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La Orquesta de la Academia Nacional de Santa Cecilia en el Teatro Colón : Magnetismo musical
Antonio Pappano debutó en nuestro país para el Mozarteum Argentino con un programa que le permitió desplegar su extraordinario talento. La pianista Beatrice Rana también mostró su virtuosismo. Por Luciano Marra de la Fuente
 

Antonio Pappano y la Orquesta de la Academia Nacional de Santa Cecilia, Mozarteum Argentino, Teatro Colón, 2016

ORQUESTA DE LA ACADEMIA NACIONAL DE SANTA CECILIA. Dirección: Antonio Pappano. Solistas: Beatrice Rana, piano; Daniele Rossi, órgano. Concierto del miércoles 11 de mayo de 2016 en el Teatro Colón, organizado por el Mozarteum Argentino. Verdi: Sinfonía de la ópera Luisa Miller. Tchaikovsky: Concierto para piano y orquesta N° 1 en Si bemol menor, Op. 23. Saint-Saëns: Sinfonía N° 3 en Do menor, Op. 78, “Con órgano”.

La segunda propuesta de la temporada 2016 del Mozarteum Argentino en el Teatro Colón trajo el esperado debut en nuestro país de Antonio Pappano, quizá uno de los principales directores de la actualidad. Director musical de la Royal Opera House, Covent Garden de Londres, el músico inglés de ascendencia italiana realizó su visita junto al otro organismo del cual es titular desde 2005, la Orquesta de la Academia Nacional de Santa Cecilia, una agrupación sinfónica fundada en 1908 y que ya se presentó en la Argentina en dos oportunidades con sus anteriores directores, Lorin Maazel (1989) y Daniele Gatti (1994).

En esta oportunidad, los dos programas estuvieron integrados por una “gran” sinfonía en la segunda parte —la N° 5 de Piotr Ilitch Tchaikovsky y la N° 3 con órgano de Camille Saint-Saëns—, una célebre obra concertante para presentar a una intérprete prometedora, la pianista Beatrice Rana, y dos oberturas de óperas de Giuseppe VerdiLa forza del destino y Luisa Miller—, tal vez para mostrar el lugar de origen de la orquesta como también la prodigiosa afinidad que posee el director con el repertorio operístico.

Las frases iniciales de la Sinfonía de Luisa Miller (1849), la obra con la cual comenzó el concierto que reseñamos, sorprendió no sólo por el rango dinámico en pianissimo sino por la articulación lograda de las cuerdas de la orquesta, como si respiraran con un mismo aliento entre frase y frase. Los raptos de furia en fortissimo se escucharon delicados, sin exageraciones, en tanto que el clarinete solista también estuvo en ese tono medido, bien timbrado. La stretta final sonó bien ensamblada, para nada ampulosa como suele escucharse algunas veces, dejando una muy buena primera impresión de la orquesta y, más allá de la brevedad del fragmento, de la visión dramática de Pappano.

Beatrice Rana y Antonio Pappano, junto a la Orquesta de la Academia
Nacional de Santa Cecilia, Mozarteum Argentino, Teatro Colón, 2016

Eso se pudo vislumbrar aún mejor en el inicio del Concierto N° 1 de Tchaikovsky, aunque quizá el impulso de la exposición del tema por parte de la orquesta dejó un poquito desfasada a la solista con sus sonoros acordes y arpegios, un problema que se solucionó rápidamente. La pianista italiana de 23 años, ganadora de la Medalla de Plata y el Premio de la Audiencia en el Concurso Van Cliburn 2013, posee una personalidad interesante para interpretar este conocidísimo concierto, que ya grabó con la misma orquesta y director el año pasado. Si bien su técnica es perfecta, tal vez la interpretación de Beatrice Rana tiende a ser contenida, sin sobrecargar el sonido, encontrando un ensamble ajustado y sutil con la orquesta, por ejemplo en los contracantos que posee con los instrumentos de viento o en las partes más lentas del “Allegro non troppo e molto maestoso” inicial.

La interpretación de la cadenza de ese movimiento fue técnicamente irreprochable, con lindos arranques de carácter y contrastes dinámicos perfectos, consiguiendo hacia el final una atmósfera etérea con una pulcra digitación, la cual se fundió de manera magistral con el ingreso de las maderas y el tutti en el dramático final de este movimiento. En el “Andantino semplice” esa unión entre solista y orquesta, sobre todo en los solistas de viento, se potenció aún más en sus juegos imitativos, con un cuidado de los matices dinámicos y un lirismo extremos. La velocidad con la cual Pappano encaró el “Allegro con fuoco” final fue de una rapidez impetuosa con la cual Rana pudo desplegar su virtuosismo técnico sin fisuras, y que la orquesta pudo seguir ajustadamente, aunque quizá quitándole en algunos episodios el tono más cantabile que poseen. La coda fue aún más rápida, ratificando la excelente afinidad de la solista con el ensamble orquestal. 

La joven pianista, frente al sostenido aplauso del auditorio, ofreció como bis la transcripción de Franz Liszt del lied Widmung (Dedicación) de Robert Schumann. En esta obra pudo mostrar nuevamente su superlativo dominio técnico, pero también un grado interpretativo aún más comprometido, llegando a una reexposición apoteósica del tema inicial con una sorprendente belleza.

De la visión pianística que Liszt tuvo sobre Schumann, en la segunda parte del programa se pasó al tratamiento que Camille Saint-Saëns le dio a su obra maestra, la Sinfonía N° 3 “con órgano” (1886), a partir del desarrollo temático impulsado por Liszt —compositor al que le fue dedicada la obra—, tanto en sus poemas sinfónicos como en otras piezas breves. La inmensa arquitectura de la obra, desarrollada en dos partes con varios movimientos continuos y contrastantes, por carácter e instrumentación, fue interpretada con las características que se fueron descubriendo a lo largo de la primera parte del concierto.

Antonio Pappano, dirigiendo a la Orquesta de la Academia Nacional de Santa Cecilia, Teatro Colón, 2016

Desde la entrada creciente de las cuerdas y su respiración entre frases del “Adagio” inicial a la espectacular fanfarria del “Allegro” final, la interpretación del director inglés creó un arco dramático intenso, en el que el ensamble de la Orquesta de la Academia Nacional de Santa Cecilia, sobre todo en la sección de las cuerdas, fue virtuoso. La primera aparición del órgano hacia el final de la primera parte, en el “Poco adagio”, fue sumamente expresiva en diálogo con las cuerdas y luego con las maderas, tal vez uno de los momentos más subyugantes de toda la velada. El arrebato del “Allegro moderato” que da comienzo a la segunda parte otra vez encontró la presteza y el destaque de toda la orquesta, que tomó un carácter súper ligero en el juguetón “Presto”. Es admirable cómo Pappano logró dosificar los matices para no desbordar ese carácter propulsivo que poseen esas partes.

El atronador ataque del órgano en el “Maestoso” precedió al magnifico staccato de las cuerdas en la textura imitativa del movimiento. En el “Allegro” final esas imitaciones se incrementan aún más, en perpetua tensión, creando una compleja trama sinfónica a la que se acopla el órgano sonoramente, y que, en la versión aquí dirigida por Pappano, tanto la orquesta como el solista de órgano Daniele Rossi pudieron llevar a cabo de manera impactante.

Ante las ovaciones del público, la orquesta y el director ofrecieron dos obras fuera de programa, otra vez conectándose con el repertorio operístico. El “Intermezzo” de Manon Lescaut (1893) de Giacomo Puccini volvió a destacar la labor del grupo de violoncellos, pero en el tutti finalmente el desborde lírico se hizo presente, con un expresivo vibrato de la cuerda y un juego de matices dinámicos excepcional. La “Danza de las horas” de La Gioconda (1876) de Amilcare Ponchielli fue tomada, tal como había pasado en el último movimiento del Concierto N° 1 de Tchaikovsky, con una rapidez virtuosa, una característica que la orquesta sorteó hábilmente, con ensamble y matices dinámicos precisos. Fue una forma simpática de finalizar este excelente concierto ofrecido por el Mozarteum Argentino en el que pudimos disfrutar por primera vez en nuestro país de la maestría, al frente de la Orquesta de la Academia Nacional de Santa Cecilia, de la personalidad musical de Antonio Pappano.  

Luciano Marra de la Fuente
editor@tiempodemusica.com.ar
Mayo 2016

Para agendar
Las próximas propuestas del Mozarteum Argentino tendrán como protagonistas al destacado pianista argentino Nelson Goerner, que ofrecerá un recital el lunes 30 y martes 31 de mayo; y al Ensamble del “Jerusalem Chamber Music Festival” con dirección de la pianista Elena Bashkirova, el lunes 13 y martes 14 de junio. Nelson Goerner interpretará un programa integrado por la Chacona, HWV 435, de George Frideric Handel, las Davidbündlertanze de Robert Schumann y un bloque enteramente dedicado a Frederick Chopin: Barcarola en Fa sostenido mayor, Op. 60; Scherzo N° 3 en Do sostenido menor, Op. 39; Nocturnos, Op. 55 N° 1 y N° 2; y Polonesa en La bemol mayor, Op. 53 “Heroica”. El programa dirigido por Elena Bashkirova abordará el Trío en Si bemol mayor, Op. 11 “Gassenhauer” de Ludwig van Beethoven, Cuarteto para clarinete, violín, violonchelo y piano, de Paul Hindemith, Contrastes, Sz. 111, BB 116, de Bela Bartók, y el Trío Nº 1 en Si bemol mayor, para violín, violonchelo y piano, D. 898, de Franz Schubert. Localidades sobrantes de abono en venta en la boletería del Teatro Colón o a través de TuEntrada.com
Más info: www.mozarteumargentino.org

Imágenes gentileza Mozarteum Argentino / Fotografías de Liliana Morsia
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Publicado el 30/05/2016
     
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