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“Macbeth” en el Festival Internacional de Buenos Aires : De visiones y emociones
La compañía sudafricana Third World Burnfight presentó en el Teatro Colón una relectura de la ópera de Giuseppe Verdi ambientada en el Congo actual, y que no nos es tan lejana. Por Luciano Marra de la Fuente
 

Owen Metsileng (Macbeth) y Nobulumko Mngxekeza (Lady Macbeth) en una escena de Macbeth, Third World Bunfight

MACBETH con concepción de Brett Bailey y música de Giuseppe Verdi adaptada por Fabrizio Cassol. Función del domingo 4 de octubre de 2015 en el Teatro Colón, presentada en como cierre del 10° Festival Internacional de Buenos Aires. Una coproducción de Barbican, KFDA/KVS, Wiener Festwochen, Theater formen Festival y La Ferme du Buisson, con el apoyo del EU Culture Fund y el National Lottery Distribution Fund de Sudáfrica. Compañía “Third World Bunfight”. Dirección escénica, diseño de vestuario y escenografía: Brett Bailey. Dirección musical y diseño sonoro: Premil Petrovic. Iluminación: Felice Ross. Reparto: Owen Metsileng (Macbeth), Nobulumko Mngxekeza (Lady Macbeth), Otto Maidi (Banquo), Sandile Kamle, Jacqueline Manciya, Monde Masimini, Siphesihle Mdena, Bulelani Madondile, Philisa Sibeko y Thomakazi Holland (Coro). Orquesta: David Bellisomi y Ángel Randazzo, violines; Gabriel Falconi, viola; Stanimir Todorov, violoncello; Elián Ortiz Cárdenas, contrabajo; Fabio Mazzitelli, flauta y piccolo; Guillermo Astudillo, clarinete y clarinete bajo; Diego Armengol, fagot y contrafagot; Werner Menger, trompeta; Enrique Schneebeli, trombón y trombón bajo; percusionistas.

Una práctica habitual, y bien saludable, en las artes escénicas es la de reinterpretar los clásicos, dándole una impronta cercana a nuestra contemporaneidad. En los teatros líricos, si bien es bastante resistido por el público más ortodoxo, también ha habido impactantes relecturas de las obras canónicas del repertorio, desde las particulares visiones escénicas de Jorge Lavelli sobre Faust o La traviata hasta la lectura política del Anillo del Nibelungo por Patrice Chereau, pasando por la impronta pop en la trilogía Mozart-Da Ponte por Peter Sellars, el más moderno Orfeo ed Euridice clásico de Harry Kupfer o el frío ascetismo de Bob Wilson en tantos de sus montajes minimalistas del repertorio tradicional.

Para su Macbeth, presentado en el Teatro Colón como espectáculo de clausura del 10° Festival Internacional de Buenos Aires, el director sudafricano Brett Bailey —fundador de la compañía Third World Bunfight— no toma directamente el drama de William Shakespeare sino la versión operística de Giuseppe Verdi, estrenada en 1847 en Florencia y revisada para París en 1865. Es decir, el director hace una relectura sobre la que ya hizo el propio Verdi con su libretista Francesco Maria Piave en el siglo XIX, con todas las limitaciones derivadas de las formalidades que el género operístico poseía en esa época.

Así, en esta producción original de 2014 —la tercera que Bailey monta sobre Macbeth y que viene precedida con una buena acogida de la crítica—, el director adapta la ópera verdiana junto al compositor y saxofonista belga Fabrizio Cassol —integrante del trío de jazz Aka Moon—, reduciendo tanto su duración como la cantidad de personajes y miembros del ensamble instrumental —un procedimiento no tan lejano, en cierto sentido, al que realizó Cord Garben, junto a Katharina Wagner, para ese engendro que fue el ColonRing sobre El anillo del nibelungo de Wagner—, y paralelamente le impone una lectura particular desde lo argumental y lo escénico —algo similar a lo que los directores mencionados más arriba realizaron—. En esta adaptación son sólo tres los intérpretes principales que personifican a Macbeth, Lady Macbeth y Banquo, más un ensamble vocal de siete voces.

Otto Maidi (Banquo) y Owen Metsileng (Macbeth), junto a las Brujas/Empresarios, 
en una escena de Macbeth, Third World Bunfight

La adaptación musical de Cassol sigue en general los lineamientos de las melodías y acompañamientos del original pero para doce instrumentistas, sin perder la fuerza dramática, aunque en ciertos momentos las “alegres” tonadas de la primera etapa creativa de Verdi en un ritmo más acelerado y con el complemento de congas y bongós le dan un tono bastante zumbón, y que rememora un poco a los arreglos que en la década de 1970 Waldo de los Ríos hacía sobre los clásicos. El coro “Patria oppressa!” [¡Patria oprimida!] del último acto en Verdi se transforma en un estribillo —con toda la carga emocional y significativa que las palabras y la música de por sí poseen— que separa las diferentes escenas del largo acto de una hora cuarenta minutos de duración.

Sobre esa música, en el comienzo se expone la interpretación que adopta Bailey para contar el “drama escocés”: en una pantalla central rectangular se proyecta un texto con la historia de una compañía de ópera itinerante que representó la ópera de Verdi en el Congo en la década de 1930 y a partir del descubrimiento en la época actual de un baúl de esa troupe que contiene partituras y vinilos, el grupo teatral L’enfer c’est les autres, conformado por refugiados, decide interpretar la ópera resignificándola con la realidad política y social de la República Democrática del Congo.

Las brujas —que en esta versión reducida vuelven a ser tres voces, en lugar de un coro en la versión verdiana, aunque son dobladas por actores— se transforman en tres representantes de una corporación minera multinacional que deciden el destino del gobierno congolense, designando a Macbeth como su comandante regente. Así, en ese contexto, la historia de ambición y sed de poder de la pieza shakespereana pasa a un segundo plano, convirtiendo al contexto la verdadera motivación que mueve a la pareja gobernante. Esta mirada de Bailey simplifica demasiado los conflictos dramáticos de la tragedia, tal vez dándole un tono un poco naïve, aunque en ciertos momentos apela a imágenes de la cruenta realidad (cuerpos muertos y niños desnutridos) que, sin lugar a duda, conmueven.

Owen Metsileng (Macbeth), junto a Nobulumko Mngxekeza (Lady Macbeth), en Macbeth, Third World Bunfight

Lo naïve se da en cómo se ilustran visualmente las situaciones que la ópera propone, recurriendo a una estética caricaturesca en ciertas proyecciones, en algunos objetos escénicos y en determinadas soluciones escénicas. Que la corona sea un enorme puño rojo o que Lady Macbeth en la escena del banquete lleve puestos unos guantes del mismo color, por tomar dos de los tantos ejemplos que se podrían citar, dan una pauta de por dónde va su lectura visual. Que el extremado monólogo dramático “La luce langue”, uno de esos momentos donde Verdi pinta psicológicamente a Lady Macbeth —y que se interpreta completo—, sea tomado como si fuera la interpretación de una sencilla canción frente a un micrófono de pie y con la gestualidad propia de un recital, también muestra que Bailey no sabría qué hacer con (o no confía) en el material dramático que seleccionó para su adaptación.

Hay otras soluciones más efectivas, por ejemplo en el concertante del primer acto verdiano, que posee una potencia dramática impresionante por la presencia del coro, solistas y orquesta, Bailey recurre a una grabación procesada con el ruido de vinilo y escénicamente se muestra a la pareja de los Macbeth en el funeral del gobernante asesinado: a los pies del cajón aparece Banquo con un retrato de Mandela. En la escena del banquete —también se interpreta completa— Lady Macbeth canta bailando y ofrece un buen contraste con el remordimiento de su marido al ver el cuerpo de Banquo en el suelo.

Algo que también produce extrañeza es la diferencia entre lo que se escucha cantar y lo que se proyecta en el sobretitulado, omnipresente dentro de la puesta escénica: no sólo está el tradicional cartel central en la boca del escenario, sino dos más a los costados del fondo del escenario. Pareciera que esa omnipresencia tuviese fundamento en la búsqueda de darle un sentido inequívoco de la propuesta del director. Para eso la traducción que se ofrece es una versión muy libre de lo que se dice: toda referencia a los nombres o algunos sustantivos (Duncan, Glamis, Cawdor, rey) desaparecen; algunas frases, por ejemplo, llevan a la risa: “accenti arcani!” [Profecías misteriosas], canta Macbeth después de su encuentro con las brujas, lo traduce como “¡qué boludeces!”; y hay frases enteras que son resignificadas —por ejemplo en la segunda escena de las brujas/empresarios— para explicar la situación detallada del contexto congolense.

Escena de Macbeth, Third World Bunfight

El elenco se entrega plenamente a las ideas del director, tanto en los aspectos escénicos como vocales. La Lady Macbeth de Nobulumko Mngxekeza sobresale, indudablemente, por su presencia escénica, desenvolvimiento dramático y potencia sonora, pero también por las sutilezas que ofrece en la famosa “Escena del sonambulismo”. A su lado, Owen Metsileng va creciendo como Macbeth durante el transcurso de la obra, alcanzando el máximo dramatismo en la escena final, que en esta versión sintetiza el arioso de muerte “Mal per me che m’affidai” que muchas veces se omite. Como Banquo, Otto Maidi también realiza una labor comedida, en tanto que el ensamble vocal suena homogéneo en todas sus intervenciones al igual que el conjunto instrumental de músicos argentinos convocados para estas funciones, bajo la dirección de Premil Petrovic.

En el final, todo el elenco de la compañía Third World Bunfight canta a un lado del escenario “Patria oppressa” completo, ya sin distinción de personajes y sin una traducción de lo que allí se canta, mientras se proyectan dos fotografías en blanco y negro: una de un paisaje desolado congolonse y la cara de un niño con los ojos bien abiertos. Es una manera de combinar los recursos visuales con los musicales que apela al impacto emocional, y que sin dudas estremece. Es sumamente interesante que el 10° Festival Internacional de Buenos Aires, organizado por el Ministerio de Cultura porteño, haya finalizado en el Teatro Colón con esta visión, tal vez unidireccional y simplificadora, de Brett Bailey que denuncia los horrores del capitalismo y el manejo inescrupuloso de las grandes corporaciones empresarias en países marginales: por nuestra historia reciente no nos es tan ajena.

Luciano Marra de la Fuente
editor@tiempodemusca.com.ar
Octubre 2015

Fotografías gentileza Festival Internacional de Buenos Aires / Third World Bunfight
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Publicado el 31/10/2015
     
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