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“Nosferatu” con música en vivo en el Teatro Colón : Terror en la Ópera
Con una banda sonora del compositor español José María Sánchez-Verdú, ejecutada en vivo por la Orquesta Filarmónica de Montevideo, se proyectó en la sala principal la obra maestra del cine expresionista alemán. Por Ernesto Castagnino
 

Nosferatu, una noche de terror, Teatro Colón, 2015

NOSFERATU, EINE SYMPHONIE DES GRAUENS (Alemania, 1922), film con dirección de F. W. Murnau. Guión: Henrik Galeen (sobre Drácula de Bram Stoker). Fotografía: Fritz Arno Wagner, Günther Krampf. Dirección artística: Albin Grau. Productores: Enrico Dieckmann, Albin Grau. Duración: 92 minutos. Función del viernes 23 de octubre de 2015 en Teatro Colón. Música de José María Sánchez-Verdú. Orquesta Filarmónica de Montevideo. Acordeón: Iñaki Alberdi. Dirección: José María Sánchez-Verdú. Coproducción entre el Teatro Solís de Montevideo y el Teatro Colón de Buenos Aires, a propuesta de los Centros Culturales de España en Montevideo y Buenos Aires.

Con el título Nosferatu, una noche de terror, en el marco de una coproducción entre el Teatro Solís de Montevideo y el Teatro Colón de Buenos Aires, se programaron tres proyecciones del film de Murnau con la música compuesta por José María Sánchez-Verdú, una en Buenos Aires y dos en Montevideo.

José María Sánchez-Verdú —conocido por el público argentino por su ópera Aura (2009) sobre el relato homónimo de Carlos Fuentes, estrenada en Buenos Aires en 2010 dentro del Ciclo de Conciertos de Música Contemporánea del Teatro San Martín— compuso por encargo del Teatro de la Zarzuela y la Orquesta de la Comunidad de Madrid una partitura para musicalizar el clásico film de Murnau, de 1922. El estreno tuvo lugar en 2003 en el teatro madrileño bajo la dirección musical de José Ramón Encinar y posteriormente fue presentada en numerosas ciudades como Sevilla, Potsdam, Berlín y Salzburgo, siendo ésta la primera oportunidad que se realiza fuera de Europa.

De la música original que Hans Erdmann había compuesto para este film sólo se han conservado unos minutos de los que no se sabe siquiera a qué secuencia pertenecen, por lo que Sánchez-Verdú creó una partitura integral para coro femenino y orquesta sinfónica; no obstante lo cual incorporó los fragmentos de Erdmann dentro de su partitura: “Yo creo una especie de palimpsesto, y de repente, de trasfondo entre varias cosas, aparece un fragmento de la música original, como una capa interna del material musical”, comentó entrevistado por El País de Montevideo. La plantilla instrumental incluye 2 flautas, 2 clarinetes, oboe, fagot, saxofón, 2 trompas, 2 trompetas, 2 trombones, percusión, acordeón, arpa y una nutrida sección de cuerdas (15 violines, 6 violas, 5 violonchelos y 4 contrabajos).

José María Sánchez-Verdú, dirigiendo a la Orquesta Filarmónica
de Montevideo, en Nosferatu, Teatro Colón, 2015

La partitura de Sánchez-Verdú es consistente y está colmada de detalles interesantes. No se trata en absoluto de música ilustrativa o de un mero acompañamiento, sino del esfuerzo por construir un mundo sonoro que aporte sentido a la imagen. Hace algunos años, en un comentario sobre la proyección de Metrópolis de Fritz Lang en el Teatro Argentino y el MALBA, definía a estas creaciones musicales sobre imágenes preexistentes como obras intervenidas: “propongo pensar que la música creada intervendría sobre las imágenes del mismo modo que el bigote dibujado por Marcel Duchamp sobre el retrato de La Gioconda de Leonardo. Y como efecto de la intervención se produce una interesante relación figura-fondo, porque al contemplar la obra de Duchamp, el espectador ya no hace foco sobre la imagen pintada por Leonardo sino sobre ese bigotito dibujado, ese pequeño garabato que adquiere todo su sentido porque está dibujado sobre esa imagen y no sobre otra, haciendo que, a la vez, ese retrato no vuelva a ser el mismo (aunque lo volvamos a ver en su forma original)”. De este modo se zanja cualquier discusión acerca de la legitimidad o ilegitimidad de estas incursiones cada vez más frecuentes, que permiten redescubrir a los “viejos clásicos” bajo una luz nueva.

La partitura de Sánchez-Verdú fue desarrollando climas y acompañando la narración visual con un agudo sentido del ritmo, asociando a los personajes a determinados instrumentos o leitmotivs que, como ocurre en la ópera, permiten asociar cada rol a un “color” o timbre sonoro específico, lo que se traduce en “sensaciones” que quedan mentalmente ligadas a él. Los ostinati de las cuerdas aportaban la necesaria tensión con sutilísimas transiciones y efectivos crescendi que explotaban con los metales atronadores —a veces por demás— en los momentos de clímax como la aparición del conde Orlok (Nosferatu) en su castillo de Transilvania.

Tanto el coro de las voces femeninas como el sonido del acordeón solista se convierten en recursos plenos de sentido en manos del compositor español, incorporándolos como pinceladas de color, pero no un sentido decorativo sino de modo expresivo; así, el espectador “siente” el sonido orgánico respecto de la imagen.

José María Sánchez-Verdú, dirigiendo a la Orquesta Filarmónica de Montevideo, en Nosferatu, Teatro Colón, 2015

Un grato e inesperado —esta proyección no estaba anunciada en la programación— aporte a este nuevo género musical que es la creación de bandas sonoras actuales para films de la era muda del cine, que en esta oportunidad dio como resultado una experiencia sumamente atractiva, sumergiéndonos en el tenebroso mundo vampírico de Murnau, visual y musicalmente.

Ernesto Castagnino
ecastagnino@tiempodemusica.com.ar
Noviembre 2015


Imágenes gentileza Teatro Colón / Fotografías de Máximo Parpagnoli
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Publicado el 03/11/2015
     
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