recreando el concepto de masque y dándole un sentido actual. La coreógrafa incluyó además un prólogo hablado y dos intermezzi: uno danzado (sin música) y otro con una pequeña escena de un maestro de baile al modo del característico intermezzo bufo italiano, que se ubicaba como breve desahogo humorístico en medio de la seriedad de la tragedia. Inclusiones acertadas tanto en su articulación con la trama como en los efectos visuales conseguidos. Una mención especial merece la impecable iluminación diseñada por Thilo Reuther que, en un espacio escénico prácticamente vacío, constituyó un elemento central en la creación de claroscuros y volúmenes.

No solo la cohesión y perfección técnica alcanzada por una compañía que viene haciendo esta obra hace once años es innegable, sino que además el lenguaje coreográfico conserva una vitalidad y vigencia sorprendentes: Waltz crea con los cuerpos la sensación del oleaje del mar, omnipresente desde el comienzo. El uso del agua, el fuego, sonidos grabados y arneses acrobáticos le dan a la propuesta el carácter típicamente barroco de “gran espectáculo” que convocaba a todos los sentidos en una auténtica voluptuosidad sensorial de pliegues, repliegues, coloraturas, curvas, cromatismo, volutas, contrastes y superposiciones que distan mucho de la sobriedad neoclásica con la que en cierta medida se interpretó al barroco en parte del siglo XX. En nombre de esa sobriedad una reducida pero sonora minoría del público abucheó injustamente a la coreógrafa en la última función.

Aurore Ugolin (Dido), junto a bailarines y coreutas, en una escena de Dido y Eneas, Teatro Colón, 2016

En un espectáculo que requiere de una gran precisión técnica y aptitudes para el movimiento por parte de los cantantes, es lógico que no encontremos estrellas o figuras destacadas en lo vocal sino un conjunto de cantantes que cumplieron correctamente sin deslumbrar en ningún caso, pero cuya capacidad expresiva va más allá de la perfección vocal. La mezzosoprano Aurore Ugolin fue una Dido de intensos graves y colores melancólicos, junto al correcto Eneas de Reuben Willcox de timbre algo impersonal. La voz maleable y cristalina de Debora York resultó ideal para el rol de Belinda, que cantó con precisión estilística, mientras que bastante por debajo estuvo el rendimiento de Céline Ricci como la 2ª Mujer.

A partir de estudios musicológicos que establecieron que en la representación de 1700 la parte de la Bruja fue cantada por un bajo-barítono, algunos directores han optado por una voz masculina para ese papel. El efecto es más atractivo teatral que musicalmente y la parte siempre admite un tratamiento más de carácter que virtuoso. El tenor Fabrice Mantegna optó por extremar esa premisa y ofreció una interpretación de la Hechicera en un cuasi declamado de tendencia expresionista.

Christopher Moulds, al frente de la prestigiosa orquesta Akademie für Alte Musik Berlin, ofreció una versión dramática y llena de contrastes de la partitura purcelliana, con el característico pathos del barroco británico tan proclive a la exquisita y lánguida melancholia. El director inglés logró un resultado global de mucho colorido, donde los bellos momentos instrumentales fluyeron articuladamente con los animados conjuntos. El Vocalconsort Berlin tuvo una actuación irreprochable con un coro final (“With drooping wings”) de una perfección polifónica que dejó sin aliento.

Otra escena de Dido y Eneas, producción de Sasha Waltz & Guests, Teatro Colón, 2016

Un festivo regreso del barroco al escenario del Teatro Colón que sorprendió positivamente a aquellos que teníamos ciertas reservas frente a una puesta estrenada hace más de una década, pero nos encontramos con una estimulante reinterpretación de la teatralidad barroca; y que desilusionó solo a aquellos que esperan de la ópera de este período a cantantes enfundados en miriñaques y altas pelucas circulando entre columnas dóricas imitación mármol. Como gritara el Don Juan mozartiano: ¡Viva la libertad!

Ernesto Castagnino
ecastagnino@tiempodemusica.com.ar
Junio 2016

Imágenes gentileza Teatro Colón / Fotografías de Arnaldo Colombaroli y Máximo Parpagnoli
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Publicado el 21/06/2016
     
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