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“Aliados” en el Teatro San Martín: El grito del conscripto o la ópera como testimonio
En la 19ª edición del Ciclo de Conciertos de Música Contemporánea, con sede principal en el Teatro San Martín, se presentó la interesante ópera con música de Sebastián Rivas y libreto de Esteban Buch. Por Ernesto Castagnino
 

Mateo De Urquiza (Conscripto) en la escena final de Aliados, una ópera en tiempo real,
Ciclo de Conciertos de Música Contemporánea del Teatro San Martín, 2015

ALIADOS, UNA ÓPERA EN TIEMPO REAL, ópera en un acto con libreto de Esteban Buch y música de Sebastián Rivas. Estreno latinoamericano. Función del sábado 31 de octubre de 2015 en la Sala Casacuberta del Teatro San Martín, como apertura de la 19ª edición del Ciclo de Conciertos de Música Contemporánea. Dirección musical: Pablo Druker. Dirección escénica: Marcelo Lombardero. Escenografía: Noelia González Sbovoda. Vestuario: Luciana Gutman. Iluminación: Horacio Efrón. Reparto: Eugenia Fuente (Thatcher), Leonardo Estévez (Pinochet), Alejandro Spies (Edecán), Patricia De Leo (Nurse), Mateo De Urquiza (Conscripto). Ensamble instrumental: Florencia Ciaffone, violín; Federico Landaburu, clarinetes; Axel Juárez, trombón; Manuel Moreno, guitarra eléctrica; Bruno Lo Bianco, percusión; Diego Ruiz, piano. Electrónica: Mauro Zanoli. Diseño sonoro: Pablo Fórmica. Diseño digital realizado en los estudios IRCAM (Centre Pompidou, Paris). Diseñador de música digital: Robin Meier. Diseñador sonoro: Julien Aléonard.

Si bien desde el siglo XIX pueden rastrearse entrecruzamientos entre política y arte —alcanza con mencionar el ejemplo de Giuseppe Verdi quien, claramente comprometido con la causa de la unificación de Italia, cifraba en sus óperas mensajes libertarios a sus compatriotas eludiendo la estricta censura austríaca— es en el siglo XX cuando esa interesante tensión entre la ficción y el testimonio, el entretenimiento y la denuncia, rendirá sus mayores frutos. Fue Bertolt Brecht quien, en las primeras décadas del siglo XX, cambió la relación entre arte y política, al crear un nuevo tipo de teatro cuyo fin era provocar en el público una toma de conciencia sobre las inequidades del capitalismo: así nacieron La ópera de tres centavos, La resistible ascensión de Arturo Ui o Terror y miseria del Tercer Reich, por nombrar sólo tres ejemplos del genial dramaturgo alemán.

En el terreno de la creación operística, Ascenso y caída de la ciudad de Mahagonny de Kurt Weill, El Cónsul de Gian Carlo Menotti, Intolleranza 1960 de Luigi Nono, We come to the river de Hans Werner Henze e Il Prigioniero de Luigi Dallapiccola son apenas algunos ejemplos de un compromiso creciente de los compositores y libretistas con la realidad en la que vivían y de una necesidad de poner en escena el árido y a veces insoportable lado oscuro de la condición humana. Dentro de este contexto, existen también incursiones de la ópera en tanto testimonio de un pasado reciente, como Nixon en China de John Adams, Estaba la madre de Luis Bacalov —que pudimos escuchar hace algunas semanas en el Centro Cultural Kirchner— y la obra que nos ocupa.

Si Jean-François Lyotard ve en el arte moderno la misión de testimoniar que hay cosas irrepresentables, estas obras vendrían justamente a intentar darle lugar a eso que en la experiencia se nos presenta como insoportable. El olvido, nos dice Lyotard, conduce a las catástrofes totalitarias y a todas las formas de estatización mercantil de la vida, por lo que la obra de arte adquiere ese valor de testimonio que permite al público, guiado como Orfeo por la música de su lira en las profundidades del Hades, adentrarse en aquello que es necesario no olvidar.

Leonardo Estévez (Pinochet) y Eugenia Fuente (Thatcher) en una escena
de Aliados, una ópera en tiempo real, Teatro San Martín, 2015

Al igual que Nixon en China, Aliados parte de un suceso real: en la ópera de Adams es el encuentro entre Richard Nixon y Mao Tse-Tung en 1972, en tanto que en la de Rivas se trata de la visita que Margaret Thatcher hizo a Augusto Pinochet en 1999 mientras éste se encontraba detenido en Londres, acusado de crímenes de lesa humanidad por el juez español Baltasar Garzón. Este encuentro, que se produce en el momento de su decadencia física y mental, encierra poderosas metáforas en las que el libretista Esteban Buch —un profundo conocedor de las relaciones y tensiones entre arte y política— se adentra con paso firme, sumergiéndonos en el sombrío mundo de dos ancianos que recuerdan entre balbuceos y chocheras su momento de gloria, su alianza durante la Guerra de Malvinas. Dieciséis años después de terminada la guerra, la vencedora y su aliado están decrépitos y tienen dificultades para hablar y recordar, pero el horror del que fueron partícipes y artífices no quiere dejar de ser dicho; y allí aparece la figura del Conscripto, personaje hablado que irrumpe en diferentes momentos, gritando su desesperación desde la sala de máquinas del Buque General Belgrano, pronto a hundirse en el Océano Atlántico.

El planteo musical de Sebastián Rivas, a partir de un ensamble instrumental compuesto por violín, clarinete, trombón, percusión, guitarra eléctrica y piano, incorpora sonidos digitalizados, además de un procesamiento de las voces que son amplificadas o deformadas mediante una instalación sonora de gran efecto dramático. A lo largo de setenta minutos, Rivas despliega, utilizando con sutileza la variedad tímbrica del sexteto instrumental, el mundo interno de los dos personajes, pero permitiendo siempre que el texto discurra con claridad. El foco está puesto indudablemente en ese “diálogo” que, si en lo esencial se reduce a un banal intercambio protocolar de saludos, esconde detrás lo que dicho encuentro tiene de simbólico. Se hilvanan así, caóticamente —como puede ser caótica la mente senil—, fragmentos de la historia del siglo XX: guerra, dictadura, colonialismo, occidente y la “amenaza” del comunismo, etc.; y es sólo al final que los fragmentos se acomodan en un todo coherente y contundente, ahorrándonos pueriles didactismos y abriendo a la reflexión sobre los dolorosos hechos de nuestra historia.

Resulta destacable el efecto dramático logrado por el tratamiento que Rivas da a la voz, ubicando al ahogo en el centro de la escena. A partir de respiraciones, jadeos, repeticiones, escansión de sílabas y ecos, recursos que remiten directamente a la senilidad, el compositor integra, además, distintos estilos de canto desde la palabra declamada al canto lírico, pasando por el sprechgesang y el canto popular. Otra decisión acertadísima de los autores fue la de hacer hablar a cada personaje en su propio idioma, acentuando la banalidad del encuentro entre dos personas cuyo diálogo se limita a unas pocas frases de cortesía pero cuyo entendimiento va mucho más allá del idioma, conformándose una alianza que esconde también mutuo desprecio. La placidez de ese té de cortesía es interrumpida por la voz del conscripto, que no canta sino que grita su desesperación por saberse perdido, próximo a morir… ahogado.

 

Eugenia Fuente (Thatcher) en una escena de Aliados, una ópera en tiempo real,
Ciclo de Conciertos de Música Contemporánea del Teatro San Martín, 2015

El director escénico Marcelo Lombardero confió en el interesante material que tenía en sus manos, dejando fluir su potencia dramática sin explicar ni sobreabundar, pero sí poniendo acentos y construyendo un hecho teatralmente rotundo. El planteo escenográfico de Noelia González Sbovoda, estaba basado en paneles que, además de abrirse y cerrarse creando diferentes situaciones o marcando el pasaje del plano del diálogo al plano del mundo interno de un personaje, también funcionaban como pantallas en las que se proyectaban imágenes o dejaban traslucir la cabina del conscripto encerrado en la sala de máquinas. La excelente y expresionista iluminación de Horacio Efrón consiguió crear el efecto de planos diferentes y de opresivo encierro, en tanto que el vestuario de Luciana Gutman contribuyó a la caracterización de dos personajes históricos de quienes todos conservamos el recuerdo vivo de su fisonomía, sus gestos y su modo de vestir.

Lombardero desplegó con inteligencia aquello que en la obra se propone como tensión entre el gesto trágico y la mueca grotesca, entre la potencia destructiva y la chochera senil de los personajes, entre la trascendencia decisiva de sus acciones pasadas y la banalidad de un encuentro social. En este sentido, tuvo en los cinco solistas una respuesta inmejorable, tanto por la entrega como por la eficacia dramática de sus intervenciones. Impecables estuvieron Eugenia Fuente como Margaret Thatcher y Leonardo Estévez como Augusto Pinochet, quienes llevaron sobre sus hombros el mayor peso, por la extensión y la complejidad vocal que encierran sus personajes. Ambos crearon —con vigorosos medios vocales e indiscutibles dotes actorales— impresionantes retratos de sus personajes, en los gestos mínimos, en los colores vocales y en los silencios plenos de sentido.

También efectivos Patricia De Leo como la enfermera de Thatcher y Alejandro Spies como el Edecán de Pinochet, ambos con momentos solistas de gran expresividad. Mateo De Urquiza le dio al rol del Conscripto una intensidad arrolladora, y el necesario contraste con la plácida charla de la acogedora sala donde cumple arresto domiciliario el dictador chileno. Pablo Druker, responsable musical del proyecto, llevó con claridad el concepto, atendiendo a lo que en la partitura de Rivas parece lo fundamental: el detalle, la pincelada sutil y el gesto mínimo.

Alejandro Spies (Edecán) y Leonardo Estévez (Pinochet) en una escena de Aliados, una ópera
en tiempo real
, Ciclo de Conciertos de Música Contemporánea del Teatro San Martín, 2015

¿Testimonio de lo irrepresentable? ¿Narración de lo insoportable? La ópera que nos proponen Sebastián Rivas y Esteban Buch, sólida y contundente fusión de texto y música, mantiene al espectador atrapado hasta el último compás. Que un pueblo sin memoria nunca encontrará el rumbo es algo que los latinoamericanos sabemos en carne propia, y obras como esta reafirman que, de lo insoportable, siempre algo puede decirse.

Ernesto Castagnino
ecastagnino@tiempodemusica.com.ar
Noviembre 2015

El tiempo trivial
Por Cristóbal Astorga Sepúlveda
Corresponsal de Chile en Buenos Aires / kastorgas@tiempodemusica.com.ar

“La historia ocurre dos veces: la primera vez como grand opéra y la segunda como opereta”. De Meyerbeer a Offenbach, el espacio público y político fue uno de los temas principales del mundo musical decimonónico. El tratamiento, sobra decirlo, es diferente. Pero en ambos casos nos enfrentamos con un mundo que es compartido. Sólo un genio como Verdi pudo haber tensionado esa idea al enfrentar en un espacio privado a las verdaderas fuerzas políticas en su Don Carlos: el rey de España y el Gran Inquisidor deciden sobre la vida y la muerte en la placidez de un despacho.

Aliados tiene algo de eso, pero en clave irónica. Recoge un hecho histórico, la visita en marzo de 1999 de Margaret Thatcher a Augusto Pinochet, durante la reclusión de este en Londres a la espera de decidirse la extradición solicitada por el juez español Baltasar Garzón. Ese encuentro fue televisado y puede hoy verse en internet. Pinochet y la baronesa Thatcher se conocían de tiempo. Thatcher había visitado Chile en 1994 invitada por empresarios, cita que es recordada hoy por un desvanecimiento de la otrora Dama de Hierro. Pero el lazo entre ella y Pinochet se remonta a la Guerra de las Malvinas. Para esa época, Pinochet contaba con una dictadura estabilizada jurídicamente mediante una Constitución fraudulentamente plebiscitada. Si bien Chile apareció ante el mundo como neutral, hoy sabemos, gracias a la propia Thatcher y a otros actores políticos, que prestó ayuda invaluable a la inteligencia británica acerca de los movimientos de las tropas argentinas. El día que el radar chileno fue a mantenimiento, quedando Inglaterra sin ojos, Argentina bombardeó exitosamente dos buques enemigos. Como si de una broma antiwagneriana se tratara, llevaban por nombre Sir Galahad y Sir Tristram.

Efectivamente, Aliados lleva un título adecuado. Chile se abasteció de armamento inglés y fue reconocido por Thatcher como un modelo a seguir. El programa económico neoliberal diseñado por la dictadura, y respaldado por figuras como Milton Friedman, muestra todavía hoy sus nefastas consecuencias a nivel de segregación y desigualdad social. Cuando la fanaticada pinochetista durante el arresto londinense reclamaba a gritos “¡Ingleses piratas, devuélvannos al tata!” se dirigían únicamente a los jueces de peluca y toga que habrían finalmente de decidir el regreso de Pinochet a suelo chileno alegando mal estado de salud. La gratitud hacia la derecha inglesa permanecía aún en sus corazones.

Patricia De Leo (Nurse), Leonardo Estévez (Pinochet), Alejandro Spies (Edecán) y Eugenia
Fuente (Thatcher) en el tango de Aliados, una ópera en tiempo real, Teatro San Martín, 2015

Aliados presenta un Pinochet y una Thatcher en silla de ruedas. Se trata de un giro teatral simpático pues en la realidad ambos se desplazaban por sus propios medios. Cual Ginger y Fred, bailan un tango infernal sobre ruedas en el que es con toda probabilidad el momento más memorable de la ópera. Pinochet es un barítono y Thatcher una soprano, lo que, de nuevo, se vuelve un giro, ahora sonoro, pues la voz del dictador siempre fue aguda chillona y la de ella grave profunda. Un tenor de carácter y una mezzo habrían mimetizado mejor la realidad. Pero esa es una intención que la obra no tiene. La música inasible de Sebastián Rivas sugiere la senilidad en ambos mediante la repetición de palabras y la falta de coherencia en el discurso. En compañía de dos asistentes, los ex gobernantes parecen desdoblarse en esta pareja “plebeya” que sella el intercambio político con un intercambio amoroso. Si bien esto puede resultar forzado, la verdad es ¿qué más se podía presentar en una ópera sobre un encuentro tan trivial? Pienso en cambio en la entrevista de Nixon y Mao en Nixon en China de John Adams, una ópera política donde el libreto enfatiza el contraste ideológico de ambos mediante un texto fascinante. Este es precisamente uno de los principales problemas de Aliados, a saber la carencia de un texto que se eleve por sobre la anécdota. La única poesía llega en las dos escenas que enmarcan el encuentro principal: un soldado argentino luchando en las Malvinas, donde la voz del pasado se proyecta, invade y contamina el presente o “tiempo real” de la ópera, es decir el tiempo del encuentro de ella y él. Aliados es una ópera que pretende subvertir algo que no requiere subversión: el encuentro de Thatcher y Pinochet fue una humorada de la historia. Lo realmente importante ya había ocurrido. ¿Cuándo tendremos una ópera sobre eso?

Imágenes gentileza Ciclo de Conciertos de Música Contemporánea del Teatro San Martín / Fotografías de Alejandro Held
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Publicado el 17/11/2015
     
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