Martes 28 de Marzo de 2017
Una agenda
con toda la música



Miércoles 29


Conferencias, cursos,
seminarios y talleres

Convocatorias y concursos
para hacer música

Buscador


FacebookTwitterBlogspot
 

“La viuda alegre” en el Teatro Avenida : Más comicidad que seducción
En la segunda producción de la famosa opereta que encara Juventus Lyrica, el público pudo disfrutar de las encantadoras melodías del compositor austrohúngaro Franz Lehár, uno de los padres del género. Por Ernesto Castagnino
 

Escena del primer acto de La viuda alegre, Juventus Lyrica, Teatro Avenida, 2016 / Foto de Liliana Morsia

LA VIUDA ALEGRE, opereta en tres actos de Franz Lehár. Función del viernes 6 de mayo de 2016 en el Teatro Avenida, organizada por Juventus Lyrica. Dirección musical: André Dos Santos. Puesta en escena: Ana D'Anna. Escenografía: Ana D'Anna y Constanza Pérez Maurice. Vestuario: Ana D’Anna y María Jaunarena. Iluminación: Gonzalo Córdova. Coreógrafo: Igor Gopkalo. Reparto: Carlos Kaspar (Barón Mirko Zeta), Ivana Ledesma (Valencienne), Ernesto Bauer (Conde Danilo Danilowitsch), María Goso (Hanna Glawari), Duilio Smiriglia (Camille de Rosillon), Gabriel Carasso (Vicomte Cascada), Fernando Navarro (Raoul de Saint Brioche), Norberto Lara (Njegus), Ezequiel González (Kromow), Mariano Gladic (Bogdanowitsch), Felipe Cudina Begovic (Pritschitsch). Orquesta. Coro de Juventus Lyrica, director: Hernán Sánchez Arteaga. Ballet.

El nombre de Franz Lehár estará siempre ligado al mundo de la opereta, un género de exclusivo entretenimiento, de comedias románticas repletas de alegres melodías, vistosas escenas de conjunto y, casi siempre, algunos toques picarescos. La viuda alegre, su obra más inspirada y uno de los exponentes más importantes del género, contiene todos esos ingredientes combinados en una proporción ideal para garantizar una velada de ligero y despreocupado disfrute.

El embajador del reino ficticio de Pontevedro está empeñado en lograr que la joven viuda pontevedrina Hanna Glawari contraiga matrimonio con un compatriota y evitar que lo haga con un francés para que su fortuna no abandone las arcas del empobrecido reino. El conde Danilo Danilowitsch —un antiguo romance de la viuda devenido en playboy— es el elegido para seducir a Hanna, aunque ha declarado su intención de no casarse jamás. La tensión en la pareja es evidente, pero ninguno está dispuesto a ceder. Como trama secundaria encontramos a Camille enamorado de Valencienne, esposa del embajador, quien corresponde el amor del joven, aunque la posible infidelidad le plantea un conflicto moral. Involucran a Hanna en los enredos para evitar ser descubiertos por el embajador, y la viuda utilizará el artilugio para despertar los celos de Danilo y hacerlo ceder. El final feliz encuentra a la pareja unida, el embajador aliviado al descubrir que su esposa no ha sido infiel y los millones de la viuda en el Banco de Pontevedro.

La producción anterior de esta opereta por parte de la agrupación en 2009 —que también tuvo a Ana D’Anna como directora escénica— había logrado resolver con eficacia el balance entre los distintos ingredientes de la obra, dejando un grato recuerdo. En esta oportunidad, los aspectos cómicos se impusieron a los otros componentes de la trama: lo sentimental y lo picaresco. La opereta de Lehár, en esta nueva propuesta de Ana D’Anna, devino en una comedia blanca, por momentos tan blanca que las escenas de seducción se diluían en unos poco convincentes y más bien bufos flirteos amorosos.

María Goso (Hanna Glawari) y Ernesto Bauer (Conde Danilo) en el segundo acto de
La viuda alegre, Juventus Lyrica, Teatro Avenida, 2016 / Foto de Juan Ingelmo

La imprescindible “química” que debe funcionar entre los protagonistas apenas estuvo presente en los momentos claves, quitándole verosimilitud a la seducción. Lo mismo podría decirse de los aspectos picarescos, con unas grisettes adolescentes que escasamente transmitían la sensualidad y desenfado que se espera del cuadro de baile del acto tercero. Con todo, la sucesión de gags funcionó aceitadamente haciendo que la maquinaria transite con cierta eficacia entre lo cómico y lo grotesco.

El encanto de la melodía lehariana se abrió paso con la lectura atenta y ágil del director musical André Dos Santos y, pese a algunos desfasajes entre el foso y el escenario, la música se impuso con todo su brío y decadente elegancia. La orquesta respondió con entusiasmo, aunque la sección de cuerdas tuvo algún que otro traspié en la afinación. El entusiasmo del Coro de Juventus Lyrica, preparado por Hernán Sánchez Arteaga, brindó deliciosos momentos concertantes, como la primera escena del segundo acto en la fiesta de Glawari.

Si bien por lo general la opereta no presenta exigencias vocales extremas, la suntuosa orquestación de Lehár tampoco admite voces de escasa proyección. María Goso como la viuda millonaria quedó por momentos algo exigida por un rol bien alejado de sus dos últimos compromisos: la pícara Susanna o la hiperingenua Micaela. Hanna Glawari es una mujer experimentada, que sabe utilizar su sensualidad para conseguir lo que desea y que transforma —sin ruborizarse— su propia casa en una réplica del cabaret Maxim’s. Goso posee un timbre encantador y gran musicalidad, pero su línea vocal presentó algunos altibajos, sobre todo en el ascenso hacia las notas agudas, perdiendo a veces fuerza y seguridad. A su lado Ernesto Bauer fue un conde Danilo ágil y bien resuelto vocalmente: elegante, seductor, lírico, el barítono tuvo todo lo que se espera del conde mujeriego, logrando dominar sin dificultad la aguda tessitura del personaje.

María Goso (Hanna Glawari), rodeada de solistas y coro, en el primer acto de
La viuda alegre, Juventus Lyrica, Teatro Avenida, 2016 / Foto de Liliana Morsia

La pareja secundaria tuvo en Ivana Ledesma una Valencienne de buenos medios, enérgica y de gran presencia vocal junto a un correcto Duilio Smiriglia que sólo por momentos encontró la vena lírica y ligera del enamoradizo Camille de Rousillon. Norberto Lara repitió su Njegus que, como en 2009, dominó vocal e interpretativamente con solidez, mientras que el rol del Barón Mirko Zeta estuvo a cargo del actor Carlos Kaspar, decisión arriesgada ya que, si bien se trata de un rol de carácter y sus partes cantadas son menos que las habladas, cuando le toca cantar se espera que cante y no que declame. Completaban el séquito de admiradores de la viuda Gabriel Carasso, Fernando Navarro, Ezequiel González, Mariano Gladic y Felipe Cudina Begovic.

Una segunda visita de Juventus Lyrica —una vez más en una visión escénica de su directora artística Ana D’Anna— al mundo de la opereta vienesa  con una propuesta franca y llana, en la que un elenco joven ofreció lo mejor de sí para ofrecer una velada disfrutable en muchos aspectos.

Ernesto Castagnino
ecastagnino@tiempodemusica.com.ar
Mayo 2016


Imágenes gentileza Juventus Lyrica / Fotografías de Liliana Morsia y Juan Ingelmo
Seguinos en
www.twitter.com/TdMargentina y www.facebook.com/tiempodemusica.argentina
__________
 
Espacio de Opinión y Debate
Estuviste en esta obra, ¿cuál es tu opinión? ¿Coincidís con este artículo? ¿Qué te pareció? Dejanos tu punto de vista en nuestro facebook o nuestro blog. Hagamos de
Tiempo de Música un espacio para debatir.

 
Publicado el 09/05/2016
     
WebMind, Soluciones Web Contacto © Copyright 2006/2014 | Todos los derechos reservados