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La Orquesta Sinfónica Nacional, dirigida por Stefan Lano, en el CCK : Vuelta sonora
En su recuperada sede y con el Coro Polifónico Nacional, el director norteamericano regresó a nuestro país para hacer lucir al organismo sinfónico en un desafiante programa con obras de Ginastera, Bartók y Strauss. Por Luciano Marra de la Fuente
 

La Orquesta Sinfónica Nacional y el Coro Polifónico Nacional, dirigidos por Stefan Lano,
interpretando la Cantata profana de Bela Bartók, Centro Cultural Kirchner, 2016

ORQUESTA SINFÓNICA NACIONAL. CORO POLIFÓNICO NACIONAL. Dirección musical: Stefan Lano. Director de coro: Darío Marchese. Solistas: Enrique Folger, tenor; Leonardo Estévez, barítono. Concierto del miércoles 4 de mayo de 2016 en la Sala Sinfónica del Centro Cultural Kirchner. Ginastera: Variaciones concertantes, Op. 23. Bartók: Cantata profana, “Die Zauberhirsche” Sz. 94. R. Strauss: Así hablaba Zaratustra, Op. 30.

A comienzos de mayo, el Centro Cultural Kirchner volvió a la actividad con una función especial de la Orquesta Sinfónica Nacional dirigida por Stefan Lano y con la participación del Coro Polifónico Nacional más destacados solistas, en un ambicioso programa que fue interpretado con muy buenos resultados. Este concierto inicial —que no tuvo tanto público asistente como los del año pasado— se enmarcó en una programación especial de “Pre-Apertura” durante este mes, anunciada por el Sistema Federal de Medios y Contenidos Públicos, novel organismo nacional del cual ahora el Centro depende, “mientras, en simultáneo, continúan los trabajos para la apertura de todos los espacios”.

Así quedaron atrás cinco largos meses en el que este Centro Cultural inaugurado el año pasado, estuvo inactivo como consecuencia del cambio de gobierno y una dura reestructuración —no tan diferente a otras en áreas estatales— que por un lado desvinculó a más de sus seiscientos trabajadores (la mayoría en una relación laboral precarizada) y simultáneamente se llamó a concurso para ocupar otros cien puestos. En abril hubo una serie de sesiones para la puesta a punto de la acústica de las salas de conciertos —la ex Ballena Azul ahora rebautizada como Sala Sinfónica, la Sala Argentina y el Salón de Honor—, donde ingenieros de sonido, músicos y público pudieron ir experimentando ese trabajo tan complejo que combina los parámetros objetivos de la física con los elementos subjetivos de la percepción.

Así, las Variaciones concertantes, Op. 23 (1953) de Alberto Ginastera que dieron inicio al programa, funcionaron no sólo para mostrar las habilidades de los solistas de la orquesta, sino cómo el sonido de cada uno llegó de manera clara al auditorio. Con unos sonoros arpegios del arpa como acompañamiento, el solo de violoncello que expone el Tema de la obra fue interpretado de manera delicada por Jorge Pérez Tedesco, sin perder el temple en la parte aguda del registro y fundiéndose hacia el final sutilmente con el resto de las cuerdas. Aunque tal vez con un volumen demasiado forte en alguna de las intervenciones de los cornos, las ocho variaciones, un interludio y la repetición del tema que siguieron, encontraron a los solistas y ensamble de la Orquesta Sinfónica Nacional, bajo la precisa conducción de Stefan Lano, con un nivel de concentración y musicalidad extremos. Si bien en la “Variación final en forma de rondó” escrita para el tutti estuvo bien balanceada dinámicamente, al comienzo perdió un poco de precisión rítmica, quizá por el tempo propulsivo que la caracteriza, sin embargo en el final el ensamble fue exacto y brillante, logrando así un excelente homenaje al compositor en el centenario de su nacimiento.

Stefan Lano, dirigiendo a la Orquesta Sinfónica Nacional, Centro Cultural Kirchner, 2016

En lugar de una obra concertante para cerrar la primera parte del programa, se interpretó la Cantata profana, Sz. 94  (1934) de Bela Bartók, una difícil obra sinfónico coral, poco frecuentada en las salas de concierto. La cantata, subtitulada “Los ciervos encantados”, está basada en una leyenda rumana en la cual nueve jóvenes cazadores van al bosque a la búsqueda de ciervos y terminan siendo ellos mismos hechizados y convertidos en sus presas. Ante la ausencia de sus hijos, el padre va a buscarlos, armado como siempre, y se encuentra con los nueve ciervos: el hijo mayor/ciervo le dice que no les haga daño porque ellos mismos lo pueden matar con sus astas, no pudiendo volver a su casa, ya que serán ciervos por siempre, condenados a vivir en el bosque. Fue una pena que el texto no se haya proyectado como sobretitulado o incluido en el programa de mano, perdiéndose así uno de los pilares comunicativos de la pieza.

Las complejas texturas orquestales que posee esta composición de casi veinte minutos fueron interpretadas por la orquesta de manera precisa, vislumbrándose claramente todos los planos sonoros. Tal vez en algunos momentos su actuación tapó con una dinámica un tanto forte al Coro Polifónico Nacional, que presentó la narración de la leyenda con una precisión rítmica en su escritura sobre todo silábica. Bartók, en contraste, escribió para los solistas que personifican al padre (barítono) y al hijo mayor (tenor) unas partes bastante melismáticas, las cuales fueron interpretadas esta vez con corrección por Leonardo Estévez y Enrique Folger.

El trémolo de los ocho contrabajos, ubicados en el fondo del escenario, con el cual comienza la célebre introducción de Así hablaba Zaratustra, Op. 30 (1896) de Richard Strauss, la obra a la cual estuvo dedicada la segunda parte del programa, se escucharon bien sonoros, y pareciera que Stefan Lano se fascinó con su sonido, sosteniéndolo en el tiempo y retrasando la fanfarria de las trompetas y el estallido del tutti orquestal. Esa misma tensión se incrementó en las siguientes dos veces de la fanfarria, y su brillante resolución. Se extrañó, eso sí, el sonido del órgano que posee la sala, especialmente diseñado por la firma alemana Klais, que durante el mes de mayo estuvo trabajando para su óptimo acondicionamiento. En su lugar, un teclado reemplazó las partes destinadas al potente instrumento.

La Orquesta Sinfónica Nacional, dirigida por Stefan Lano, Centro Cultural Kirchner, 2016

El poema sinfónico de Richard Strauss, inspirado en la novela filosófica de Friedrich Nietzsche, es un desafío para toda orquesta, por poseer un discurso en permanente desarrollo, contrastando partes de cámara con inmensos tutti de aliento post-románticos, y creando momentos de extrema tensión a otros de quietud lírica. La Orquesta Sinfónica Nacional, bajo la atenta mirada de Stefan Lano, logró sortear todas esas dificultades. Los primeros atriles de las cuerdas se lucieron, por ejemplo, en el cuarteto de la segunda sección “De los trasmundanos”, en tanto que el nuevo concertino —incorporado por concurso a la agrupación sinfónica—, el joven virtuoso Xavier Inchausti, se destacó por su musicalidad y precisión extrema en todas sus intervenciones solistas. Tanto el grupo de las maderas como el de los metales pudieron lucirse en sus partes, al igual que los percusionistas, en especial el timbalista.

En la sección final, “Canto del noctámbulo”, Stefan Lano logró en principio un alto lirismo y luego una tensión dramática extrema, gracias a la alta concentración y buen rendimiento de toda la agrupación sinfónica. Fue una excelente forma de finalizar este concierto de la Orquesta Sinfónica Nacional, que se va superando en cada actuación y que volvió a llenar de sonidos a su recuperada nueva sede en el inigualable Centro Cultural Kirchner.

Luciano Marra de la Fuente
editor@tiempodemusica.com.ar
Mayo 2016

Para agendar
Los próximos conciertos de la Orquesta Sinfónica Nacional serán el miércoles 15 y viernes 17 de junio a las 20.00: contarán con la dirección de Günter Neuhold y la actuación solista del violinista Alexandre Da Costa. El programa estará integrado por el Concierto para violín y orquesta en Sol menor, Op. 26 de Max Bruch y la Sinfonía N° 1 en Re mayor, “Titán”, de Gustav Mahler. Asimismo, los músicos de la Sinfónica ofrecerán conciertos de cámara en la Sala Argentina: el sábado 11 de junio a las 17.00 ofrecerán un programa de autores franceses a cargo de las arpistas Arianna Ruiz Cheylat y Lucrecia Jancsa, la flautista Patricia Da Dalt, los violinistas Gustavo Mulé y Alejandro Schaikis, el violista Eduardo Félix Peron, el cellista Jorge Pérez Tedesco y el contrabajista Hernán Maisa; y el sábado 25 de junio a las 17.00 actuará el cuarteto de clarinetes y el quinteto de vientos solistas, con un programa de autores argentinos. Entrada gratuita con reserva previa de localidades en www.cck.gob.ar desde el martes anterior al concierto.

Imágenes gentileza CCK / Fotografías de Federico Kaplun
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Publicado el 26/05/2016
     
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